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Tom Collins, todo empezó por una broma

En 1874 Tom Collins no existía, pero el cóctel al que ha dado su nombre sigue vigente hoy, siglo y medio después. Su historia no tiene desperdicio, como su capacidad refrescante.

Tom Collins, un contenido y una presentación que rezuman frescor. (Jon Urbe | Foku)

En la documentación histórica sobre la creación de los cócteles se puede encontrar de todo; desde combinados nacidos de la nostalgia a los provocados por un sentimiento amorosos; aquellos que nacieron por casualidad o esos otros que fueron ensamblados a petición de un cliente que reclamaba algún efecto en concreto. En este amplio catálogo de inspiraciones y motivaciones está incluso el surgido de una broma popular. Es el caso del Tom Collins, un cóctel con nombre y apellido.

Hace más de 150 años muchos habitantes de Nueva York y Filadelfia andaban por los bares preguntando por un tal Tom Collins, un supuesto individuo maleducado y faltón que se dedicaba a hablar mal de ellos. Estaríamos a comienzos de la década de 1870 y un amigo le comenta a otro que hay un tipo, de nombre Tom Collins, que anda esparciendo calumnias sobre él en las tabernas.

El afectado se dirigía, furioso, al bar más próximo y nada más entrar preguntaba a los presentes quién era ese tal Tom Collins que le estaba insultado. La gente empezaba a reírse porque se trataba de una broma. Tom Collins, evidentemente, no existía. En cualquier caso, se convirtió en la persona más buscada y más odiada de aquel tiempo.

La broma se extendió tanto que dio pie a caricaturas en los periódicos... y a la genial idea de un avispado barman

La broma se extendió tanto y dio tanto de qué hablar que se la conoce como “The great Tom Collins hoax of 1874”; esto es, la gran broma de Tom Collins de 1874. Los periódicos de la época publicaron historias y caricaturas sobre avistamientos del tal Tom Collins; incluso se compusieron canciones dedicadas al ficticio personaje.

En ese contexto, un avispado barman dio ese nombre a un trago, para que cualquiera que entrara a su taberna preguntando por el individuo estuviera pidiendo involuntariamente la bebida.

Un par de años más tarde, en 1876, Jerry Thomas recogió una receta del combinado Tom Collins en su “The Bartender`s Guide”. Jerry Thomas es considerado el padre de la coctelería moderna, además de ser el primer «flair bartender» de la historia; es decir, el primer barman que hizo del arte de combinar bebidas todo un espectáculo, con técnicas de mezclado que incluían malabares con botellas, vasos y cocteleras.

En 1862 escribió el primer libro de cócteles del que hay constancia, recogiendo 236 recetas de combinados, entre los que están los clásicos, recopilados por la tradición oral, y sus propias creaciones.

Hay que decir que los ingleses también tienen su propia versión sobre el Tom Collins, aunque está datada veinte años más tarde. Estos atribuyen la creación a un barman londinense llamado John Collins que solía mezclar la ginebra Old Tom con zumo de limón y azúcar, añadiéndole soda. El nombre vendría de la combinación del apellido del barman, Collins, con el nombre de la marca de ginebra inglesa, Tom, de un tipo más dulce al habitual.

Pavón apunta que el Tom Collins «es tremendamente refrescante y puede sustituir sin ningún problema al gin tonic»

Norteamericano o inglés, lo cierto es que el clásico cóctel Tom Collins es un combinado de ginebra, zumo de limón, azúcar líquido y soda o agua con gas. Esto da una bebida muy fresca, aromática y de una potencia alcohólica moderada. Es una mezcla de contrastes, pues va del dulce al agrio y del fuerte al delicado. Un cóctel ideal para el verano porque, como apunta Yon Pavón desde el Patricio Bar, en Lasarte, «es tremendamente refrescante y puede sustituir sin ningún problema al gin tonic».  

Además, precisa Pavón, se trata de un combinado de gran versatilidad, ya que puede dar muchas variantes tan solo con cambiar el tipo de destilado. Así, sustituyendo la ginebra por whisky tendríamos un John Collins; si mezclamos con Jack Daniels, el producto sería un Jack Collins; con vodka, un Comrade o Camarada; Juan Collins, con tequila; Phil Collins con pisco; Ron Collins… y así todo lo que nos den el mueble bar y la imaginación.

Este cóctel es también uno de los que tiene vaso propio: el Collins, como no podía ser de otra manera. Es similar al denominado vaso largo o highball, aunque un poquito más estrecho y más alto y con paredes completamente verticales, lo que ofrece algo más de capacidad.

Preparación sencilla

Yon Pavón nos dice que la preparación es muy sencilla. Aunque también se puede combinar en el mismo vaso, él prefiere hacer la mezcla en la coctelera, donde echa 5 cl de ginebra, 3 cl de zumo de limón o lima, 2 cl de sirope o azúcar líquido y hielos gordos, para enfriar. 

Agita con fuerza durante cerca de 15 segundos y vierte en el vaso, en el que ha puesto varios hielos gordos. Luego echa soda o agua con gas hasta llenarlo y decora con un twist o viruta larga de limón sacada con un acanalador, lo que expande una formidable fragancia cítrica.



El Tom Collins es muy parecido a otro cóctel clásico, el Gin Fizz. Los componentes vienen a ser los mismos, pero hay un par de diferencias que para los legos pueden resultar insignificantes, pero no para los puristas. La primera diferencia es que en el Tom Collins clásico la ginebra que se emplea es de una variedad más dulce que la usada para el Gin Fizz. La segunda, que mientras el Tom Collins se sirve en vaso muy alto con hielo, el Gin Fizz va sin hielo y en vaso más pequeño.

Si hace 150 años la gente se reía cuando alguien entraba en un bar y preguntaba por un tal Tom Collins, hoy es todo lo contrario a una broma disfrutar de un cóctel tan aromático y refrescante como el Tom Collins; que, además, es moderadamente alcohólico.