Periodista / Kazetaria
Interview
Júlia Nueno
Miembro de Forensic Architecture y editora del libro colectivo «Genocidios»

«El algoritmo se ha erigido en un arma de guerra»

Investigadora e ingeniera, Júlia Nueno forma parte del equipo de Forensic Architecture y realiza su doctorado en el Centre for Research Architecture de Goldsmiths, donde también imparte clases en el máster de la misma disciplina. Ha prologado y editado el libro “Genocidios. Una lectura forense”.

La investigadora e ingeniera Júlia Nueno ha prologado y editado el libro “Genocidios. Una lectura forense”.
La investigadora e ingeniera Júlia Nueno ha prologado y editado el libro “Genocidios. Una lectura forense”. (GALAXIA GUTEMBERG)

Las nuevas herramientas digitales son como un martillo. «Depende de como lo utilices, pueden tener una función negativa o ayudarnos a emanciparnos y a construir una sociedad más justa», indica Júlia Nueno.

Desde el Forensic Architecture, la académica catalana y su equipo han trabajado con estas tecnologías para demostrar cómo Israel ha perpetrado el genocidio en Palestina empleando la Inteligencia Artificial y otros sistemas similares.

Parte de la labor realizada en dicho centro, ubicado en la Universidad londinense de Goldsmiths, Nueno la ha recopilado en ‘Genocidios’ (Galaxia Gutenberg), un libro dónde varios expertos redefinen el concepto de genocidio a la luz de los procesos coloniales y el caso de Gaza.

En la cuestión palestina, donde hay una lucha por el relato, ¿por qué se ha tardado tanto en asumir que se trata de un genocidio?

Ha costado porque en el actual contexto de la posverdad, hay imágenes que no sabemos si son reales o falsas. De ahí que en esta tarea han tenido que concurrir expertos y el empuje de la movilización ciudadana.

Afirma que el genocidio de Palestina se remonta a la Nakba, el éxodo que tuvo lugar entre 1946 y 1948. ¿Es importante reseñarlo?

Sin duda, ya que supone el desplazamiento de 750.000 personas y la destrucción de 500 municipios, lo que fragmentó al pueblo palestino en varios estatus legales y territoriales: no es lo mismo ser palestino dentro de Israel (la Palestina de 1948) que serlo en Gaza, Cisjordania, Jerusalén Este o en la diáspora.

Lo que observamos es que dicho proceso de fragmentación se acelera el 7 de octubre de 2023, momento en que el Ejército de Israel inicia un plan destinado a destruir las infraestructuras que sostenían la población y su soberanía.

¿Qué secuencia ha tenido esta destrucción?

Si nos referimos a los hospitales, Israel ataca primero las inmediaciones y, mientras los bombardeaba, avanza por tierra. Siempre lo justifica diciendo que en esos equipamientos hay escondidos activistas de Hamas, pero con nuestros análisis, observamos que actúa siguiendo un mismo patrón: en las incursiones de octubre y diciembre de 2023, desmantela los hospitales del norte de Gaza; en marzo de 2024 destruye el de Khan Younis, situado en el centro de la ciudad, y dos meses más tarde, en su avance por Rafah, asedia el hospital de esta localidad.

¿Esta pauta se ha repetido en otras actuaciones?

También ha operado en la destrucción de las tierras agrícolas y en los ataques a la ayuda humanitaria, ya sea a los almacenes que albergan material, los convoyes que lo reparten o las panaderías donde se elabora pan.

Solo entre octubre y noviembre de 2023, Israel bombardeó 17 panaderías, casi todas en el norte y el centro de Gaza, lo que rebela la voluntad de dificultar que el pueblo palestino sea autosuficiente en la producción alimentaria.

Todo ello lo han acreditado a partir de una metodología que denominan «arquitectura forense». ¿En qué consiste?

Se trata de reconstruir la violencia perpetrada por estados, corporaciones o fuerzas reaccionarias utilizando métodos de análisis espacial. Combinamos herramientas del diseño arquitectónico, del desarrollo de software, así como recopilación de datos provenientes de satélites y otras fuentes que nos permiten documentar lo ocurrido y producir evidencia.

 

«En los tres casos –Namibia, el Holocausto y Gaza– aparece un grupo cuya finalidad es destruir nacionalmente o religiosamente a otro grupo, ya sea eliminando a sus miembros o evitando las condiciones para que vivan y se reproduzcan» 

 

En el caso de los hospitales, por ejemplo, hicimos una herramienta de scraping, que extrae datos de redes sociales, usamos canales de Telegram que reportaban informaciones desde Gaza y recopilamos más de 8.000 noticias, imágenes y vídeos.

Con ello, hemos cuestionado cómo se produce la verdad, pues en este escenario de posverdad, ya no se confía en las instituciones que antes narraban los hechos a través de los medios de comunicación, los tribunales e incluso de la ciencia.

¿La diferencia entre los genocidios del siglo XXI y los anteriores, radica en que hoy el poder utiliza las nuevas tecnologías para tergiversar nuestra mirada de los hechos?

Sin duda, el algoritmo se ha erigido en un arma de guerra, pues no solo se borran pruebas; también circulan centenares de grabaciones y videos contradictorios. Y, en el caso de Palestina, Israel emplea la inteligencia artificial (IA) para asignar una puntuación entre 1 y 100 de aquella población de Gaza que puede pertenecer a la resistencia armada. Un sistema que, al no contemplar el valor cero, hace que nadie tenga la presunción de inocencia.

¿Convierte a cualquier palestino en activista peligroso?

Regula lo que establece la ley humanitaria en cuanto a la distinción, consistente en diferenciar entre un civil y un combatiente, y proporcionalidad, como aquella premisa que habrá que aceptar un daño colateral.

Pues bien: mediante la Inteligencia Artificial, busca maneras para maximizar estos límites, justificando así que la actuación de un civil –o de un periodista– es similar a la de un combatiente de Hamas. Una economía de la violencia que, como hemos visto, ha generado la matanza de miles y miles de personas.

En su análisis también establece una triangulación entre los genocidios de Namibia, el Holocausto y Gaza. ¿Hay parámetros comunes?

Los tres responden a lógicas de desposesión y colonización, aunque en general, sus actores no han tenido interés en admitirlo. En el caso de Namibia, sucedido entre 1904 y 1908, Alemania desplazó a las poblaciones autóctonas a las áreas más áridas para asentar a sus colonos, para más tarde ordenar el exterminio de las comunidades herero y nama. Aún hoy, el 70% de las tierras agrícolas están en manos del 0,4% de la población blanca.

 

«Solo entre octubre y noviembre de 2023, Israel bombardeó 17 panaderías, casi todas en el norte y el centro de Gaza»

Y, en relación con lo que sucede en Gaza, también encontramos la expulsión de la población y la confiscación de sus tierras, además de tácticas utilizadas en Namibia y que, a posteriori, se emplearon también en el Holocausto.

En los tres casos aparece un grupo cuya finalidad es destruir nacionalmente o religiosamente a otro grupo, ya sea eliminado a sus miembros o evitando las condiciones para que vivan y se reproduzcan.

¿Cartografiar esos genocidios es esencial para encauzar medidas de reparación?

Es lo que pretendemos, pues en general los autores se inhiben de sus responsabilidades. Así ha ocurrido con el genocidio de Namibia, respecto al cual hemos hecho una reconstrucción ambiental de las zonas que Alemania ocupó para demostrar que, con el desplazamiento, desertificó las tierras que la población regeneraba mediante la ganadería. Reconstruir cómo eran antes nos ha servido para avanzar en las demandas de restitución.

Con todo, la arquitectura forense ha dado consistencia a la causa que Sudáfrica ha emprendido en la Corte Internacional de Justicia contra Israel por el genocidio de Palestina. ¿Esto da garantías para que prospere?

Desgraciadamente, estos procesos llevan más tiempos del que sería deseable. Ahora mismo, se encuentra en la fase de instrucción, a la espera de la respuesta de Israel y el inicio de la audiencia, que dará voz a los testigos.

 

«Mediante la Inteligencia Artificial, Israel busca maneras para maximizar estos límites, justificando así que la actuación de un civil –o de un periodista– es similar a la de un combatiente de Hamas»

Veremos lo que acontece, aunque ya podemos decir que, más allá de cuál sea la resolución judicial, la causa y las pruebas que hemos aportado suponen un cambio de paradigma en cómo se han abordado los genocidios hasta ahora.

¿En qué sentido suponen un vuelco?

La historia siempre ha sido contada por los vencedores, por lo que, en la medida que es narrada por los vencidos, esto conlleva una justicia epistémica y política sin precedentes. No solo porque pone el foco en las víctimas y los efectos que estas han tenido que soportar.

También interpela a repensar el derecho internacional para que abandone la noción economicista con la cual se pretende justificar una acción militar y la muerte de tantas personas civiles, para enfatizar que, en estos episodios, prevalece una lógica colonial.

Un hecho que, con la arquitectura forense, queda acreditado y que, en cierta forma, retoma las reflexiones que hizo en 1944 el judío polaco Raphael Lemkin, quien acuñó el término «genocidio» para no referirse solo al exterminio físico, sino a la desposesión, la colonización y la destrucción de vida de las comunidades afectadas; es decir, a la eliminación de las condiciones políticas, sociales y culturales que permiten a un pueblo existir.