2016/03/28

Davide di Paola
En representación de los Concejos afectados por las inundaciones
¿Ura da gu gara?

Rechazamos que se considere como algo «natural» el hecho que un ría como el Zadorra, en poco más de cincuenta años, haya visto sus cauces reducidos a menos de la mitad en muchos de sus tramos y que las avenidas se hayan convertido en algo habitual

Por medio de su última campaña de sensibilización, “Ura da, gu gara”, la Agencia Vasca del Agua (URA) propone un enfoque para la gestión de los ríos, sosteniendo que hay que dejar que los cursos de agua sean libres de modificar su tamaño y tomar sus propias decisiones…«si dragamos, ensanchamos o ahondamos su profundidad habremos tirado tiempo y dinero». Desde los Concejos Alaveses, afectados por las repetidas riadas, nos atrevemos a discrepar con algunas de estas afirmaciones, y permítanos hacerlo, desde el criterio de quienes pueden considerarse como herederos de generaciones de «aldeanos» que durante siglos han gestionado y mantenido de forma sostenible y ecológica sus montes, sus caminos y sus ríos.

Ríos que, gracias a este mantenimiento cuidadoso y constante, discurrían limpios, llenos de vida: anguilas, barbos, loinas, cangrejos, etc. Ríos cuyos puentes tenían todos sus ojos limpios, y si algún tronco se cruzaba o entorpecía, las veredas lo solucionaban rápidamente.

Hemos estudiado muchos documentos en nuestros archivos, leído libros de actas de muchas décadas atrás, visionado fotos antiguas y hablado con muchos de nuestros mayores y hemos llegado al convencimiento de que los ríos, así como ocurre con los montes públicos, ¡deben mantenerse limpios! Somos conscientes que estas operaciones deben hacerse con respeto y cuidado, año tras año, pero tenemos la certeza de que es necesario hacerlo, si se quieren evitar incendios en los montes e inundaciones en los ríos.

Rechazamos que se considere como algo «natural» el hecho que un río como el Zadorra, en poco más de cincuenta años, haya visto sus cauces reducidos a menos de la mitad en muchos de sus tramos y que las avenidas se hayan convertido en algo habitual, cuando antaño eran más bien extraordinarias.

Rechazamos el distinto rasero que a veces se aplica entre los diversos territorios y entre zonas urbanas y rurales, las líneas de inundabilidad sujetas a políticas urbanísticas, las intervenciones selectivas que «no siempre» defienden criterios ambientales sino economicistas. Criticamos también cierta altivez, por parte de los cargos de Ura, que desatienden –y en cierta medida menosprecian– a los representantes de los concejos alaveses afectados, como si incomodara la opinión campechana y crítica que manifiestan.

Sin embargo, queremos asegurarles que a pesar de nuestras limitaciones y proceder tosco, hemos estudiado con atención el problema, e incluso hemos debatido sobre las intervenciones de académicos como Alfredo Ollero Ojeda, vocal del Centro ibérico de Restauración Fluvial y catedrático de la Universidad de Zaragoza, que quizás puede considerarse como el mayor defensor de la “No actuación” en los ríos, y aun compartiendo en parte sus opiniones, consideramos que algunas de sus posturas son un tanto rígidas, y hasta radicales cuando define inútiles y «actuaciones placebo» las acciones de mantenimiento en las riberas de los ríos. El Profesor Ollero, en sus conclusiones afirma tajante: «La ‘limpieza’ es una actuación destructiva del cauce que no sirve para reducir los riesgos de inundación y que puede originar graves consecuencias tanto en el medio natural como en los usos humanos del espacio fluvial».

Declaraciones de esta índole no parecen tener en cuenta otros importantes aspectos, como los graves daños patrimoniales y humanos que causan las inundaciones o incluso los daños medioambientales que estas producen, como por ejemplo el arrastre de litros de glifosatos u otros plaguicidas al río, o la acumulación de metales pesados presentes en los sedimentos que impiden la existencia de vida en nuestros ríos.

Quede claro que desde los Concejos Alaveses afectados, no exigimos intervenciones agresivas hacia el medio fluvial, somos los más interesados en su recuperación, lo que pedimos es un programa de mantenimiento y conservación de los cauces que resulte selectivo y respetuoso.

A tal fin, compartimos, el punto de vista de otro experto en este campo, el Sr. Lorenzo Correa, que contradiciendo al profesor Ollero afirmó: «La NO limpieza del cauce es una actuación destructiva de las instalaciones básicas de abastecimiento, saneamiento, drenaje y comunicación cercanas al cauce, que puede originar graves consecuencias en ellas, en las personas que de ellas se sirven y en la sociedad en su conjunto. Es necesario flexibilizar las posturas, aportando soluciones que tiendan a la adaptación a la situación existente y respeten la coexistencia de la urbanización y el espacio fluvial, tanto donde se solapan ya de forma irreversible, como donde aún no se han solapado. Desde la flexibilidad, todo es posible, con la rigidez es muy difícil avanzar hacia el consenso».

Y rígida nos parece la postura que está manteniendo la Agencia del Agua Vasca, que en los últimos años actúa como un elefante en una cacharrería, imponiendo sanciones y cánones e impidiendo cualquier clase de intervención, actuando siempre de forma estrictamente unilateral. Consideramos necesario que «todas» las partes involucradas, administraciones, asociaciones medioambientales, agricultores, puedan negociar un posible programa de mantenimiento que sin lugar a dudas nos beneficiaría a todos, pero especialmente a nuestros ríos.