Épica rockera a la irlandesa
De un divertimento musical adolescente, organizado en septiembre de 1976 y presentado en pequeños escenarios dublineses, el cuarteto rockero U2 saltó a mayor grupo internacional de estadios y es ya historia de la moderna cultura occidental. En su cincuentenario, el masivo reconocimiento supera lo artístico y llega hasta las monedas de dos euros que se ponen en circulación en Irlanda con su efigie.

Dicen que el debut en 1965 de los Rolling Stones en Dublín marcó un cambio para la juventud local. La melómana Irlanda, cuyas gentes poblaron de canciones la geografía estadounidense, conocía bien el mundo del folk, blues o soul salidos del esclavismo. Pero, sea bebiendo de fuentes originales o influidos por las estrellas londinenses, surgieron en la verde isla bandas de altura creativa.
Taste, de Rory Gallagher, disputó el blues de ojos azules a Eric Clapton y compañía. Thin Lizzy, de Phil Lynott, se asomó al hard rock y se atrevió a metalizar el folclore celta con “Whiskey in the Jar”. Desde Belfast, los Them de Van Morrison enamoraban al mundo con “Gloria”.
Cada celebración el 17 de marzo de Lá Fhéile Pádraig (St Patrick’s Day) es ocasión para reactualizar la enciclopedia rockera Irish. Si los Stones fueron influencia en los sesenta, de la visita de The Clash a Belfast en 1977 surgirían los influyentes punks Stiff Little Fingers. Y en la lista de nombres internacionales brillaron después desde Boomtown Rats, The Pogues, Undertones, Gary Moore, Cranberries, My Bloody Valentine o Sinéad O’Connor, hasta el actual grupo cool Fontaines DC.
ADOLESCENTES
Valoraciones artísticas al margen, ninguna formación irlandesa ha conseguido un legado musical y una repercusión internacional como U2. La historia oficial dice que todo arrancó un 25 de septiembre de 1976, cuando a sus 14 años el batería Larry Mullen colocó un anuncio en el colegio buscando músicos.
Ese mismo día se reunió en su cocina con Paul Hewson, David Howell y Adam Clayton, de poco conocimiento musical y mucho entusiasmo. Paul, después apodado “Bono Vox”, sería el cantante. David, conocido más tarde como “The Edge”, el guitarrista. Larry agregó el “Jr.” a su nombre porque tenía el mismo de su padre. Y Adam fue el bajista. También acudió el hermano de The Edge como guitarra acústica, pero abandonó el proyecto para montar The Virgin Prunes.

Se bautizaron Feedback, después The Hype y, finalmente U2, nombre que se refiere indistintamente al avión espía yanqui Lockheed U-2 o al juego de palabras you too-you two, “tú también-vosotros dos”.
En un efervescente momento en el que se comenzaba a hablar de la escena post punk, sus primeras actuaciones en 1977 los mostraban como chavales sencillos, tirando a modernillos. Empezaron versionando a Beatles o Rolling y enseñaron maneras progresistas cuando en 1978 actuaron apoyando la campaña para que en Irlanda se pudieran adquirir condones libremente o en la iniciativa Rock Against Sexism.
DOMINGO SANGRIENTO
La fortuna brilló al ganar un concurso en 1978, su último año de instituto. Lo patrocinaba el mánager Paul McGuinness, que los fichó. Un año después grabaron su primera canción, “U2 Three”, de la que se editaron mil ejemplares solo para su país. Se bregaron en directo a ambos lados del mar de Irlanda y en otoño de 1980 debutaron en grande con el LP “Boy”, producido por Steve Lillywhite, quien se convirtió en mentor de su particular mundo musical, dominado por la potente y sentida voz de Bono y la habilidad de The Edge tejiendo envolventes guitarreos.
La portada popularizó al niño de seis años Peter Rowen. Su mirada, entre soñando despierto o simplemente observadora, tuvo que ser sustituida en EEUU y Canadá por riesgo de acusación de pedofilia. El chaval repitió carátulas en otros cuatro discos. “I Will You” fue el tema más popular y los mensajes de sus canciones remitían al paso de la adolescencia a la edad adulta.
La reválida “October”, de 1982, asentaba su estilo y estética y tuvo menos éxito. Y fue con “War”, un año después, cuando prendió el tirón más masivo. La tapa mostraba a Rowen enfadado y con el labio algo herido. Título, gesto y canciones anunciaban el cambio.

“Sunday Bloody Sunday” inauguraba una intención política y se refería a cuando en 1972 el Ejército británico mató en Derry a catorce manifestantes católicos. El mensaje era pacifista y el grupo la definió como «una canción no política, sino de amor». “Seconds” denunciaba la amenaza nuclear. “New Year’s Day” defendía el movimiento sindical polaco Solidaridad. Con el tiempo, U2 volvería a referirse a la lucha irlandesa contra Inglaterra en temas como “Peace on Earth” o “Raised by Wolves”.
UN FUEGO INCANDESCENTE
Tras una visita a ultramar, regresaron con canciones grabadas en directo en unas canteras abandonadas, Red Rocks, Colorado, y, junto con material recogido también en vivo en Boston y Alemania, editaron “Under a Blood Red Sky”. Los inquietos productores Brian Eno y Daniel Lanois añadieron aires experimentales y se convirtieron en quinta columna sónica del grupo. En plena vena musical, poética y conceptual, y con engrasada máquina promocional, elaboraron en 1984 “The Unforgettable Fire”.
Con una temática de nuevo sobre la amenaza de la fuerza nuclear desde el título del LP, el peligro de las drogas, la defensa del pacifismo o un homenaje al líder afroamericano Martin Luther King. Esa primera colaboración con Eno y Lanois supuso un cambio sonoro, más atmosférico e impresionista. Entró también en juego el fotógrafo neerlandés Anton Corbijn, cuya estética añadió épica con imágenes de viejos castillos.
Se asentaba en la escena angloparlante la épica de voces, guitarras y sintetizadores, a lo “celta”, de grupos como Big Country, The Alarm, New Model Army, The Waterboys… La lideraban U2 con su particular sonoridad envolvente, sentimentales y quedonas melodías y romántico desgarro vocal, que encandilaban ya a una audiencia internacional.
CONCIENCIADOS
El grupo compartió cartel con la vieja guardia de Mick Jagger, David Bowie, The Who, Led Zeppelin, Elton John, Queen… en los eventos multitudinarios Live Aid para recaudar fondos contra la hambruna en Etiopía. El rock solidario tuvo su capítulo irlandés con el festival Self Aid contra el desempleo, donde U2 versionaron el clásico de Bob Dylan “Maggie’s Farm”, dirigido a Margaret Thatcher.
Su proyección militante se agrandaría en los conciertos benéficos Artists Against Apartheid y el disco colectivo “Sun City” o la campaña Conspiracy of Hope, con el organismo Amnistía Internacional. Los viajes solidarios de Bono y su esposa Alison, activista y empresaria, a la propia Etiopía, Nicaragua y El Salvador añadieron carisma sociopolítico a la figura del cantante.
En su trayectoria se coló incluso el Vaticano. Bono visitó al Papa Juan Pablo II y, en 2018, a su sucesor Francisco. The Edge fue el primer músico en actuar en 2016 en la Capilla Sixtina.

ANCHA ES EEUU
El salto creativo, social y comercial definitivo llegó en 1987 con “The Joshua Tree”, de nuevo con Eno y Lanois a los mandos. La fascinación cultural de U2 por Estados Unidos, que se reflejaba también en referencias geográficas, llegó a su cénit con himnos majestuosos como “In God’s Country” o “Where the Streets Have No Name”.
El viaje a la grandeza espacial norteamericana fue retratado por Corbijn y equipo, en magistral blanco y negro, en Zabriskie Point, del californiano desierto de Mojave. “Joshua Tree” se referiría al cactus del mismo nombre que en la fantasía bíblica se une al profeta Josué y que se convirtió en símbolo de la banda.
Impulsado por otras envolventes baladas como “I Still Haven't Found What I'm Looking For” o “With or Without You”, el disco arrasó y el personal mundo del grupo sobre crecimiento humano, amor, religión o política se universalizó aún más. Aparecieron en portada de la revista “Time” y saltaron a actuar en estadios, debutando en un abarrotado Bernabéu madrileño en julio de 1987. El documental y doble disco “Rattle and Hum” reafirmaron su grandilocuencia y agrandaron la crítica a la megalomanía mesiánica de la banda, que, tras la gira “Lovetown Tour”, se retiró por un tiempo.
ACHTUNG!
Tras la caída del Muro de Berlín, la década de los noventa anunciaba un mundo en cambio y el cuarteto irlandés se subió al carro. Con apenas treinta años de media de edad, eran ya un experimento que envejecía por grandioso y repetitivo. Y fue en la dinámica capital alemana donde se encerraron con la brillante triada Eno, Lanois, Lillywhite para metamorfosearse en “Achtung Baby”, reinvención sónica que se apartaba bastante del stadium rock y apostaba por la música (casi) de baile y por la electrónica.
Aunque su exitazo “One” seguía remitiendo a la grandeza baladística, el disco arrancaba con la saturación ruidista de “Zoo Station”, avanzaba en el mix de viejo pop y muchas guitarras “The Fly” y remitía a ambientes de cine en “Until the End of the World” o terrenos neblinosos como “Acrobat” y “Light My Way”.
En la portada, el grupo sustituía su serio protagonismo en blanco y negro por un colorista mosaico de imágenes.
BIENVENIDOS AL ZOO
La gira de apoyo en 1992 a la nueva propuesta sónica se llamó “Zoo TV Tour” y evidenció la apuesta pionera por la alta tecnología en unos recitales en locales de media entrada. Colgaban del techo bolas discotequeras y un coche Trabant desde donde el DJ dublinés BP Fallon animaba la espera. La fiesta pasó triunfante por el velódromo de Anoeta, donde se oyó hasta trikitixa de la mano del DJ. Con la abrumadora apuesta tecnológica, se reconciliaban incluso con sus máximos críticos en un esquema que suele considerarse como su momento creativo más original en directo.
En 1993 editaron “Zooropa” donde repetían las intenciones de orientación dance y techno que no tuvieron tanto éxito como su álbum anterior. Con Bono como el fantasioso MacPhisto, reventaron estadios donde jugaban a comunicarse con famosos o solidarizarse en directo con gentes de Sarajevo asediadas por los serbios.

En un repleto estadio de Wembley, el escritor Salman Rushdie, amenazado por la fatua mortal dictada por el ayatolá Jomeini, apareció en público tras casi cinco años de clandestinidad. La gira resultó una de las mayores y más originales de la historia del rock, en formato estadio, y cerró el periodo más creativo y triunfal del grupo.
QUE VIVA EL POP
En 1995 colaboraron en “Original Soundtracks 1”, de Brian , con el seudónimo The Passengers. Destacó su canción solidaria “Miss Sarajevo”, cantada con Luciano Pavarotti. Pero había un despiste sobre la marcha del grupo y su batería Mullen confesaría años después que «hay una fina línea entre la música interesante y la autocomplacencia, y la cruzamos en ese disco».
Se habían logrado reinventar, pero comenzaba la resaca, su tránsito por una falta mayor de originalidad. Tenían nuevo disco, “Pop”, que continuaba con el colorismo warholiano y se situaba en un cruce entre la vanguardia electrónica y el masajeante pop-rock, marca antigua de la casa. La gira “Popmart”, que recaló por primera vez en Sudamérica, aumentó la confusión y redujo el número de asistencia.
Sí seguían mojándose con la realidad sociopolítica, como cuando en mayo de 1998 dieron un recital gratuito para escolares norirlandeses en apoyo al referéndum sobre el Acuerdo de Viernes Santo. Los enfrentados políticos unionista y del SDLP, David Trimble y John Hume, se estrecharon la mano y el encuentro contribuyó a que el referéndum por la paz irlandesa triunfara.
VÉRTIGO
El grupo inauguró nuevo milenio con el éxito de “All That You Can’t Leave Behind”, que se alejaba bastante de la experimentación y giraba el retrovisor hacia el pasado. En 2004 apareció “How to Dismantle an Atomic Bomb”, álbum muy rock con títulos como “Vertigo”, que daría nombre a la nueva gira.
Más de cuatro años les costó volver con el duodécimo álbum “No Line on the Horizon”, que pasó por una dispersa grabación y fue respetado por la crítica como obra madura no condescendiente. La nueva gira fue un récord histórico con 7.742.000 espectadores en ochenta y cinco shows.

En agosto de 2005 reventaron el estadio de Anoeta con unas 40.000 personas. El cuarteto irrumpió con un “Bat, bi, hiru”, en vez de su popular “Uno, dos, tres? Catorce”, abriendo y cerrando descarga con “Vertigo”, título de la gira, en un show macizo y muy comunicativo. En su gira “360º Tour” repetirían concierto en ese espacio donostiarra, en septiembre de 2010, con nuevo llenazo.
TRILOGÍA
Tras los atracones de masas, dejaron la primera línea pública y la novedad interna fue que la macro promotora Live Nation les compró su Principal Management por una millonada. Se convertían en socios de Beatles, AC/DC o Madonna, engullidos por el turbo capitalismo, división rock.
El baile de millones no bajó la guardia compositiva y en 2014 publicaron “Songs of Innocence”, regalándolo a los más de 500 millones de clientes de iTunes. “El mayor lanzamiento de álbum de todos los tiempos” fue polémico por imponerlo a los oyentes sin consentimiento y sin posibilidad de eliminarlo. Apple desarrolló una herramienta para poder borrar “el primer álbum spam” de la historia, que después se vendió en tiendas físicas.
Con el batería Larry Mullen Jr. en una íntima foto con su hijo Elvis, la portada sugería una mirada retrospectiva a su primer “Boy”, representando la protección de la inocencia. Era un disco muy rock y de nuevo mirando hacia atrás.
Le sucedió “Songs of Experience”, de 2017, con nueva portada familiar: la hija de Edge, Sian, y el hijo de Bono, Eli (con casco militar), de la mano. Como en el precedente, el título hacía alusión a la obra del poeta londinense William Blake. El álbum era resultón, pero recibió agudas críticas por supuestamente falso y oportunista.
Cerrando una especie de trilogía, en 2023 apareció “Songs of Surrender”. Se dijo que era como complemento a las memorias de Bono, “Surrender: 40 Songs, One Story”, que el cantante promocionó en una gira de canciones del grupo con arreglos sencillos.
La agitación creativa se completó con el documental televisivo “Bono & The Edge: A Sort of Homecoming” y la banda volvió al escenario con una polémica “residencia” de varios conciertos en Las Vegas.
MÉXICO LINDO
Estamos en el año de su 50 cumpleaños y la formación irlandesa ha presentado “Street of Dreams”, primera canción del nuevo álbum que se supone saldrá antes de fin de año. De momento, no hay mayor celebración aparte de una exposición gratuita sobre su trayectoria en el Centro Cultural Irlandés de París. La canción y su presentación han repetido la eficacia promocional y los tópicos del grupo: la calle, el amor, lo religioso, los sueños o el optimismo. Con guitarras expansivas y el obligado estribillo para corear en directo.
El videoclip se grabó sobre un bus en el centro histórico de Ciudad de México. Vende espontaneidad, pero la pulsera que luce el público y su actitud teatrera lo desmienten. Un chubasco les obligó a “improvisar” desde un balcón vecinal. Pudo ser el regalo natural para sus bodas de oro.

Otra novedad es su participación para el próximo 13 de noviembre en “20th Century Paddy. The Songs of Shane MacGowan”. Homenajean a su fallecido compatriota versionando “Yeah Yeah Yeah Yeah Yeah”, canción de MacGowan con The Pogues de 1988. Comparten ese tributo con Bruce Springsteen, Steve Earle, Bob Geldof o Johnny Depp & Imelda May.
CALDERILLA
Con una media de 65 años de edad, su extenso cancionero es una personal muestra de rock en diferentes variantes y un mensaje central romántico y humanista, con algunas raíces irlandesas como “Wild Irish Rose” o “The Auld Triangle”. Tras quince álbumes de estudio, han vendido más de 170 millones de discos y acumulado el récord de 22 Premios Grammy.
Bono, nominado varias veces al Premio Nobel de la Paz, resumió en una entrevista a Apple Music el estado del grupo: «En la sesentena, pido perdón por tener la sinrazón de la juventud. Disculpas por ser un cantante impetuoso. Perdón por no ser tímido ni retraído y por dar las gracias en voz alta por el lugar al que voy a trabajar. Perdón por estirar nuestra banda hasta su límite. Perdón por repetir una y otra vez que el rock and roll no está muerto, solo es más viejo y gruñón, y de vez en cuando hace fuegos artificiales con sus cambios de humor. Pero, sobre todo, pido perdón por pedir perdón».
Puede que amplios públicos esperen aún frescura y rebeldía en sus nuevas canciones y en la que podría ser su gira de aniversario. Pero el grupo es ya tan institucional que la República de Irlanda felicita sus cincuenta años acuñando su efigie en una nueva moneda de dos euros. U2 compartirá hasta nuestros bolsillos.

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