Cine de verano I
Me gustan las citas de verano. Algunas más que otras, pero siempre tengo alguna con el cine. Cada año por estas fechas, alternando los títulos de tres en tres, cada seis días y en V.O.S (una iniciativa que bien podría mantenerse durante el resto del año), Golem acerca hasta sus salas parte de la cosecha cinematográfica más interesante recogida por festivales o circuitos “no comerciales”.
21 títulos forman parte de esta lista esperanzadora que nos da la oportunidad de conocer filmografías poco conocidas por estos lares. Desde el Cáucaso llega “Corn Island”, de George Ovashvili, y desde Estonia “Mandarinas”, de Zaza Urushadze. Cintas en las que apreciamos las huellas de los conflictos todavía no cicatrizados y que son parte de historias que emanan de una realidad lejana y algo desconocida. Casi tanto como la extraordinaria propuesta y obra póstuma del ruso Aleksey German. Tres horas de película, rodada y montada a lo largo de diez años, hacen de “Qué difícil ser un dios” una de esas rarezas para coleccionistas (doy fe).
“Clan Salvaje”, el segundo largometraje de Jean-Charles Hue, cine fronterizo a caballo entre la antropología, el documental y las películas de carretera, no deja indiferente al espectador con su fuerza audiovisual. En la selección, las peculiares (y algo flojas) “Maps to the stars”, de David Cronenberg, y “Nightcrawler”, de Dan Girloy, acercan la pasarela de Cannes hasta nuestras salas. Con espacio para los documentales, “Citizenfour”, de Laura Poitras; “Fabergé: A Life of its Own”, de Patrick Mark; o “Kurt Cobain: Montage of Heck son”, de Brett Morgen, completan esta programación que deja claro que, a veces, hay dónde elegir.

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