Raimundo Fitero
DE REOJO

Aserejé

Aguántame el cubata un momento, que esto lo arreglo en un plis plas. Al principio, en medio o al final del puente siempre existe una posibilidad de rectificar la dirección. La geopolítica cultural entra en fase resolutiva. Los misterios de la transmisión de ideas sobre el mundo a través de la música pop son más difíciles de descifrar que una receta de buñuelos anisados. ¿Cómo pueden influir las chicas del grupo pop Las Kétchup en el ánimo de las tropas polacas que están desplazadas en la frontera con Bielorrusia? Es más, comprendiendo la capacidad de análisis en profundidad de la historia y la filosofía de los polacos, ¿tendrá algún significado encriptado su canción de referencia, «aserejé, ajé, de ajé…» en el polaco continental? Se admiten tesis o memes. Una noticia de esta importancia situada en un punto tan caliente de la geopolítica como es esa frontera señala, nos coloca, una vez más en la torrentera imparable de la política líquida, las guerras híbridas y la música de militancia acomodaticia. Levantar el ánimo, reafirmar su patriotismo, ayudar a las tropas desplazadas a base de estos espectáculos dibuja una regresión vintage del uso de la propaganda militar, los símbolos identitarios acompañados, en este caso de unas salsas extrañas que convierten toda la esencia cultural en un recurso aleatorio para instaurar en el imaginario colectivo una noción de la modernidad atrasada. 

Según se han encargado de remarcar sus representantes, no actuaron solas, indican con énfasis que fue una actuación, no un concierto, compartieron vítores con otras artistas tanto alemanas como polacas, por lo que se trata de una decisión que supera la metodología política básica de concurrencia y se debe enmarcar en la deriva machista y reaccionaria de marcado tufo ultracatólico que supura el gobierno polaco actual.