30/01/2015

Yanis Varoufakis
Ministro de Finanzas de Grecia

La cadena pública austriaca ORF habló el pasado fin de semana con Yanis Varoufakis (Atenas, 24 de marzo de 1961), quien el martes fue nombrado ministro de Finanzas de Grecia. La entrevista completa, traducida por Estrella Mínima, puede leerse en SinPermiso.

«Deberíamos dejar de apuntarnos con el dedo mutuamente y dialogar»
Johanna JAUFER (ORF)
P002_f01

Lleva usted tres semanas como político profesional...

Dos semanas.

¿Se lo ha tenido que pensar mucho? En su blog escribió que le daba pánico.

Fue una decisión grave. Por lo pronto, porque yo entraba en política para realizar una tarea que siempre pensé que había que llevar a cabo y se me ofrecía la oportunidad de poner manos a la obra. Tiene que ver con las negociaciones entre Grecia y la UE: se trata de un proyecto y de una perspectiva extremadamente difíciles. Por otra parte, yo soy un académico, soy un ciudadano, un ciudadano activo, de modo que estoy habituado a un tipo de diálogo en el que de lo que se trata es de que yo aprenda realmente de usted y usted de mí: tendremos desacuerdos pero, a través de esos desacuerdos, se enriquecerán nuestros respectivos puntos de vista.

No se trata de que uno se imponga al otro...

Exacto. Pero en la política es todavía peor: cada parte trata de destruir a la otra -ante el público- y eso es algo que me resulta ajeno, a lo que no estoy dispuesto a servir de ninguna forma.

¿Y qué pasa con su trabajo en la universidad? ¿Lo deja en suspenso?

Sí, en efecto. He dejado la Universidad de Texas. Mantengo mi cátedra en la Universidad de Atenas -sin paga- y espero que no pase mucho tiempo antes de regresar.

¿Estaría dispuesto a permanecer en el gobierno más de una legislatura?

No. No deseo hacer carrera política. Idealmente, lo que querría es que lo hiciera otro, y que lo hiciera mejor que yo. (...) No soy un profeta, de manera que no puedo decirle a usted dónde estaré en dos, cinco o diez años. Pero si me lo pregunta ahora, lo óptimo para mí sería que nuestro gobierno tuviera éxito en la renegociación de un acuerdo con Europa que hiciera sostenible a Grecia y que luego vengan otras gentes, ya sabe... El poder debe ser rotativo, nadie debería engolosinarse con él.

Algo de lo que se habla en Alemania y en Austria es del asunto de las reparaciones, porque Alemania se escaqueó de pagar reparaciones propiamente dichas luego de la II Guerra Mundial. En su opinión, ¿por qué pasó eso? ¿Quizá porque alegaron que Alemania se hallaba dividida y esperaban una reunificación? ¿O es más bien que los norteamericanos alegaron que necesitaban una Alemania capaz de albergar sus bases militares, lo que dejaba colgados a los reclamantes? ¿O fue una combinación de ambas cosas?

Fue una combinación. En los 40, los Aliados habían decidido convertir a Alemania en un país campesino. Se propusieron desmantelar 700 plantas industriales. Y fueron los norteamericanos quienes frenaron ese plan. Destruyeron esas plantas, pero luego cambiaron de idea. Cambiaron por razones que tienen que ver con el modo en que los EEUU estaban diseñando el capitalismo global: necesitaban una moneda fuerte en Europa y otra en Asia (que terminaron siendo el marco alemán y el yen japonés), y todo el proyecto de la unidad europea se construyó en torno a ese plan. En Europa, nos gusta pensar que la Unión Europea fue nuestra propia creación. No lo fue. Fue un diseño norteamericano que luego adoptamos y que, por supuesto, era congruente con lo que deseábamos, con nuestras aspiraciones.

Parte de ese diseño entrañaba estimular la economía alemana, sacarla de la depresión, sacarla del pozo en que se encontraba en los 40, y un componente importante de cualquier intento de revitalizar una economía pasa por aliviar su deuda, por una quita importante de deuda, por la condonación. Así, en 1953 se organizó la Conferencia de la Deuda de Londres, de la que resultó una salvaje quita de la deuda alemana en perjuicio de muchas naciones, Grecia entre ellas.

El de Grecia es un caso especial, porque Alemania había contraído con ella una deuda que no tenía con ninguna otra nación: en 1943, la Kommandatur aquí, en Atenas, impuso al Banco de Grecia un acuerdo por el cual este imprimiría un montón de dracmas -dracmas de guerra- y lo suministraría a las autoridades alemanas para que estas pudieran comprar material, financiar sus esfuerzos de guerra y acumular bienes agrícolas para la Wehrmacht, etc. Lo interesante es que las autoridades alemanas firmaron un contrato: dejaron por escrito la suma del dinero que tomaban a préstamo. Prometieron pagar intereses. Fue, pues, un préstamo formal. Los documentos existen todavía y se hallan en poder del Banco (Central) de Grecia. Nada parecido ocurrió con ningún otro país. Así que esto es como una deuda oficial, como un bono, contraída con Grecia en tiempo de guerra por el Estado nazi alemán.

¿Podría poner cifras precisas?

Cifras precisas... Ni qué decir tiene, la dificultad está en traducir esa moneda de guerra, que llegó muy pronto a ser absolutamente inflacionaria a causa de la cantidad de dracmas impresos. Las autoridades alemanas, al aceptar ese préstamo del Banco de Grecia y hacer compras, devaluaron la moneda, lo que tuvo enormes costes sociales secundarios en toda Grecia. Es muy difícil computar exactamente a cuánto se traduce ese préstamo en términos actuales: cómo compones el interés, cómo calculas el coste de la hiperinflación causada...

Mi punto de vista es que somos socios; deberíamos dejar de moralizar, deberíamos dejar de apuntarnos mutuamente con el dedo. La teoría económica bíblica -«ojo por ojo, diente por diente»- deja a todo el mundo ciego y desdentado. Deberíamos, simplemente, sentarnos con el mismo espíritu con el que los EEUU se sentaron en 1953, sin plantear cuestiones como: «¿merecen castigo los alemanes?», «¿es culpa o es pecado?». Ya sé que en alemán los dos conceptos, «culpa» y «deuda», se expresan con la misma palabra (Schuld), que es antónima de crédito (Kredit). Deberíamos limitarnos a plantear esta simple cuestión: ¿cómo podemos volver a hacer sostenible la economía social griega de tal modo que se minimicen los costes de la crisis griega para el alemán medio, para el austriaco medio, para el europeo medio.

¿Por qué mucha gente de la Europa septentrional no se temió que los recortes de derechos laborales de los años 90 podrían ser presagio del mismo tipo de cosas que ahora están ocurriendo en Grecia?

Creo que todo es culpa de Esopo. Suya es la fábula de la hormiga y la cigarra: la hormiga trabaja duro, no disfruta de la vida, guarda dinero (o valor), mientras que la cigarra se limita a holgazanear al sol, a cantar y a no hacer nada, y luego viene el invierno y pone a cada cual en su sitio. Es una buena fábula. Desgraciadamente, en Europa predomina la extrañísima idea de que todas la cigarras viven en el Sur y todas las hormigas, en el Norte. Cuando, en realidad, lo que tienes son hormigas y cigarras por doquier.

Lo que ocurrió antes de la crisis -es mi revisión de la fábula de Esopo- es que las cigarras del Norte y las cigarras del Sur -banqueros del Norte y banqueros del Sur, pongamos por caso- se aliaron para crear una burbuja, una burbuja financiera que los enriqueció enormemente, permitiéndoles cantar y holgazanear al sol, mientras que las hormigas del Norte y del Sur trabajaban en condiciones cada vez más difíciles, incluso en los buenos tiempos: lograr que las cuentas cuadraran en 2003, en 2004, no resultó nada fácil para las hormigas del Norte y del Sur. Y luego, cuando la burbuja que las cigarras del Norte y las cigarras del Sur habían creado estalló, las cigarras del Norte y del Sur se pusieron de acuerdo y decidieron que la culpa la tenían las hormigas del Norte y las hormigas del Sur. La mejor forma de hacer eso era enfrentar a las hormigas del Norte con las hormigas del Sur, contándoles que en el Sur solo vivían cigarras. Así, la Unión Europa comenzó a fragmentarse, y el alemán medio odia al griego medio, el griego medio odia al alemán medio... Y no tardará el alemán medio en odiar al alemán medio, y el griego medio en odiar al griego medio.

Eso ya ha empezado, ¿no?

Sí, ya se ve. Y es exactamente lo que ocurrió en los años 30. Y Karl Marx estaba completamente equivocado cuando dijo que la historia se repite como farsa. Aquí, simplemente, la historia se repite.

En lo tocante a la decisión de Draghi de inundar el mercado con billones de euros, he visto que usted ha dicho que es como servirse de una pistolita de agua en un incendio forestal.

Yo creo que el señor Draghi tiene buenas intenciones. Quiere mantener unida la Eurozona y es muy competente. Hace lo que puede, dadas las restricciones que tiene. No tengo la menor duda -aunque él jamás lo admitirá- de que entiende cabalmente que lo que está haciendo es demasiado poco y demasiado tarde: una pistolita de agua ante un gran incendio forestal. Pero él cree que hasta una pistolita de agua es mejor que nada. Si se ha declarado un incendio, él preferiría servirse de un cañón de agua y habría preferido comenzar a usarlo antes, pero no le estaba permitido porque en Europa tenemos una Carta del BCE que lo ata de pies y manos, y lo echa al cuadrilátero a luchar contra el monstruo de la deflación, lo que es muy injusto para el BCE. Y así será mientras Europa no comprenda lo que resulta imperiosamente necesario desde el punto de vista económico para sostener una unión monetaria, mientras no termine de entender por qué se dan toda esta fragmentación y la creciente renacionalización de todo, incluida ahora la flexibilización cuantitativa del señor Draghi (el 80% de las compras de bonos las realizarán los bancos centrales nacionales, como si éstos existieran separadamente del BCE).

Esa fragmentación y esa renacionalización es exactamente lo opuesto a lo que deberíamos estar haciendo, que es ir de la mano, consolidar. ¿Cómo se formaron los EEUU? Pues porque cada vez que tenían una crisis -la Guerra Civil, la Gran Depresión- avanzaban en su unión. Nosotros decimos que estamos haciendo eso con las «uniones bancarias», con los «Mecanismos Europeos de Estabilización», pero no es verdad. Creamos una unión bancaria que es una desunión bancaria y la llamamos, al modo orwelliano, «unión bancaria». Europa no ha aprendido las lecciones de la Historia y, mientras no cambiemos de rumbo, es harto improbable que consigamos mantener el conjunto de la Unión.

Volviendo a la discusión del Memorando: ¿entre qué factores cree usted que está atrapada la señora Merkel?

Yo creo que Alemania se halla dividida. Los intereses de la banca de Fráncfort no son los mismos que los de la banca mediana, lo mismo que los intereses de la pequeña y mediana empresa en la Alemania central no son los mismos que los de Siemens y Volkswagen. Es muy distinto tener tu capacidad productiva exclusivamente localizada en Alemania, como las empresas pequeñas y medianas, o estar embarcado en la globalización y tener fábricas en China y en México. Y Merkel es una política astuta que se percata, o cree percatarse, de que no hay un consenso entre esos intereses enfrentados respecto de lo que hay que hacer con el euro, con nuestro Banco Central, con la periferia... Merkel, simplemente, no moverá pieza hasta que haya un consenso que le garantice la supervivencia política.

Pero ese consenso no es posible.

Bueno, mire, por ejemplo, lo que pasó en 2012 con el anuncio unilateral por parte de Draghi de las Operaciones Monetarias sobre Títulos (OMT announcement) o ahora mismo con la Flexibilización Cuantitativa. Verá que, cuando empiezan a oírse voces que dicen: «Ojo, muchachos, que la deflación nos está matando, hay que hacer algo», entonces la señora Merkel puede servirse de esas voces para decir: «Apoyaré al señor Draghi, hagáis lo que hagáis». Así pues, no es un «consenso-consenso», pero ella está calibrando las movedizas placas tectónicas bajo sus pies. Y el modo en que lo hace es muy astuto.

Yo le invitaría a pensar en su legado más allá de la mera supervivencia y me gustaría que considerara la posibilidad de que en diez, veinte o cien años, Europa pudiera hablar no solo de un plan Marshall que salvó a Alemania, sino también de un plan Merkel que salvó al euro.

APRENDER. «Estoy habituado a un tipo de diálogo en el que de lo que se trata es de que yo aprenda de usted y usted de mí: tendremos desacuerdos pero se enriquecerán nuestros respectivos puntos de vista»