Raimundo FITERO
DE REOJO

Colocado a mano

Parece ser que es un acicate, una muestra de producto de calidad poner en el envoltorio de material plastificado una leyenda tan ingenua como «colocado a mano». Lo que sucede es que, si lo se han colocado en el envase de un derivado de cerdo como es el jamón es de una calidad mediana, la confusión se acerca al engaño, porque uno lee en primera visualización «cortado», lo que, si se ha hecho así, añade un supuesto valor al material al comestible. Esto lo he vivido en primera persona en una famosa cadena de supermercados. No sé si las demás también usan este abuso de confianza, ya que se coordinan muy bien estos distribuidores para ponerse de acuerde en muchos asuntos que no van a favor de su clientela, como es eludir la repercusión de la bajada del IVA en sus productos.

Ese colocado, bien conjugado, abre muchas más expectativas, porque si se considera un valor como para reseñarlo, quiere decir que la inmensa mayoría de los productos comestibles elaborados que compramos e ingerimos no conocen la mano humana en casi ninguna de las partes de su proceso. Quienes tenemos el vicio confesado de ver esos reportajes de varias cadenas donde nos enseñan cómo se hacen desde una chistorra industrial, hasta los neumáticos de los tractores más grandes, sabemos que existen muchos productos de consumo cotidiano que se elaboran con la mano humana dedicada casi en exclusividad a darle a los botones de una maquinaria que alcanza eficacia sobrenatural. Esos publirreportajes muy apañados provocan una duda más que razonable sobre algunos hábitos alimentarios muy mecanizados.