M.I.
EL INSTANTE MÁS OSCURO

Gary Oldman se transforma en Churchill

No es ninguna casualidad que en un mismo año hayan coincidido tres películas (“Churchill”, “Dunkirk” y “Darkest Hour”) sobre la figura histórica del famoso primer ministro británico y su intervención decisiva en la II Guerra Mundial, seguramente a colación de la política rupturista del Brexit. De los tres títulos mencionados el dirigido por el prestigioso y oscarizado Joe Wright es el que más pone el acento en la dimensión patriótica de Winston Churchill, al enfrentarse en solitario a Hitler cuando todavía no contaba con aliados. Se le rescata como ejemplo de líder populista, al que se echa de menos dentro de la presente coyuntura.

La apelación a su icónico poder simbolista queda de manifiesto con la elección de un actor para interpretarle que no guarda ningún parecido físico con el verdadero personaje, motivo por el cual Gary Oldman se ha tenido que someter a interminables sesiones de maquillaje, recurriendo a unas abultadas prótesis faciales. Pese a lo que su caracterización tiene de teatral y poco realista, su histriónica exhibición le ha valido de momento el Globo de Oro al Mejor Actor de Drama, y aparece como el mejor colocado para llevarse el Óscar. Le secundan Kristin Scott Thomas como su influyente esposa Clementine y Lily James como su secretaria personal Elizabeth Layton.