Aitor Sáez
Cúcuta

«¡Qué milagro que ya pronto abrazaré a mi hijo!»

Familiares de colombianos detenidos en Venezuela están esperanzados por la liberación de numerosos presos políticos, el gesto de reconciliación más importante del nuevo Gobierno. Se rebaja la tensión entre EEUU y Colombia, que anuncia la visita de Delcy Rodríguez.

Una mujer se manifiesta en Cúcuta por la liberación de los colombianos presos en Venezuela mostrando las fotografías de algunos de ellos.
Una mujer se manifiesta en Cúcuta por la liberación de los colombianos presos en Venezuela mostrando las fotografías de algunos de ellos. (AFP)

Brandon Josué está más cerca de regresar a su casa. Su madre no lo ha podido abrazar en seis años y siete meses, cuando lo encerraron en el Rodeo 2, una prisión del estado de Miranda, a las afueras de Caracas. «Ya lo siento entre mis brazos, lo huelo, es un milagro de Dios», dice Sandra Castaño, que ayer lloraba de inquietud y hoy se emociona por la liberación de «un número importante» de presos políticos como «gesto de paz unilateral», según el propio Gobierno venezolano. Aún se desconoce la cifra, pero entre los liberados hay dos vascos y tres españoles. Organizaciones civiles contabilizan más de 800 encarcelados por causas políticas.

«Ahora nos preocupa que solo saquen a los (presos) famosos y se olviden del resto. Por eso le pedimos al Gobierno de [Gustavo] Petro que nos ayude», asegura Castaño. De momento, la mayoría de excarcelaciones se han producido en el Helicoide, el centro penitenciario que recluía a los opositores más reconocidos. Brandon era uno de los muchos mototaxistas que a diario transitan la frontera entre Colombia y Venezuela. En uno de esos cruces para visitar a su abuela, la Guardia Nacional Bolivariana lo detuvo y le imputaron cargos de «terrorismo» y «narcotráfico». Aunque hace siete meses que cumplió su condena, aún no lo sueltan.

Su madre sostiene una pancarta con su fotografía y la de otras decenas de colombianos detenidos en el país vecino. Son varios de sus familiares que, para amplificar la denuncia de su situación, han aprovechado la presencia de numerosos medios internacionales en el puente fronterizo Simón Bolívar, que une Cúcuta con San Antonio del Táchira.

Ahí residió la mitad de su vida Javier Giraldo, detenido con 68 años por «incitación al odio» y «traición a la patria». «Usaban la misma plantilla para todos los presos, los mismos testimonios, cargos», dice su hijo Johan sobre la supuesta arbitrariedad de las causas. Está convencido de que «es cuestión de días» que liberen a todos, «si Delcy Rodríguez quiere pasar a la historia como la liberadora y no terminar en una cárcel de EEUU». La presidenta encargada de Venezuela se ha mostrado dispuesta a cooperar con la administración de Donald Trump, que controlará durante un largo tiempo el país, como dijo en entrevista a “The New York Times”.

El Ejecutivo de Rodríguez ya ha aceptado la entrega de petróleo, la principal demanda del presidente estadounidense. La liberación de presos es el gesto más importante tras la captura de Nicolás Maduro de un chavismo en horas bajas, incapaz de sacar músculo en las calles ni despertar reacciones en el exterior.

El presidente colombiano, Gustavo Petro, movilizó a miles de personas en varias ciudades contra el intervencionismo estadounidense en Latinoamérica. «No estoy de acuerdo con la posición de bully de Trump, se cree que somos su patio trasero, no queremos el colonialismo americano», grita un joven abogado en la marcha de Cúcuta. «Trump ha amenazado a nuestro presidente, elegido libremente. El pueblo colombiano ha estado sometido siempre a los gringos y hoy decimos ‘basta’», exclama una maestra, bandera colombiana en mano. Petro suavizó mucho su discurso en la concentración de Bogotá tras hablar por teléfono durante una hora con Trump y poner fin a la escalada de tensiones entre ambos países por el cruce de belicosas amenazas.

Trump aseguró fue «un gran honor» poder conversar y el exguerrillero le dijo a la multitud que Colombia ya «puede dormir tranquila». Sus equipos ya preparan un encuentro en la Casa Blanca, en paralelo a una visita de Rodríguez a Bogotá, aún sin fecha definida. «Con el fin de contribuir a una salida de la crisis política (...) con el propósito de avanzar en la construcción de la paz y la reconciliación del vecino país», escribió la oficina de Petro.

Colombia toma así un papel destacado en el nuevo orden que quiere imponer Washington en el continente y que involucrará a muchas partes. Solamente la liberación de presos políticos requirió la intermediación de Qatar; del presideente brasileño, Lula Da Silva; y del expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero, a quienes el presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Jorge Rodríguez, agradeció al anunciar la medida. Él y su hermana, la presidenta interina, representan al ala más moderada del Gobierno bolivariano y estaban a cargo de las negociaciones con otros países en materia económica y política. Han sido las caras más visibles tras la captura de Maduro y parece que también estarán a cargo de una transición que ya ha echado a andar.