Mikel INSAUSTI
CRÍTICA «Greenland: El último refugio»

El drama familiar de la supervivencia selectiva

La audiencia que va a ver una película protagonizada y producida por el actor escocés Gerard Butler ya sabe más o menos con lo que se puede encontrar, y en general esa previsión o voto de confianza les garantiza que no van a salir defraudados o pidiendo la devolución del importe de la entrada. Butler, como muchos otras cabezas visibles del cine de acción, es una marca o franquiciado en sí mismo, y por eso tiene en nómina a realizadores impersonales que se limitan a hacer su trabajo con la profesionalidad suficiente, y de ahí que repita con Ric Roman Waugh. Este se pone a su entera disposición, para brindarle el espacio necesario de cara a su lucimiento personal en un papel hecho a su medida. Por lo tanto no necesita ser muy expresivo, lo mínimo para empatizar con el espectador, y es el propio rol paterno el que le otorga una dimensión emotiva, dentro de una película cuyo verdadero género ficcional es el del drama familiar, y lo de “catástrofes”, “distopía” o “survival” ya se da por añadidura.

Me gustaría aclarar que la preponderancia del drama familiar sobre cualquier otra de las opciones genéricas no se debe a una elección de tipo creativo, sino a una causa presupuestaria. Las producciones de Butler para el estudio STX nunca sobrepasan en su coste final la barrera de los treinta millones de dólares, por lo que tienen que medir bien su margen para la rentabilidad en taquilla. Quiere esto decir que “Greenland” (2020) nunca pretende ser tan espectacular como una película catastrofista de Roland Emmerich, debido a lo que más allá de las posibles semejanzas en los efectos CGI se inclina por trabajar más el lado humano de la historia.

Hay una familia en peligro que ha de enfrentarse a la supervivencia selectiva, ya que al tener un hijo diabético cuentan con menos números para pasar la criba que otorga los refugios disponibles en Groenlandia, una vez que la amenaza del asteroide provoca el caos general.