EDITORIALA
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Hacer efectivas las buenas intenciones

Las personas migrantes buscan, como todas, mejorar su modo de vida, y en general no precisamente porque este sea bueno, ni siquiera mínimamente digno. Sin embargo, en amplios sectores existe una percepción, absurda pero real, acrecentada y estimulada en tiempos de crisis, de que el objetivo de los migrantes es quitar puestos de trabajo, vivir a costa de los demás o, incluso, atacar al país al que acuden. Una percepción que casualmente obvia la aportación de la población migrante, en términos económicos, sociales y culturales, a los lugares de acogida.

Un informe ACNUR asegura que este año se podría superar la cifra de 60 millones de desplazados y refugiados, un triste récord en consonancia con el aumento y recrudecimiento de los conflictos en el mundo, pero no con la razón, la justicia y la ética. Esas personas tienen los mismos derechos que todas las demás pero no la suerte de poder ejercerlos. La suerte de nacer y vivir en un lugar del planeta en el que no haya guerra o miseria, en el que sus habitantes tengan aseguradas sus necesidades básicas, siquiera su supervivencia. Ese drama permanente no suele ser noticia porque se den pasos para paliar sus consecuencias, y menos aún para atajar sus causas, sino por algún suceso impactante al que siguen declaraciones compungidas y buenos propósitos incumplidos. Ayer, Día Internacional del Migrante, también fue una buena ocasión para manifestar esas buenas intenciones, incluso quienes participan directa o indirectamente en conflictos que contribuyen a aumentar el desastre humanitario.

La denuncia de este estado de cosas a menudo es tachada de demagoga. Hacerlo es un recurso muy socorrido para quien no está dispuesto, más allá de la pose ocasional, a buscar y considerar verdaderas soluciones. Todo lo contrario a iniciativas como la de Gasteiz Irekia, dirigidas a la concienciación social y la presión a quienes tienen el poder de procurar dignidad tanto a quienes se ven obligados a abandonar su tierra como a las sociedades que los acogen. Una labor que no se limita a un día al año.