La campaña «Je suis Charlie» provoca desmarques y contradicciones
La campaña «Je suis Charlie» (Yo soy Charlie) en solidaridad con la revista satírica objeto del atentado yihadista del pasado miércoles ha provocado -más allá de la defensa de la libertad de expresión- desmarques y contradicciones en torno a la adhesión absoluta a la línea de la publicación y los límites de la sátira. Desde otros enfoques, la ultraderecha europea lo aprovecha para acentuar mensajes islamófobos.

Los tribunales franceses abrieron ayer un proceso por «apología del terrorismo» contra el polémico humorista Dieudonné, condenado varias veces por antisemitismo, que había escrito en su página de Facebook: «En lo que a mí respecta, me siento Charlie Coulibaly», ,modificando el lema «Je suis Charlie», de apoyo al semanario satírico francés «Charlie Hebdo», víctima del ataque yihadista de la semana pasada, para asociarlo al nombre de Amédy Coulibaly, yihadista que mató a una policía y asaltó un supermercado en un ataque en el que murieron cuatro personas.
En el texto, que fue suprimido rápidamente, Dieudonné ironizó calificando la manifestación de París del domingo de «instante mágico comparable al big-bang».
La Fiscalía ya abrió otro caso por «apología del terrorismo» contra Dieudonné por un vídeo en el que ironizaba sobre la decapitación del periodista James Foley por el Estado Islámico.
El de Dieudonné es solo uno de los ejemplos de las contradicciones de la campaña por la libertad de expresión, más allá de la condena de los atentados.
Millones de internautas expresaron su solidaridad con las víctimas en las redes sociales con el hashtag #JeSuisCharlie. Pero voces discordantes cuestionan el respaldo absoluto a la revista con la etiqueta #JeNeSuisPasCharlie: «Curiosamente, cuando digo #JeNeSuisPasCharlie se me insulta, pero cuando Charlie insulta a nuestro profeta se convierte en libertad de expresión», escribió @SinanLeTurc. Igualmente @S_Adnani señalaba que «cuando toca a los judíos es antisemitismo, pero cuando toca al islam, es libertad de expresión #hypocrites».
«No soy Charlie. Soy Ahmed, el policía muerto. Charlie ridiculizaba mi fe y mi cultura y yo morí por defender ese derecho a hacerlo», expresaba @Aboujahjah con la etiqueta #JesuisAhmed.
Editorialistas y líderes de opinión expresaban su malestar en países de población mayoritariamente musulmana, pero también en EEUU y Gran Bretaña. En las columnas del «New Yorker» el escritor Teju Cole afirmaba: «Lo que está en cuestión no es tanto el derecho a dibujar lo que se quiera como el hecho de que, a causa de los asesinatos, los dibujos deban ser celebrados y reproducidos. Por condenar su odioso asesinato no debemos abrazar su ideología». En Londres «The Guardian» defendía más o menos el mismo punto de vista. «El apoyo al derecho inalienable de una publicación a seguir sus propias opiniones editoriales no obliga a hacerse eco de esas opiniones», señalaba el diario.
En el mismo diario, el dibujante Joe Sacco traza «los límites de la sátira» a través de algunas viñetas de «un hombre negro que cae de un árbol con un plátano en la mano» o «un judío que cuenta su dinero», comprándolas a las caricaturas de «Charlie Hebdo». «Estoy autorizado a ofender, ¿no?», se pregunta.
Mahoma irá en portada
En sentido contrario, el dibujante Art Spiegelman denunció el domingo la «hipocresía» de la gran mayoría de la prensa estadounidense que se negó a publicar las caricaturas de «Charlie Hebdo».
El próximo número de la revista, que, ante la avalancha de peticiones, saldrá a la calle mañana con una tirada de 3 millones de ejemplares, incluirá caricaturas de Mahoma. En su primera página, el profeta sostiene el cartel con el lema «Je Suis Charlie».
Un desmarque en otra dirección se produjo en el Parlamento Europeo. «Llevamos 30 años de laxismo y concesiones a los islamistas bajo el pretexto del respeto a la diversidad, pero hay que hacer autocrítica», declaró Marine Le Pen, en nombre de los No Inscritos. «Quien mató (a las víctimas de París) no fueron terroristas, fueron islamistas», insistió la líder del Front National. En la misma línea el líder del británico UKIP, Nigel Farage, señaló que «muchas políticas de la UE nos han llevado hasta aquí, políticas exteriores y de inmigración masiva». Para Farage, tenemos una `quinta columna' que vive en nuestros países y se opone a nuestros valores» y apeló a «defender nuestra cultura cristiana».
Otro que aprovechó la marea de solidaridad con «Charlie Hebdo» fue el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, que ni siquiera había sido invitado a la manifestación. De hecho, el presidente francés, François Hollande, le indicó que prefería que no acudiera. Pero Netanyahu, en plena campaña electoral, se autoinvitó y aprovechó para darse un baño de masas, definir los ataques como un acto antisemita, y lanzar mensajes sionistas pidiendo a los judíos franceses que vayan a Israel. Irritado, Hollande invitó al presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas.
Los datos personales de víctimas y victimarios colocan en primer plano el contexto interno
Los atentados de París pueden ser analizados en distintos contextos y, paradójicamente, el interno, el contexto francés, no es el que está primando en los análisis, inclinados muchos hacia el «mundo islámico» al utilizar una perspectiva «global».
Por eso, no está de más recalcar que tanto los autores de los atentados como prácticamente todas las víctimas tenían nacionalidad francesa; que la mayoría de ellos vivían en zonas de la región parisina en las que el 50% de los jóvenes se encuentran en paro; que unos y otros eran vecinos; que incluso compartían orientación religiosa y orígenes étnicos o geográficos...
Ello no supone identificar las convicciones personales o ideológicas de las víctimas con las de los victimarios, ni viceversa, sino trasladar datos veraces para que la opinión pública amplíe el contexto en el que han sucedido los hechos.
«Ahmed, francés, de origen argelino y de confesión musulmana, estaba muy orgulloso de representar a la Policía francesa y los valores de la República francesa». Así definió su hermano Malek a Ahmed Merabet, el policía de 42 años ejecutado, tras la masacre en la redacción de «Charlie Hebdo», por los hermanos Said y Cherif Kouachi, nacidos en París en 1980 y 1982 en una familia de origen argelino.
También eran de origen magrebí tres de las cuatro víctimas mortales de confesión judía registradas en el asalto al Hyper Cacher. Los dos jóvenes, menores de 25 años, eran Yoav Hattab, de nacionalidad tunecina y que había llegado a París para proseguir sus estudios, y Yohan Cohen, francés, trabajador del establecimiento, de madre tunecina y padre argelino. Los dos padres de familia eran Philippe Braham, que vivía en L'Haÿ-les-Roses, al sur de París; y François-Michel Saada, que nació en Túnez en 1951 y cuyos dos hijos viven en Israel.
El autor de este atentado fue Amedy Coulibaly, nacido en 1982 en Juvisy-sur-Orge -localidad separada de L'Haÿ por el aeropuerto de Orly-; su familia es originaria de Malí y él se convirtió al islam en la cárcel.
Y un maliense musulmán, de 24 años, Lassana Bathily, que llegó al Estado francés en 2006 y trabaja desde hace cuatro años en el Hyper Casher, logró esconder a seis clientes en una cámara frigorífica, evitando que Coulibaly los hallara. Txisko FERNÁNDEZ
Turquía confirmó que Hayat Boumeddiene, compañera de uno de los yihadistas responsables de los atentados, huyó a Siria desde territorio turco el 8 de enero, pero rechazó haber cometido errores.
Más de 50 actos antimusulmanes -de insultos a explosiones- se han registrado en el Estado francés desde el miércoles, según el Observatorio contra la Islamofobia del Consejo Culto Musulmán.
Despliegue sin precedentes de 10.000 militares
París anunció ayer el despliegue de 10.000 militares para proteger sus «lugares sensibles». El ministro de Defensa, Jean-Yves Le Drian, anunció las medidas tras una reunión de crisis con el presidente, François Hollande. «Hay 1.400 individuos concernidos por las partidas al yihad para el terrorismo, en Siria y en Irak», dijo el primer ministro, Manuel Valls, al canal BFMTV. «Y eso representa un gran aumento: había una treintena cuando me nombraron ministro del Interior (a mediados de 2012), y 1.400 actualmente», insistió. Esgrimiendo estos datos, el ministro de Defensa anunció una «verdadera operación interior» con militares y destacó que «es la primera vez que hay una movilización de tal amplitud en nuestro territorio». Cerca de 5.000 policías y gendarmes ya fueron movilizados ayer para proteger las 717 escuelas y los lugares de culto judíos
A la vez, comenzaron a elevarse voces sobre los riesgos de que el shock por los atentados y la unanimidad de la repulsa conduzca a restricciones de las libertades individuales, como sucedió en Estados Unidos tras los atentados de 2001. «La tentación de un Patriot Act a la francesa» titulaba ayer en un artículo de primera plana el diario «Le Monde»,
En Estados Unidos, esa ley consagró el concepto de «enemigos combatientes ilegales» -que no se benefician ni con las garantías del derecho penal ni con con las de los prisioneros de guerra- y que condujeron a la cárcel de Guantánamo. «No hay nada peor para el derecho que estos momentos de intensa unanimidad, que esta ola de emoción que sumerge la razón», advirtió el vespertino francés, que días atrás había calificado en su portada el ataque contra el semanario Charlie Hebdo como «El 11 de septiembre francés». GARA

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