
La acción clandestina en Corsica, con más de 11.000 atentados en cuatro décadas, y particularmente el FLNC, que fue la fuerza que compaginó la organización de la resistencia política y su funcionamiento como de ejército de liberación, dominaron la política de los nacionalistas corsos hasta 2010.
Durante ese periodo no faltaron expresiones de canibalismo entre diferentes facciones de la clandestinidad; luchas fratricidas y sangrientas que, además de cobrarse un gran número de vidas de activistas, eclipsaron otro tipo de discursos y de propuestas del nacionalismo corso.
En 2014, el FLNC anunció oficialmente que dejaba las armas. El grupo que pretende reconstituirlo se reivindica como su heredero, reivindica las bases fundacionales de 1976 y, «conforme al compromiso histórico del FLNC», adelanta que «nunca atentará contra las personas, solo contra los bienes».
No dudan de la «sinceridad y el compromiso patriótico» de la mayoría nacionalista que gobierna Corsica, pero creen que su política conduce «a la integración definitiva del pueblo corso en la sociedad francesa».
Han apuntado que actuarán en contra de esa «muerte programada de Corsica», que prohibirán a los no corsos «comprar tierras o bienes inmuebles», y en ese sentido, abogan por «reemplazar a los extranjeros por corsos en todos los puestos de trabajo», por «limitar el turismo» y por «hacer obligatoria la enseñanza de la lengua corsa».

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