Raimundo FITERO
DE REOJO

El resto de mi vida

Estoy hasta la coronilla del cambio de cabeza de una corona imperial. ¿De verdad los programadores de televisiones, radios y los directores de periódicos actúan pensando en su clientela o este exceso es por seguir la senda de los ornitorrincos? Está claro que existen imbéciles coronados, oportunistas que recurren a su incapacidad política para suplantar su insignificancia con el ridículo antiespañol porque la reina Isabel II lo era también de Gibraltar, léase, Ayuso y Bonilla, las dos almas de la misma caradura de la banda de Feijóo que declaran tres días de luto en sus comunidades, Madrid y Andalucía, cuando no les corresponde por ser un asunto e Estado.

Escuchar, leer, visionar vídeos, tertulias, columnistas, es frecuentar el muro de la angustia vital, provocarse heridas de lesa congruencia política, alcanzar las cuotas más abruptas del agropop con ínfulas de especialistas por el hecho de ser bebedor de gin tonic, no por analizar la historia reciente, ni la más próxima. Se trata de contribuir al espectáculo con ocurrencias o elevadísimas reflexiones como un tertuliano que aseguró que el reinado de Carlos III de Inglaterra sería más corto que el de su madre. Un genio.

El propio nuevo rey del Imperio viene a corroborar al tertuliano ya que en su discurso asegura que será rey “el resto de mi vida”, asunto que viene a prevenir a sus sucesores para que se vayan entrenando en el arte de no hacer nada, como papá, por unas décadas. Aunque quizás ya estén entrenados en esa abrumadora labor. En Francia lo solucionaron ejemplarmente hace unos siglos con bastante eficacia.