2015/05/24

Erreportajea
La familia del Athletic
EL ALIRÓN EN LAS VENAS

Desde Venezuela a Bilbo, pasando por Madrid y Cantabria, los hijos, tataranietos o sobrinos de diez emblemáticos jugadores de la historia del Athletic que obtuvieron Copas para el club desgranan para 7k sus recuerdos familiares… y, a la vez, hacen su pronóstico para la próxima final, en la que todos, sin excepción, reconocen que estarán pendientes del equipo bilbaino.

Borja Valle y Amaia Ereñaga
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Jorge Astorquia
Sobrino nieto de Juan y Luis Astorquia, fundadores y jugadores del club
Corría el año 1901 cuando Juan Astorquia, que en aquella época tenía tertulia en el desaparecido Café García y había destacado como uno de los mejores futbolistas de las schools de Manchester, planteó la constitución del Athletic Club. Desde que el 3 de mayo de 1884 se jugase en la campa de Lamiako la primera «partida de foot-ball» de la que se tienen noticias en Bilbo –fue entre los tripulantes de un buque inglés y once chavales bilbainos; ganaron los ingleses por 5 goles, por cierto–, el deporte del balompié había ido ganado adeptos, no en vano la élite estudiaba en colegios británicos y la conexión comercial entre Inglaterra y Bilbo era intensa desde el XVIII. Durante algunos años Juan, su hermano Luis y otros amigos habían disputado partidos bajo la denominación del Bilbao F.C., pero querían crear otro equipo compuesto por «nombres nuestros», ya que el Bilbao F.C. estaba cuajado de apellidos británicos, ingenieros muchos ellos en la entonces potentísima minería vizcaina. El 11 de junio de 1901, por fin, se nombró en asamblea la primera junta directiva del Athletic Club, presidida por Luis Márquez y con Juan Astorquia como primer capitán (fue elegido presidente el año siguiente), y solo un año más tarde los dos equipos bilbainos se fusionaron. Y así el 29 de marzo de 1903 surgió el Athletic Club de Bilbao. Juan murió dos años después, a los 33 años, tras obtener dos Copas para el club y sin imaginar siquiera la dimensión que alcanzaría el club de sus amores.
Jorge Astorquia es sobrino nieto de Juan Astorquia y Luis Astorquia. Residente en Laredo (Cantabria), reconoce que, aunque no es muy aficionado al fúbtol –ha optado siempre por otros deportes–, el Athletic es la excepción a la regla. «No somos muy futboleros en casa, pero mis amigos siempre comentan que, cuando hemos visto algún partido, me transformo, que lo vivo como si estuviera en el campo. Supongo que exageran. Es que el Athletic es muy especial para mi familia. Mi padre nos contaba historias del tío abuelo Luis, que era portero y contaba de una caricatura que le hicieron tapando la portería, que decía algo así como ‘¡Aquí no entra ni una!’. ¿Y cómo no recordar la fundación del club? Para mí es un honor que haya sido mi familia la que ha participado en ello. Nos compramos el libro del centenario del Athletic y es fantástico ver los éxitos de los años en los que mis abuelos jugaban allí». Vivirá la final en casa «rodeado y sitiado» por aficionados del Barça y lanza su pronóstico: «El Barcelona está muy potente, como los últimos años, pero el Athletic puede tirar de garra y sorprender. Si le ponemos buena melena al león, creo que podría ser un 1-0 para el Athletic».

Diego López Mills
Tataranieto de Alfred Mills, el único inglés del Athletic fundacional
En aquel Athletic Club de principios del siglo pasado, creado con el deseo de «contar con nombres nuestros», el único nombre británico era el de Alfred Mills, segundo capitán y defensa derecho. Aquel british ya jugaba al fútbol en Inglaterra, pero al llegar a Bilbo, donde trabajaba para una empresa de telégrafos, le seguía animando el gusanillo. Siguió siendo del Athletic toda la vida y cuentan que solía pedir en taquilla «dos turbinas», en lugar dos tribunas, por aquello de que no terminaba de cogerle el tranquillo al castellano.
También muy aficionado al fútbol –nos manda una foto de cuando militaba en el Elche–, Diego López Mills reside en Madrid, lo que no evita que siga con especial atención al equipo que fundó su tatarabuelo. Otro López Mills, su hermano, probó suerte en el Athletic de Del Horno y Aranzubia, pero al final no pudo ser. ¿De Alfred Mills qué sabe? «Siempre he leído que era un defensa muy férreo y contundente», responde. Su tataranieto considera la filosofía del Athletic  «de admirar, ojalá más equipos la siguieran. Es increíble cómo un club con un mercado de futbolistas tan pequeño y especial puede llegar a conseguir poder competir con todos los equipos de la Liga y de Europa. Y no hay que olvidar que nunca ha descendido». La final la verá con su padre, «que es muy del Barça y yo iré con Athletic, a ver si podemos ganar»; una final que ve difícil «pero hay que confiar en el Athletic. Mi pronóstico: 2-1, con doblete de Aduriz».

Juan Miguel Moreno
Sobrino del mítico Rafael Moreno «Pichichi»
Decir Rafael Moreno Aranzadi, Pichichi, es hablar del primer gran mito del equipo. Fue el autor del primer gol marcado en San Mamés –el 21 de agosto de 1913– y miembro del equipo que consiguió cuatro títulos de Copa –en 1914, 15, 16 y 21–, pero sobre todo fue la primera gran figura con tirón popular. Sobrino del escritor Miguel de Unamuno, su padre, Joaquín Moreno, fue alcalde de Bilbo a principios del siglo XX. Él  debía de ser todo un trasto por lo que cuentan, tanto dentro como fuera del campo. La afición se la inoculó su hermano mayor, estudiante de Ingeniería de Minas en Londres, y Rafael la practicaba cuando hacía novillos de los Escolapios primero y de la Universidad de Deustu después. «Los equipos de amiguetes se lo disputaban y alguien le llamó Pichichi tal vez en derivación de ‘pichón’, ‘pichín’ o ‘pichichi’, terminología dedicada cariñosamente a personas allegadas de corta estatura», cuenta Alberto López Echevarrieta en el libro “Pichichi: Historia y leyenda de un mito”. Pichichi debutó en el Athletic en 1912 y se hizo famoso por su costumbre de jugar con un pañuelo en la cabeza. Hay versiones contradictorias, porque hay quien dice que tenía más de estratega que de buen deportista, mientras que otros dicen que era casi perfecto: no fallaba los tiros de penalty, tenía un excelente dribbling de contrarios, un tremendo disparo y un gran remate de cabeza. Lo que está claro es que no dejaba a nadie indiferente y por ello era tanto ensalzado como pitado en San Mamés por la afición, porque o estaba iluminado o hacía petardazos. Pichichi lo dejó tras conquistar la Copa de 1921, para pasarse al arbitraje… ¡y debutó en el propio San Mamés! Murió a los 30 años, de tifus según unos, de una indigestión de ostras según otros, dejando mujer e hija. Su entierro fue a lo grande, con misa en la catedral incluida, no en vano ya era toda una leyenda.
Su sobrino carnal, Juan Miguel Moreno Lombardero, se reconoce seguidor «de lejos» del Athletic. Cuando se le pregunta cómo se vivían en casa los partidos o las finales, responde con un escueto «con cierto interés», aunque se anima al ser interpelado sobre la filosofía del club: «Ha descendido mucho. Como es bastante generalizado, ha sido sustituido el sentido de la representatividad de Bilbao, del pueblo bilbaino, por el del interés económico», responde. Juan Miguel Moreno verá la final en televisión en su casa bilbaina, aunque no es nada optimista respecto al resultado, que vaticina contrario al Athletic, con un 1-2.

Joseba Iraragorri
Hijo de José Iraragorri, uno de los los grandes goleadores del club
A Josetxu Iraragorri le llamaban “El chato de Galdácano”. Era un gran goleador con un potente disparo y extraordinaria puntería que, desde fuera del área, fusilaba al portero. En suma, uno de esos jugadores que marcan época. Siendo un chaval, con solo 17 años, formó parte de la célebre primera delantera histórica de Mr. Pentland con Lafuente, Bata, Txirri II y Gorostiza, con la que el Athletic, en la temporada 1929-30, quedó campeón de Liga sin perder un solo partido. Durante la Guerra Civil, Josetxu fue titular de la selección de Euskadi en su gira mundial, fue también el primer goleador de la selección española –en el Mundial del 34–, hasta que en el 37 emigró a Argentina, donde militó dos años en el Club Atlético San Lorenzo de Almagro, y luego otros siete en el Real Club España, un equipo mexicano en el que jugaban muchos exiliados. Cuando volvió a Euskal Herria en los años 40 retomó su carrera con su equipo junto a Iriondo, Zarra, Panizo y Gainza. Una vez finalizada su vida como jugador, inició una larga carrera de entrenador que le llevó a entrenar al propio Athletic desde 1949 a 1952, pasando luego a equipos como el Real Valladolid y el Celta de Vigo.
«¿El mayor recuerdo que tengo de mi padre?… los nueve títulos (cuatro Ligas y cuatro Copas como jugador, así como una Copa como entrenador ) que ganó vistiendo la camiseta del Athletic, de lo cual me siento muy orgulloso», afirma su hijo Joseba, quien destaca de su progenitor, a su vez, «la lealtad, el amor a un escudo y a unos colores y su compromiso con el club, valores que por desgracia hoy escasean en el mundo del futbol y que para él eran lo más importante. Aita, después  de recorrer muchísimos campos con el Athletic, la selección española y la selección de Euskadi, comentaba que ninguna afición del mundo era comparable a la nuestra».
Joseba, que sigue viviendo en Galdakao, ha salido con el mismo amor a los colores que su padre. Responde con un «socio y seguidor… faltaría más» cuando se le pregunta su «filiación». Ha estado en el campo las tres últimas finales, en Valencia, Bucarest y Madrid,  y en esta ocasión, ¿cómo podía faltar? Aquí su pronóstico: «¡Ganar! con un 1-0, gol de Aduriz».

Borja Robles Felipés
Nieto de Demetrio Felipés, jugador de la época de Mr. Pentland
Hijo de una familia trabajadora de Portugalete, Demetrio Felipés nació en 1908 y sus primeros contactos con el mundo del fútbol profesional los tuvo defendiendo la camiseta del Barakaldo. Con 22 debutó en el Athletic, para pasar luego al Arenas de Getxo y nuevamente, en el 34, volvió al equipo de Ibaigane como centrocampista. La suya fue una carrera en la que el Athletic obtuvo un título de Campeón de Liga y dos Copas. Su carrera se truncó con la Guerra Civil, cuando fue detenido junto a varios de sus hermanos acusado de formar parte de organizaciones republicanas. Fue confinado en el campo de concentración de Miranda de Ebro, donde estuvo recluido varios años, un lugar en el que también estuvieron retenidos otros prisioneros ilustres como Urbano, también del Athletic, o Arana, jugador de la Real Sociedad, como relata Iñaki Egaña en “Los crímenes de Franco en Euskal Herria, 1936-1940” (Txalaparta).
Demetrio Felipés era el abuelo por parte materna de Borja Robles Felipés, un barakaldés en cuya casa todos son del Athletic, incluso sus sobrinos asturianos –«viven en Oviedo y su equipo es el Athletic y luego el Sporting», pontifica–. Del abuelo recuerda «sus historias, sus anécdotas en su primer partido europeo en París. Entrar en San Mamés con él era un orgullo. Un momento muy importante para la familia fue cuando se elaboró la equipación con los nombres de todos los jugadores y el poder encontrar el de nuestro aitite en el corazón de la camiseta». Borja reconoce que los partidos siempre han sido muy especiales en su casa, a los que asiste pertrechado con sus amuletos: un mini león del Athletic y un San Pancracio. Borja sigue también al Bilbao Athletic y al equipo femenino, convencido de que al filosofía del club «es el valor que nos diferencia de cualquier equipo del mundo». El nieto de Felipés verá la final en cuadrilla, «preparados para salir luego a celebrarlo». Su pronóstico: «final a 2-2 y ganamos en los penaltis 4-3».

Jaime Oceja Barrenetxea
Hijo de Isaac Oceja Oceja, capitán durante la década de los cuarenta
Isaac Oceja Oceja fue un jugador de primera línea que debutó antes de la guerra con el Athletic y fue capitán del equipo los primeros años de la década de los cuarenta. Nacido en Cantabria, se desempeñaba en posición de defensa y comenzó su carrera en El Dragón, el equipo del barrio durangués donde su madre trabajaba de cocinera, pasó luego a la Cultural de Durango y terminó fichando por el Athletic en 1933 con 18 años. Campeón de Copa con el Athletic en 1943 y 1944, este excelente jugador fue cuatro veces internacional con la selección española, y fue también entrenador-jugador del Real Zaragoza en la temporada 1949-50.
Su hijo Jaime es socio y seguidor del Athletic «de toda la vida». «Conservamos todos sus hijos el orgullo de un hombre honrado entregado a su equipo, pero no correspondido por sus directivos. Un jugador duro y disciplinado, que no se arrugaba ante ningún contrario, siempre cubriendo bien su puesto y dirigiendo a sus compañeros». ¿Y cómo se vivían en casa los partidos del Athletic? «Con esperanza –responde este durangués–, ya que sus resultados dependíamos toda la familia y no había más ingresos que lo que ganaba él. Como entonces no había radio, íbamos a la Central Telefónica, en la esquina de Goienkale con Santa María, a preguntar los resultados. Recuerdo también cómo, cuando jugaba fuera, iba con una maleta enorme con una muda de ropa interior y el pijama. Cuando volvía, siempre la traía llena de comida, comprada con la prima que les pagaban, porque entonces les pagaban las primas por resultados y ganaban más partidos que los de ahora. Y lo digo sin ningún menosprecio hacia los jugadores actuales. Era un dicho muy corriente que si a los actuales jugadores de fútbol les pusieran las botas con las que ellos jugaban no sabrían ni andar». Pese a que sí ha vivido más de una final de la Copa –se acuerda perfectamente de los resultados: «en el Calderón, la del Betis (empate y perder en los penaltis) y en el Bernabeu, ganar al Barcelona por 1-0»–), Jaime no estará en Camp Nou, aunque sí uno de sus hijos. Lo verá por la televisión y, más que un pronóstico, formula un deseo: «Desearía que ganara el Athletic 1-0»

Alesander de Izaguirre
Hijo del jugador Pedro Izaguirre y sobrino del mítico Lafuente
Alesander de Izaguirre vive en Caracas y se reconoce «100%» seguidor del Athletic. No es de extrañar, a la vista de su «curriculum» familiar. Alesander es hijo de Pedro Izaguirre, quien jugó en el Athletic la temporada 1938-39, cuando contaba con solamente 16 años –de hecho, es el jugador más joven que haya jugado con el Athletic–, y también sobrino de Ramón de la Fuente Leal, más conocido como Lafuente, quien fue capitán del mítico Athletic de mister Pentland en los años 30. Lafuente fue una de las leyendas del equipo de Ibaigane: conseguía un gol cada tres partidos aproximadamente y ponía el balón siempre en la cabeza del compañero. Aunque desarrolló casi toda su carrera en las filas del Athletic –con el equipo ganó tres Ligas y cuatro Copas–, Lafuente terminó su carrera como delantero en el Atlético de Madrid, pero, a causa de una lesión, tuvo que dejar el fútbol a los 28 años y continuó trabajando como entrenador.
Alesander recuerda con cariño cómo «aita nos contaba anécdotas de la guerra y de cómo era el fútbol de aquellos días». Por eso se entiende que en su familia estén pegados a la televisión cuando televisan los partidos de su equipo… y así seguirán desde Venezuela la próxima final, aunque Alesander no se atreva a pronosticar un resultado. Y cuando se le pregunta sobre su opinión sobre la filosofía del equipo, opina que «deberían poder optar a ser fichas del equipo los de Bizkaia o hijos de vascos de Bizkaia residenciados en otros países». Ahí queda su propuesta.

Eduardo Panizo Martínez
Hijo del gran Panizo, ganador de la Liga y cuatro Copas
El portugalujo Eduardo Panizo Martínez es uno de los hijos del mítico José Luis Panizo. El jugador sestaotarra fue uno de los referentes del Athletic, con el que ganó la Liga y la Copa en la temporada 42-43, y la Copa tres años consecutivos entre el 43 y el 45. Tenía un estilo elegante que le supuso que le llamaran el «interior de seda» y se dice de él que fue un aventajado del fútbol. De hecho, cuentan que cuando el San Lorenzo argentino jugó en San Mamés, la grada comentaba: «¡anda, si juega como Panizo!». La cosa llegó a tanto que se decía de él: «Muerto Manolete y retirado Panizo… se acabaron toros y fútbol».
Los Panizo también sienten muy viva la pasión por sus colores… aunque Eduardo reconoce que sus recuerdos «son posteriores a su actividad futbolística y muy buenos». ¿Alguno en especial? «Mi padre asistía a San Mamés regularmente y lo hemos seguido haciendo los hijos. Cuando era un crío me llevó a Madrid con motivo de la final de Copa del 77 contra el Betis y estuvimos en la comida previa que celebró Currito en la Casa de Campo y vivimos el ambientazo. Todos dábamos por ganado el título. Después, él se fue al campo y a mí me dejó con mi madre viéndolo en el hotel; la pena fue la decepción de perder la Copa». Defensor, junto con su familia, de su equipo hasta la médula –«estamos totalmente de acuerdo con la filosofía del equipo y la explicamos y defendemos cuando la ocasión lo requiere», afirma–, espera poder presenciar en el campo la próxima final como ha hecho en anteriores ocasiones. «Tenemos todo en contra, la lógica apunta en una sola dirección, pero espero que la ganemos», pronostica… y se despide con un «¡aupa Athletic!».

Javier Martínez
Hijo de Manolín Martínez Canales, quien jugó con Zarra y Panizo y también en la época dorada del Real Madrid
Hace solo un año del fallecimiento de Manuel, Manolín, Martínez Canales, un jugador de los tiempos gloriosos de Zarra y Panizo, así como en aquel Real Madrid liderado por Di Stéfano. En una posguerra dura –su padre encarcelado, ocho muertos en la familia–, para este chaval de Algorta la única diversión que quedaba era jugar al fútbol en la playa y el puerto. El Athletic lo reclamó, y pasó la mili haciendo guardias en el faro de Algorta. Jugó dos finales y ganó una con el Athletic, pero tuvo que marcharse al Real Madrid cuando se encaró con el técnico Daucik –con el resultado de “a la calle”–, pero allí tampoco le gustaba la «camarilla de Di Stéfano» y se fue el Zaragoza hasta que se lesionó. Terminó su carrera deportiva como entrenador del Getxo.
Su hijo Javier recuerda la época de su padre en el Athletic «como algo muy bonito, que siempre nos ha hecho mucho ilusión a todos en casa». Aunque viven en Zarautz, Javier y la viuda de Manolín no solo son seguidores, sino también socios del Athletic. Fueron en familia a ver la final contra el Betis en Madrid y Javier viajará a Barcelona con su cuadrilla, aunque no tengan entradas para el estadio. «Intentaremos conseguirlas y, si no, por allí lo veremos. ¿Un pronóstico? 1-0 a nuestro favor; esta vez nos toca».

Aitziber Biritxinaga
Nieta e hija de los masajistas Perico y Natxo Biritxinaga
Aitziber Biritxinaga vive en Lezama, «siempre cerca de donde reside el corazón rojiblanco del Athletic». Y no lo dice porque sí, sino porque está ligada al club desde su nacimiento, no en vano su madre se puso de parto en el antiguo estadio de San Mamés, donde vivía su familia hasta la remodelación de 1984. Es nieta de Perico e hija de Natxo Biritxinaga; el primero, utillero, masajista e incluso entrenador ocasional en el 38, en plena Guerra Civil. El segundo, masajista del Athletic durante 42 temporadas. Biritxi convivió con 24 entrenadores distintos hasta que abandonó el club, en 1998, con tres Ligas y cinco Copas en su haber.
«Los días de fútbol en San Mamés, mi padre entraba el primero y salía el último. Siempre había alguien anónimo a la entrada, por donde entraba el equipo, en la calle de la Feria de Muestras antigua, que le jaleaba con ‘¿Biritxi tienes alguna entrada?’ y él siempre se procuraba con anterioridad alguna que otra, a sabiendas de que algún chaval quería entrar y la paga no llegaba para todo. Recuerdo las risas que hacíamos cuando contaba que había ‘sisado’ alguna insignia y banderines al club para darlos a la salida del partido a los chavalillos». Biritxi era todo un personaje, una figura en el equipo y un animador incesante. Todos recuerdan cómo, en la final de 1984, frente al Barcelona de Maradona que el Athletic consiguió ganar con muchos sudores e incluso algún golpe, Biritxi relajó el ambiente disfrazándose en los vestuarios de Eva Nasarre, la entonces reina del aerobic televisivo. «Mi madre se acuerda de cuando mi padre apilaba unas cuantas cajas de Mondariz, de esas que había en el vestuario, antes de salir al césped. Se subía encima de ellas, y sin previo aviso, cantaba la canción de 'Adelante campeones, el equipo  va a ganar, nadie podrá parar nuestro avance arrollador'…». Biritxi cerraba la canción con una carcajada general que ayudaba a los jugadores a relajarse.
Ella, cómo no, viajará a Barcelona, aunque su madre verá el partido en casa con el resto de la familia –tiene algún «mal pensamiento» hacia Messi– y, cuando se les pregunta un pronóstico, reconoce que «lo tenemos difícil, pero vamos a darle un 1-0 o un 2-1. ¡Mientras sea uno más que el contrario!».