Fermin Munarriz
Periodista
TXOKOTIK

Papel reservado

Cuando todavía resuena el eco por el espionaje masivo y los debates sobre los límites del control de los estados sobre la población, llega Navarra y asombra al mundo. Otra vez.

En realidad, quien llega es la Guardia Civil, que hace suyo sin pudor el acoso, con el informe «Influencia de la izquierda abertzale en la red de la enseñanza pública de la Comunidad Foral de Navarra». Se prestaría a mofa si no fuera tan grave lo que implica: el espionaje ilegal al servicio de la estrategia electoral de una fuerza política, UPN, y por extensión, del unionismo español. En otras palabras: triturar derechos democráticos para la ventaja de un clan, empleando, además, un cuerpo del Estado.

Dicen que es un estudio «reservado», pero fue convenientemente remitido a cierta prensa española para divulgar la idea fuerza de que «ETA se infiltra en la escuela navarra» y de ahí derivar consecuencias políticas. Según uno de esos medios, «no se trata de un informe operativo dirigido a las autoridades para que actúe la Justicia». Luego, si no es una investigación judicial, ¿a qué y a quién obedece indagar la adscripción política de 1.652 profesores? ¿Quién responde de la elaboración de esas listas negras de ciudadanos en el ejercicio de su actividad laboral?

Para esparcir la idea de la perversidad abertzale y su proyecto de «instrumentalizar la educación», la Guardia Civil hurga en la vida privada de los ciudadanos (supuesta adscripción política, filiación sindical, actividad social, vínculos familiares y de amistad...), pero para llegar a sus números y porcentajes, obviamente, ha tenido que investigar a todos los docentes, de cualquier filiación y hasta incoloros... También. Todos y todas.

El espantajo llega en el momento más bajo de UPN, cuando todo le augura el riesgo de perder el Gobierno ante el avance abertzale. A falta de razones con las que retener respaldos, Barcina necesita activar a sus fieles mediante la inquietud, asustar a los vacilantes sacudiendo el miedo, y desgastar a sus adversarios con la difamación y la amenaza, desprestigiando la enseñanza pública y asociando euskara con conflicto e imposición.

Pero, además, Barcina necesita definir un enemigo y pretextos para justificar su hostigamiento a todo lo que suene a vasco. ¿Recuerdan aquel mitin electoral ante una pintada de ETA recién hecha? Hoy la pintura es sobre papel reservado.