Recuerdos desde una tumba

Es tal el peso del legado de “Los Soprano” que eclipsa por completo las buenas intenciones de esta precuela que invierte la mayor parte de su metraje en recordarnos a la muy singular galería de personajes que creó David Chase para su mítica serie e incidir, sobre todo, en la gran influencia que ejerció Dickie Moltisanti en Tony Soprano.
Por estos motivos, “Santos criminales” es una película que gustará a los seguidores de la serie porque aporta multitud de claves relativas a lo que se vio en la pequeña pantalla, pero que cinematográficamente se queda en un incómodo territorio de nadie porque pasa por encima de cuestiones que, sin tener relación directa con la serie, quedan como un simple esbozo. Ejemplo de ello son los graves disturbios raciales que se escenificaron en más de cien localidades de Estados Unidos en el año 67, entre ellas Newark, donde tuvieron lugar unos enconados combates entre residentes afroamericanos e italianos que derivaron en una sangría de muertos y heridos.
Dirigida por Alan Taylor –un autor curtido en formatos de ficción como “Juego de Tronos”, “Mad Men”, “Boardwalk Empire” y “Deadwood”– y con guion del propio Chase, “Santos Criminales” es un filme que visualmente funciona muy bien y que tiene su logro principal en la elección del casting.
Entre las caracterizaciones, muy meticulosas, destacan las de Corey Stoll dando vida al rejuvenecido Junior Soprano, la que realiza John Magaro del indescriptible sicario Silvio Dante que encarnó Steve Van Zant en la serie y la que realiza un Michael Gandolfini que logra en
algunos momentos sobrecogernos dando vida al inolvidable personaje que encarnó su padre, Paul Gandolfini. Es una lástima que el filme tampoco haya sacado mayor partido a la explosiva relación de los padres del joven Tony Soprano, interpretados por Jon Bernthal y una excelente Vera Farmiga.

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