Koldo LANDALUZE
CRÍTICA «Jupiter’s Moon»

El refugiado rampante

La clave más relevante de esta parábola o cuento moderno filmado por Kornél Mundruczó radica en su valentía a la hora de plantear una terrible realidad a través de los resortes del género fantástico. Si bien esta premisa resulta interesante debido a la insurgencia que siempre se le presupone a lo fantástico, el riesgo aumenta en proporción debido a que el espectador se queda en la difícil posición de quien debe asumir unas reglas expuestas por el cineasta y por muy peregrinas que estas puedan resultar. Ello se concreta en la odisea iniciática que emprende un refugiado sirio que en su intento por acceder por encontrar su lugar en el mundo es recibido con una bala. La herida, lejos de ocasionarle la muerte, le otorga un don atípico, la levitación. De esta manera, nuestro refugiado rampante adquiere una nueva perspectiva de la realidad cruda que le rodea a lo largo de su accidentada huida hacia adelante. Dotado de un discurso visual dinámico y técnicamente irreprochable, Mundruczó se escuda en estas bazas para sacar adelante un proyecto que vibra en cuanto la cámara filma metódicos planos secuencias –la escena prólogo de los refugiados que tratan de cruzar la frontera– o en instantes tan espectaculares como las persecuciones automovilísticas que en nada tienen que envidiar al fragor que otros cineastas expertos en cine de acción incluyen en sus filmes. Podría decirse que la principal garantía de la película se concreta en su puesta en escena, ya que en lo referente a su argumento este se pierde por diferentes laberintos existenciales que poco o nada ayudan a concretar la tragedia que sirve de excusa a la historia.

En este apartado asoman las principales carencias ya que, de repente, el médico corrupto co-protagonista adquiere una relevancia excesiva y acaba por eclipsar las posibilidades de una historia que hubiese merecido un tratamiento más acorde con las corrientes progresistas del género fantástico.