Miren Saenz
KONTXAKO BANDERA 2026

Las sedes de La Concha

La Bandera de La Concha se gana en la bahía del mismo nombre durante dos de los domingos más animados del verano donostiarra, pero se prepara en otros lados, empezando por las instalaciones de los clubes participantes, esos sitios en los que se realiza gran parte del entrenamiento en tierra. Visitamos las sedes de las traineras más laureadas.

Andoni Campos, junto a la trainera en la planta baja de Arraunetxe.
Andoni Campos, junto a la trainera en la planta baja de Arraunetxe. (Jagoba Manterola | FOKU)

Las traineras de Orio y San Pedro, en categoría masculina, y las de San Juan y Donostia Arraun Lagunak, en la femenina, son las que atesoran más banderas de La Concha. Hablamos de la competición deportiva más antigua de Euskal Herria, del Cantábrico y del Estado, cuya primera edición se celebró en 1879, cuando todavía estaba por inventarse el trofeo en formato textil. Aunque se dispute en un escenario cambiante e inestable como el mar, gran parte del trabajo se realiza en tierra y en las instalaciones que utilizan los clubes. Conocemos las sedes campeonas por riguroso orden de victorias de la mano de sus directivos.

ORIO, 33 BANDERAS DE LA CONCHA Y ROZANDO LAS 2.000 VICTORIAS

En 2013 se inauguró Arraunetxe, un imponente edificio de propiedad municipal, que sirve de sede a Orio Arraunketa Elkartea. «Sus instalaciones se utilizan de manera integral para la gestión y explotación de todo tipo de actividades relacionadas con el río. El edificio se ha transformado en un espacio vivo y dinámico que ofrece una amplísima oferta deportiva y social para que toda la ciudadanía pueda disfrutar plenamente de la ría de Orio», explica Andoni Campos, exremero y directivo, que ha vivido este club desde niño, teniendo en cuenta que su padre es uno de sus fundadores y fue también su primer presidente.

Trece años después de su apertura, la pregunta es obligada: ¿cómo ven en el pueblo y en el club este centro? «El Arraunetxe es la ventana que pone a Orio mirando a su ría. Este pueblo respira remo por los cuatro costados, y el Arraunetxe es la casa que protege y da impulso a toda esa cultura nuestra. Es el testigo diario del enorme sacrificio que hacen nuestros remeros y remeras y, al mismo tiempo, un tesoro para todo el pueblo que ofrece un espacio vivo para eventos, charlas y una oferta deportiva abierta a todos». Su uso está compartido por cinco grupos diferentes, «de forma armónica», matiza Campos.

Nuestro interlocutor admite que no hay lugar para la queja, puesto que las instalaciones son un privilegio: «Disponemos de espacio suficiente para guardarlo todo y maniobrar con margen con el material: traineras, trainerillas, bateles, zodiacs, botes de banco móvil, carros… Hemos ampliado la capacidad del foso para que hasta 22 personas puedan practicar banco fijo a la vez. Eso sí, si hoy en día tuviéramos que reformar el club, sí que le haríamos algunos cambios para intentar mejorar, sobre todo, la ocupación y el aprovechamiento del espacio».

Parte de los numerosos trofeos y banderas que ha ganado Orio y que se guardan en ese edificio. (Jagoba Manterola | FOKU)

Campos destaca especialmente las dimensiones del gimnasio y las espectaculares vistas a la ría. «Entrenar con este paisaje natural enfrente, en lugar de mirar a una pared vacía, supone una gran ayuda psicológica que hace que los duros minutos en el remoergómetro se pasen de forma mucho más rápida y amena. Además, el edificio se mantiene muy bien equipado para el cuidado técnico y de salud de los deportistas, ya que cuenta con una sala de valoraciones para realizar pruebas de esfuerzo, espacios para fisioterapia y consulta médica, y despachos específicos para el trabajo de los entrenadores».

¿Y qué opinan de estas instalaciones sus entrenadores Iker Zabala y Xanti Zabaleta? «Que son enormes y que es una suerte tenerlas, pero que no les estamos sacando todo el jugo que le podríamos sacar». Los que acceden por primera vez se quedan deslumbrados: «Todo el mundo reacciona con un ¡buah! Y es que, cuando subes al último piso y contemplas desde arriba la magnitud del gimnasio, te das cuenta de que es algo espectacular y muy poco común de ver en otros clubes de remo».

Unas instalaciones fruto de que «en su momento, alguien apostó por un gran proyecto y por un club único que no existe en ningún otro sitio. Se las debemos a todo lo que hemos transmitido en forma de valores y a todo lo que hemos logrado cosechar durante estos 60 años de historia», comenta.

En realidad, la cosecha amarilla es impresionante; su récord de victorias en La Concha se antoja inalcanzable para el resto. Para conocer las dimensiones del campeón histórico, nada como consultar sus números: Orio está muy cerca de alcanzar los dos mil triunfos sumando todas sus disciplinas. Según las cifras facilitadas por el club, llevan 1.024 victorias en banco fijo (batel, trainerilla y trainera); 871 banderas ganadas hasta el momento: 431 en trainera, 105 en trainerilla, 304 en batel, 24 en remo olímpico y 7 en remoergómetro. «813 de estas banderas están custodiadas: el 93,5% de los trapos físicos están guardados en Arraunetxe y el 6,5% de las piezas restantes faltan en la colección actual debido a pérdidas, roturas o el deterioro con el paso de los años». El próximo domingo, ya proclamados matemáticamente campeones de la Liga ACT, pueden sumar una más y de las importantes.

SAN PEDRO, 15 BANDERAS DE LA CONCHA

Del amarillo al morado, ya que San Pedrotarra A.E. esel segundo en el medallero histórico de La Concha y, aunque actualmente milita en la Liga ARC1, segunda categoría, nadie le puede quitar esas 15 Banderas de La Concha que guardan con celo. Nos enseñan sus sedes Alberto Iñurrategi, actual presidente y exremero de San Pedro, y el anterior presidente y ahora vicepresidente Xabier Isasa. Empezamos por Kalparra, nombre con el que se conocen sus instalaciones deportivas, que se llevaron a cabo en los años 90. Un mural, realizado por el artista local Nextor Otaño en sus primeros años, ocupa la entrada y anuncia que tras esa puerta se respira remo.

Isasa en la sociedad, delante de las banderas más antiguas y con el libro que recoge la historia de San Pedro. (Andoni Canellada | FOKU)

En la planta baja depositan los remolques y las embarcaciones, entre ellas la Libia. Subiendo las escaleras, y también en la sociedad gastronómica, un cuadro inmortaliza a la mujer que le dio el nombre: Libia Martín Alberdi, sobrina del constructor Clemente Goldarazena, que construyó la primera en 1917. Arriba está el gimnasio, con vistas a la bahía de Pasaia, y los ergómetros -aparato imprescindible en este deporte-. En la sala de al lado, el foso, que habitualmente suele estar abajo por cuestiones de desagüe, pero que allí arriba cumple perfectamente con su cometido: es el sitio en el que se aprende a remar. Los gastos de luz y agua los paga el Ayuntamiento, aunque el material lo pone el club. San Pedro cuenta con cerca de un centenar de fichas para jóvenes, la categoría senior masculina y el equipo de veteranas. Contando las banderas de todas las categorías, suman 270. «Somos un club con tradición, pero de poca dimensión», admite Isasa.

Con la Libia y sin ella, San Pedro vivió tiempos gloriosos y aún conserva algún récord. Entre 1927 y 1932 obtuvo seis victorias consecutivas en La Concha, una marca que nadie ha superado, por lo menos en los siglos XX y XXI, y lleva la firma de Manuel Arrillaga Arzak, “Aita Manuel”. Esta leyenda del remo fue el patrón con más triunfos en La Concha (9) durante casi un siglo hasta que el año pasado el zarauztarra Gorka Aranberri, actual patrón de Orio, le superó con diez. La estatua de Aita Manuel con su largo remo, colocada en la calle entre el recinto deportivo y la sociedad gastronómica, también puede considerarse parte del patrimonio morado.

La otra época dorada de los morados es la de los años 1989, 1991, 1993 y 1994, con tripulaciones integradas por remeros locales y de Arraun. Ambas etapas están presentes en la sociedad gastronómica, donde puedes coincidir en persona con alguno de los protagonistas de la segunda etapa, como Jon Sistiaga, o ver a los pioneros en las fotos de la pared. «En las primeras regatas de La Concha, que San Pedro ganó en 1880, aún no se daban banderas. El remo es el único deporte en el que el premio más grande es ese», apunta Isasa. Su primer trofeo oficial lo lograron en 1878 en la regata de Baiona, un precioso collar, custodiado en la Iglesia de San Pedro, mientras que la primera bandera de tela que llegó a las nueve vitrinas del club morado data de 1899, en azul y blanco. Totalmente restaurada, luce en la sociedad gastronómica en medio de otras banderas, entre las que se incluyen las seis del récord, la tricolor republicana lograda en 1935 o la última, la de 1994.

Pero aquí no solo hay sitio para los vencedores, también para los perdedores; un ejemplo: una impactante fotografía transmite el cansancio y el sufrimiento de la tripulación de San Pedro que quedó última en La Concha de 1965. Todas esas historias y más se recogen en el libro “Triunfos de un sentimiento. Historia y patrimonio del remo de Pasai San Pedro 1854-2020”, escrito por Imanol Urdanbide y Sebastián Cano y presentado en junio, que Isasa muestra en ese coqueto local a pie de calle, donde se disfruta de la mesa, la compañía y el remo. Pertenece a San Pedro desde que el club lo compró y lo registró oficialmente en 1958. En él tienen sus oficinas, hacen sus reuniones y toman decisiones.

El presidente Alberto Iñurrategi, en la puerta de Kalparra. (Andoni Canellada | FOKU)

Isasa no pinta un presente y menos un futuro alentador para alguien con un vínculo que viene de muy atrás; su bisabuelo ganó La Concha en 1917, su abuelo y sus tíos también remaron: «Hoy en día ganar es difícil, el remo es un deporte muy local, por amor al arte en muchos ámbitos, abarca un ámbito geográfico muy limitado. No es como el fútbol o el baloncesto, y darle un toque de profesionalismo y que la gente se dedique a ello es complicado. Esta actividad no genera para tener a gente que se dedique exclusivamente a ello, y no solo para los remeros, también para la gerencia, las directivas. Tienes que trabajarte los sponsors; no recibes derechos de TV como el fútbol, te ponen el escenario, pero el club tiene que conseguir todo lo demás, se hace en verano, los fines de semana. El enganche emocional existe, porque hay gente veterana, pero eso se acabará. La generación que viene detrás, veremos si está dispuesta. Los dirigentes de los clubes de remo tenemos que parar y pensar hacia dónde vamos».

Ya hemos hablado de la tradición y pasamos a la dimensión. «El Ayuntamiento tiene la capacidad que tiene». Administrativamente, San Pedro no es un municipio independiente, sino un distrito con más clubes también de remo: San Juan, Illunbe, y con otras disciplinas deportivas con las que hay que repartir: ¿Cómo valoran sus instalaciones? «Son buenas, pero para crecer no son suficientes. No solo por espacio, sino también logísticamente. Para manejar remolques y furgonetas, lo mejor sería que estuviera a la entrada del puerto, no hay parking, son detalles que en el día a día te merman», concluye.

SAN JUAN, 5 BANDERAS PARA BATELERAK

Pasamos a Pasai Donibane, en una tarde en la que el sol luce a raudales, pero sin molestar. Repleto de gente que llena sus calles, los balcones lucen orgullosos la bandera rosa de batelerak, dando presencia al nombre de esa trainera que homenajea a aquellas primeras mujeres que hace cinco siglos ya transportaban personas y mercancías en sus botes de una orilla a otra de la bahía.

Quedamos en la sede de San Juan con Ainhoa Martínez, presidenta de Pasai Donibane Koxtape Arraun Elkartea -que cuenta con dos tripulaciones en la máxima categoría: Liga ACT y Liga Euskotren-, y con Maite Zunzunegi, una de las veteranas de este club. Antes de enseñarnos sus instalaciones, posan para la foto en el pantalán: «Que tengamos a 50 metros las embarcaciones del agua es un lujo», reconoce sonriente Ainhoa Martínez.

Líderes en la categoría femenina por sus cinco banderas de La Concha, que consiguieron de forma consecutiva del 2014 al 2018, sus triunfos convirtieron a las sanjuandarras en la tripulación femenina más laureada, empatadas con las gallegas de Rías Baixas, aunque las vascas competían como club y las gallegas como selección. Eso sí, nuestras interlocutoras asumen con naturalidad que Donostia Arraun Lagunak puede forzar la próxima semana un triple empate en la cabeza de la clasificación histórica de La Concha.

Maite Zunzunegi y Ainhoa Martínez en el pantalán, delante del edificio que acoge a las de Koxtape. (Andoni Canellada | FOKU)

Han concluido terceras en la Liga, tras regresar a la Euskotren esta temporada, un estupendo resultado: «Muy bien, no se esperaba; algunas de las remeras están desde infantiles y ahora en seniors han hecho todo el recorrido», señala Martínez, mientras Zunzunegi remata: «Y menos una, con todas canteranas, 18 de 19», algo que ella valora especialmente. Zunzunegi fue una de las pioneras del remo femenino, tanto a nivel local como estatal, cuando a principios de los años 70, un grupo de sanjuandarras que querían hacer deporte se presentaron en el club y empezaron en banco móvil, la única especialidad a la que podían acceder las chicas. «Desde entonces, siempre ha habido chicas en este club. Empezamos con la trainera femenina en 2010, dos años después de que esta categoría comenzara en La Concha. Al principio no había ni bateles, ni trainerillas». El entonces presidente de la Federación Guipuzcoana, el ya fallecido Josetxo Etxeberria, se comprometió a apoyarlas. Ella ya ejerció de entrenadora de Gipuzkoa en aquella primera regata no oficial que en 2008 disputaron en Zaragoza entre Gipuzkoa-Bizkaia, con victoria para las primeras, y está considerada el inicio de la trainera femenina. Tiempos en los que era la única mujer de la directiva sanjuandarra, así que ambas valoran que cada vez haya más mujeres en el banco fijo: remeras, juezas, delegadas, dos presidentas en la máxima categoría, aunque pocas entrenadoras.

Nos lo cuentan en la planta baja del edificio Kordeleia, diseñado por los arquitectos Iñaki Begiristain y Ane Andonegi -al que en su momento se le dedicó un artículo en la sección de Arkitekura de 7K-, rodeadas de embarcaciones rosas, mientras en el piso de arriba tienen el gimnasio, los vestuarios, un minúsculo frontón, una sala de reuniones y una moderna fosa, -ellas la llaman en femenino-. En una esquina cuelgan las banderas ganadas en el año, el resto, incluidas las cinco de La Concha, están dobladas y guardadas.

Zunzunegi recuerda un largo recorrido: «Hemos pasado por muchos locales hasta que hemos aterrizado aquí; ojalá sea el definitivo. Los primeros años, siendo yo cadete, entrenábamos en el Urumea. Cuando esto era una bacaladera de la PYSBE, nos dejaron este local. Luego hicimos otro al lado de la Térmica; lo hacíamos nosotros porque en la directiva había albañiles, carpinteros... y todos colaboraban. Otro debajo de la escabechería. No sé cuántos sitios más hasta que llegamos a este, y ahora tenemos un señor club que ya nos merecíamos. En el año 72, sacábamos el ocho del Bar Ramos, y como no entraba, le hicieron hasta un agujero. Hemos guardado embarcaciones hasta en la Iglesia de Bonanza».

La presidenta junto a las traineras. (Andoni Canellada | FOKU)

Disponen de unas instalaciones básicas: «Una opción muy importante porque en invierno no se sale al agua más que el fin de semana. Los chavales aprenden mucho en la fosa, se están viendo en un espejo, se les puede corregir posturas. Y, además, esta fosa está preparada para las dos modalidades, se puede entrenar en fijo y en móvil». Pasai Donibane Koxtape comparte edificio con el polideportivo municipal, las oficinas de turismo, la biblioteca municipal y el auditorio Juanma Berasategi -que lleva el nombre del cineasta ya fallecido-.

La visita guiada acaba en el gimnasio, mientras algunas remeras se ejercitan en los ergómetros. Ainhoa menciona «aquí está el hoy y el casi ayer», señalando a Zunzunegi, que entre risas le responde: «El muy ayer. Estas son el presente, pero quizás hay esto porque empezamos nosotras».

DONOSTIA ARRAUN LAGUNAK, 4 Y A POR LA QUINTA

La trainera donostiarra llega a la gran cita del año imbatida y tras ganar la Liga Euskotren por quinta vez, el próximo domingo buscará su quinta Concha. Días antes de todo esto, Itziar Eguren, presidenta de Donostia Arraun Lagunak, nos recibe en Lugañene, la sede social del club, ubicada en un antiguo caserío de propiedad municipal, que Áncora -asociación de defensa del patrimonio- sitúa su existencia en la segunda mitad del siglo XIX. «Se quiso demoler pero, entre Áncora y las banderas de La Concha, parece que por ahora se salva», señala Eguren. Nada más cruzar la puerta, están expuestas todas las banderas conseguidas los últimos años y, junto a esta sala, la oficina que se ha quedado pequeña ante las exigencias del papeleo actual.

Itziar Eguren sonríe junto a las traineras con las que lo están ganando todo. (Jon Urbe | FOKU)

En los bajos del caserío, mantienen el viejo foso que Eguren lleva años calificando de vintage. Sabe de lo que habla porque la presidenta cuenta que, siendo alumna de sexto de EGB, Eulogio Génova -remero de Arraun, que fue campeón del mundo en banco fijo y ganó con San Pedro en La Concha- le dio sus primeras clases de remo en ese mismo foso. «Hace 40 años de aquello y ya estaba. Hemos pasado todos por aquí, lo hemos pintado, lo hemos intentado reparar. Se cerró y se volvió a abrir. Está viejísimo. Cuando vino Eneko Goia -anterior alcalde de Donostia- le dije, ‘este foso es vintage’, y cuando me dijo que tenía xarma, le respondí, ‘pues de aquí salen las campeonas’». Ellas y unos 120 niños donostiarras, que un par de veces al año comparten estas instalaciones y terminan ondeando la bandera de La Concha en el balcón. Eguren no tira la toalla, tiene ideas, opina que hoy en día hay otras posibilidades: «En Galicia tienen mucha imaginación y algunos de sus fosos hasta tienen piscina».

En este continuo juego de llaves, visitamos incluso la ganbara, en la que a veces se dan charlas y tienen hasta pizarra. Frente al caserío, en el que se respira aire puro y cantan los pájaros, están los hangares. «Uno de los pabellones lo construyó el Ayuntamiento cuando la tripulación masculina ganó el Campeonato de España de 1992», comenta Eguren. En ellos guardan las yolas de Arraun Eskola, el material de banco móvil con sus remos numerados y las Lugañenes, las traineras del éxito. Por supuesto, hay un taller. «La infraestructura es vital para el buen funcionamiento. Nuestro proyecto siempre ha sido pedir unas instalaciones adecuadas a estos tiempos porque lo que tenemos está ya muy obsoleto y es complicado poder hacer algo en un río que no está bien; nos comen los árboles -necesitados de poda-, nos tenemos que desplazar con los chavales a Libourne o Legutiano para poder hacer entrenamientos de calidad. Pero, en ningún momento hemos pedido instalaciones para nosotros, nos gustaría que fueran municipales», afirma.

El caserío Lugañene, sede social del club donde guardan las banderas. (Jon Urbe | FOKU)

Cuenta Eguren que cuando el Donostia se fusionó con Arraun Lagunak, sus instalaciones se convirtieron en el gimnasio principal del club, aunque las chicas de la trainera entrenan en un gimnasio en Trintxerpe. Fue una apuesta que se hizo cuando la pandemia, por temas de contagios. «Etxabe -el entrenador- siempre decía: ‘Estas tienen que tener su espacio para ellas’. Nos cuesta mucho dinero, pero los resultados lo están avalando».

Además, está el local del Soto, en el muelle, que pertenece a Puertos y se usa para La Concha y para la regata de la Donostiarra. «Antes se utilizaba más; La Concha para entrenar en verano es horrorosa, está llena de actividades. Para poder trabajar la técnica, es mejor la bahía de Pasaia». En total, cinco locales, los que no tienen verja lucen repletos de grafitis por fuera y con fotografías de conocidos exremeros y frases motivadoras por dentro.

Los gastos, los seguros y el mantenimiento corren a cuenta de Arraun. Y aunque su filosofía es mantener todo lo suyo, incluso el foso, tienen un proyecto estilo Orio, salvando el caserío y abriéndose al río, que incluye salas polivalentes para que los vecinos de Txomin y Martutene puedan asistir a cursillos de distintas disciplinas. Algo que «encaje en el barrio», sugiere Eguren, aunque de momento este plan continúa en el cajón.

El foso «vintage». (Jon Urbe | FOKU)