Aritz Intxusta
Redactor de actualidad

Anorexia y bulimia aumentan como nunca tras la pandemia

El trastorno alimentario prácticamente se ha multiplicado por tres en Nafarroa desde 2019. Incide en los jóvenes, el grupo etario que más ha aumentado las consultas por problemas de salud mental. Un incremento difícil de asumir por una red ya saturada. 

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Los trastornos alimentarios se disparan. (GETTY)

Adriana Goñi no se anda con medias tintas. «El dato que tenemos es demoledor. De 2019 a 2021, los nuevos casos por trastornos de la conducta alimentaria (TCA) en la población joven han crecido un 180%», afirma la directora del hospital de día de Salud Mental de Nafarroa. Los más conocidos de entre los TCA es la anorexia y la bulimia, aunque también los hay de otro tipo.

No hay una explicación clara de por qué la pandemia ha multiplicado los TAC. Puede, incluso, que ni siquiera sea culpa de la pandemia, sino que venga de atrás y la epidemia solo haya ayudado a encontrarlos. «Un TAC no es fácil de detectar. La poblacion adolescente puede arrastrar el problema años. Llega un momento en que se hace evidente, cuando la pérdida de peso es muy manifiesta y no es atribuible a otra razón», detalla Sara Chivite, jefa del área comunitaria y de centros de salud mental de Nafarroa.

Goñi y Chivite han aceptado un encuentro con GARA para hablar de cómo ha influido la pandemia a la salud mental de la población navarra y cómo impactan estos cambios en la red asistencial pública. Obviamente, las afecciones que presenta la sociedad son de muy distinto tipo: hay ancianos a los que estos dos años han supuesto una losa y que acusan «deterioro cognitivo», hay duelos a causa de la muerte de seres queridos, hay depresión, hay más ansiedad y hay quien sigue viviendo como en marzo de 2020...

Pero uno de los cambios que más preocupan a estas responsables del sistema de salud mental es el que presentan jóvenes y adolescentes.

Primeras consultas

El trastorno mental infantojuvenil (0-29 años) ha crecido en un 18,3% comparando el primer semestre de 2021 con el mismo periodo de 2019. La comparativa se salta el año 2020, porque con el confinamiento, las medidas de seguridad, etc. las consultas en Salud Mental funcionaron –al igual que casi todo lo demás– como bien se pudo. En resumen: por cada 5 jovenes que acudían a una primera consulta de salud mental en 2019 en Nafarroa, dos años después, acuden 6. 

Dentro de este colectivo infantojuvenil, se han disparado los trastornos alimentarios en chicas. En números concretos, en 2019 se diagnosticaron en Nafarroa 25 casos de TAC (todas mujeres), mientras que en 2021 fueron 70 (cuatro, en varones).  

«El confinamiento hizo emerger muchas situaciones que no se habían percibido en los hogares. En la dinámica actual, muchas familias ya no comen ni cenan juntas. Dejas la comida y das por hecho que los hijos la comen», prosigue Chivite. La experta matiza, sin embargo, que este solo es un factor que puede explicar un aumento nunca visto. Hay otros. 

«Los TAC se han podido detectar mejor por el cambio de rutinas, pero indudablemente la ansiedad, las situaciones de tensión en la propia familia pueden hacer que los TAC se disparen», prosigue Chivite. 

Según su experiencia, la incidencia de este tipo de trastronos no ha sido uniforme a lo largo del tiempo. «Durante unos años, la anorexia y la bulimia fueron muy comunes. Luego su prevalencia bajó. La sociedad se concienció. Se lanzaron grandes campañas que funcionaron», continúa la responsable. 

«Se pusieron medidas que muchos recordarán. Se cuestionaron las medidas de las modelos, se criticó el estereotipo de mujer delgadísima, aquello de la talla 34. Todo eso contuvo esos trastornos, pero ahora los volvemos a tener», completa a su colega Goñi. 

Aquella lucha colectiva contra la delgadez extrema tuvo algunos hitos, como el de la Pasarela Cibeles impidiendo desfilar a una de cada tres modelos en su edición de 2006 por delgadez extrema. Tiempo de sobra para que poco o nada quede en los adolescentes de hoy. Por tomar una referencia más ligada a los cambios sociales, aquel cribado en la Cibeles ocurrió un año antes de que Mark Zuckerberg fundara Facebook.  

«Habría que replantearse volver a coger a la población general y lanzar campañas sobre lo que es una un peso saludable», insiste Goñi. 

No conviene olvidar que un TAC puede ser una enfermedad muy grave. «Valoramos el índice de masa muscular y por debajo de unos límites comenzamos con tratamientos desde el punto de vista orgánico para recuperar la parte fisiológica, alimentamos o lo que haga falta. Y, en ocasiones, los casos extremos requieren de un ingreso en un recurso intermedio de intensivo de infantojuvenil o en el hospital de día o de adultos. En la unidad de agudos, en algún momento, también», explica Chivite. 

A la pregunta directa de si, ahora mismo, en Nafarroa hay algún caso de semejante gravedad, ambas responden afirmativamente. Y añaden que no hace falta llegar a un escenario extremo para que un TAC genere sufrimiento. Existen una gradación en Salud Mental donde se valora cómo afecta esta patología al rendimiento escolar, a la vida social, así como alteraciones de conducta que pueden añadirse al TAC y le dan un plus de gravedad, como la depresión.

La red asistencial no puede con esto

Aunque el de los TAC es el aumento más acusado tras la epidemia, el problema de salud mental que asoma en este regreso a una cierta normalidad también depende de lo que Goñi y Chivite definen como «malestar emocional general». Este concepto hace referencia al nivel de infelicidad y frustración presente en el conjunto de la sociedad, pero que no es necesariamente una enfermedad mental, sino fruto de una sociedad imperfecta. Ese «malestar general» ha empeorado durante una epidemia que ha dejado más muerte, soledad, despidos y miedos. 
Según estas responsables de Salud Mental,  un mal funcionamiento de las derivaciones y una Atención Primaria deficitaria están haciendo que la red de Salud Mental ocupe la mitad de su tiempo en atender a ansiedades, duelos y frustraciones de personas mentalmente sanas, que son fruto de ese malestar emocional general. Y, sencillamente, no hay capacidad para atender el aumento de casos de trastornos mentales reales, como los TAC, y a su vez asumir el incremento de consultas que nace del empeoramiento del malestar general. Un malestar emocional que, según confiesan, también está presente dentro del sistema sanitario. 
De ahí que el aumento de los TAC no sea algo anecdótico o un problema concreto de un sexo concreto a una edad definida, sino una faceta más del problema poliédrico de Salud Pública que constituyen las secuelas mentales que deja esta pandemia.