Feliz 2025
Dicen que la Navidad se ama o se detesta, pero diría que también existe ese tipo de personas que la toleran. Recuerdo como si fuera hoy el día en el que nos congregaron a unos cuantos becarios y becarias de Radio Euskadi para participar en un programa y que debatiéramos en torno a las fiestas navideñas. Fui el Grinch y argumenté pormenorizada y vehementemente por qué no me gustaba la Navidad. Con medio siglo a mis espaldas, sigo pensando igual, aunque los años, las hijas, me han ablandado un poco y las he disfrutado a través de ellas y sus fantasías.
Dicen que fue Charles Dickens el que inventó el espíritu de la Navidad que desde los países al norte se ha exportado al mundo. Menos mal que no ve en lo que se ha convertido ese espíritu en algunos lugares y momentos. Sobre todo en su frecuentado Londres, donde descubrió los implacables efectos de la revolución industrial en la clase trabajadora hacinada en condiciones insalubres, una ciudad en la que la miseria y las condiciones de vida para la mayoría de sus habitantes eran infernales. Londres se ha transformado y alrededor de su área de negocios cimentada en rascacielos y restaurantes impolutos sigue existiendo la ciudad de Dickens ,con sus aceras rotas y sucias, sus gentes sin hogar y los proletarios que subsisten amontonados en casas compartidas, también por Navidad. Es imposible desligar la felicidad de unos de la explotación de otros. Feliz 2025.

«Basoez hitz egiten dute, baina basoa suntsitzen dute landaketa sartzeko»

«Dirigiremos Venezuela hasta la transición», proclama Trump

Iban Apaolaza presoa hilik aurkitu dute Aiako Harrian

El robo del año no ha tenido lugar en el Louvre, sino en Spotify
