Qué se puede hacer en invierno
Mientras se anuncia la cuarta ola de calor, se van sucediendo acontecimientos de interés variable en los Juegos parisinos, Puigdemont emprende su camino a Catalunya en lo que se anuncia como un día de una intensidad informativa superlativa que puede opacar cualquier otra circunstancia noticiable. Jordi Figuerola, un médico especialista en la fiebre del Nilo que está creando una auténtica paranoia en algunas zonas andaluzas con muertes y poblaciones con síntomas y problemas directos, nos recuerda algo que afecta a tantos y tantos asuntos con una frase redonda: «los mosquitos infestados se matan en invierno, cuando muere gente ya es tarde».
Los incendios salvajes se previenen en invierno, desbrozando las zonas boscosas sensibles para que no crezcan desordenadas en primavera, no cuando esos ramajes se han convertidos en teas, en material combustible de primera magnitud y la catástrofe está provocada. Las vacaciones festeras y amables se trabajan en invierno estudiando para sacar todas las notas precisas para avanzar en tus estudios, o ahorrando para poder pagarte el pack turístico en el mediterráneo oriental. Y así hasta que podamos sucumbir al influjo de todos los calendarios zaragozanos que tanto bien nos hicieron ante la angustia del refranero impúdico.
Prevenir debería ser el concepto franciscano ante el provenir incierto. Atender a un mañana que puede llegar, como hacen los jugadores de ajedrez, deporte que no es olímpico, quizás porque no es televisivo, aunque parece ideal para practicar en los inviernos severos o veranos calurosos.

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