Joseba VIVANCO
Mundial | El pase a cuartos se decide desde los once metros

Réquiem por «la Roja»

Chile se despide del Mundial con la cabeza alta ante una Brasil que sin meter miedo sigue firme su camino.

Acongojante. Permítanme el eufemismo. Escuchar a capella y bramado desde las entrañas del corazón el himno chileno por boca de 7.000 `rojos' en la grada del Mineirao, ver a Gary Medel o Arturo Vidal con ese corte de pelo marcial y acordarse de `Magua', el `malo' de la peli de ``El último mohicano''... Acongojante. Por mucho que la grada canarinha chiflase en un gesto de mal gusto. Toparse con ellos en la medular del campo y encaminarse dirección a vestuarios a cambiarse de pañal, todo uno.

Nada que ver con los `looks' de Neymar o Dani Alves, y eso que contemplar a David Luiz y al banquillo brasileño destrozar a pulmón partido el himno de su país sin música de fondo, es venirse uno arriba. Qué Mundial. Qué sensaciones. El historiador francés Pierre Milza -estudioso del fascismo europeo- sostenía que los Mundiales de fútbol fueron, y siguen siendo, la instancia donde la relación entre fútbol y nacionalismo adquiere su máxima intensidad. Allí, el enfrentamiento entre dos selecciones se asemeja a una «guerra ritualizada que apela a emblemas nacionales (himnos, banderas, presencia de los presidentes) y recurre a metáforas guerreras: atacar, tirar, defender, capitán, territorio, táctica, victoria...». Sus himnos, sus colores, sus banderas, sus pinturas de guerra... Y eso que el peinado del inglés Howard Webb -cuerpo esculpido de `tronista' al margen- era el mejor de los 23 que estaban sobre el césped. Brasil-Chile. Chile-Brasil. Se viene el Mundial. Solo podía quedar uno.

La Seleçao jugando en casa. Ante los suyos. Llevaba 61 partidos no amistosos seguidos sin perder en su feudo, desde un 1-3 contra Perú ¡en 1975! Los once titulares de Brasil acumulaban 41 partidos de experiencia en un Mundial; entre los once de Chile, 54. Trepidante inicio, ritmo desbocado... Aquí no hay penalti a Hulk al minuto 12 de un eléctrico partido. Chile respira, observa al colegiado. Vuelve a respirar. Sigan, sigan, se le supone al referee en perfecto inglés.

No había manera. El mostacho de Fred no podía con las `palomitas' y puños de Claudio Bravo. Cada esférico a favor del país anfitrión era coreado por el graderío como si de un campo inglés se tratara. Ilusión. Neymar jugando en el patio de su casa retando a carreras al Gato Silva, pero tuvo que ser a balón parado, el chileno Jara en propia puerta, pasado el cuarto de hora, el que colaborara en un córner en contra para favorecer al primero de Brasil. Copacabana enloquecía. Chile enmudecía. Bielsa se revolvía. ¡Sampaoli! Demasiado terreno, demasiado balón cedía `la Roja sudamericana' que decían en el día de ayer `Los Manolos' de `Cuatro'.

Brasil sufre, Chile se crece

Trepidante. Neymar destrozando en cada carrera a un Silva que tiraba del «pasa palabra», Neymar marrando su primera ocasión, Fred abriendo el debate en cada jugada de por qué le trajiste Felipao... y gol de Chile a la primera que tiene. Se viene Chile, se viene Alexis Sánchez, quién si no, el `Expreso de Tocopilla'. Suena en nuestras cabezas el «dulce Patria, recibe los votos con que Chile en tus aras juró que o la tumba serás de los libres o el asilo contra la opresión». Chile toma aire. Brasil se rearma para disimular su `flandez' defensiva.

Chile cede terreno, imperdonables errores en la medular, pero a punto está de firmar el 1-2 en los pies de Aranguiz, casi antes del descanso. Final de la primera parte. ¡Qué rápido! ¡Qué pena! Fred con bigote a lo Toninho Cerezo y todo lo demás a lo Serginho, que diría un buen amigo. Este cuento no acabó. Se viene el segundo acto. ¿Qué fue de Vargas, qué fue de Vidal, qué fue de Fernandinho? «Vamos Chile, vamos Chile», se escucha nítido en el túnel de vestuarios. Y bronca. «¡Se agarraron mal en camarines! empujones, manotazos y jefe de prensa de Brasil le pegó un combo en la cara a Mauricio Pinilla», tuitea un periodista chileno. Neymar se cambia de botas. Veremos.

A los penaltis

Comienza la cuenta atrás. Chile aprieta. Brasil parece España. No está mentalizada para sufrir. Sufre la torcida. Claudio Bravo ni se inmuta. El pecho de Hulk se hace mano y marca un gol anulado. Pero para pectorales los chilenos. En Brasil sale Jo arriba, que una vez marcó un gol en la Premier y ni siquiera se ha ganado el sufijo de ninho. Tarjeta amarilla para Luiz Gustavo. Se pierde los cuartos. El peón de Scolari. Brasil tocada. Julio César salva el pase a cuartos en la mejor triangulación de Chile. Minuto 63. Que el ritmo no pare. De Marcelo a Alves y balón para Chile. Pitos. Brasil regala. Chile cree. Huele a prórroga. Y si no a 1-2. Jo la tiene... o la tenía. Minuto 74. Hasta el `Fenómeno' Ronaldo lo haría mejor. O Romario tras una noche toledana. «Hoy murió el fútbol», sentenció el último gran `10' de Brasil, Zico, tras aquella derrota 3-2 ante Italia en España'82 en Sarriá. Murió Brasil.

Diez minutos para el pitido final. Chile cede. Coge aire. Brasil, sin querer, la tiene por dos veces seguidas. Pero ahí está ¡Bravo! Sampaoli parece el perro atado a la cadena de la caseta. ¡Hulk! Ese jugador pretoriano la rompe y ¡Bravo! responde con un sotamano. Ter Stegen apaga el televisor. «Si Garrincha saliera de su tumba para ver que su camiseta `7' la usa Hulk, se pega un tiro en cada rodilla y se cuelga del Cristo de Río», comenta alguien. Arturo Vidal está tieso. Chile sufre. Pánico a perder. 69% de precisión en el pase de Brasil, el más bajo de la Canarinha en un partido mundialista desde 1966. Solo puede quedar uno.

Minuto 90. El partido se juega a vida o muerte en el banderín de córner. Dos minutos de prolongación. Tres. Kilómetros recorridos: Brasil 104,04; Chile 110,89. Prórroga. Seis prórrogas de Brasil en la Copa Mundial: ganó una en 1938 y empató las últimas cinco. Brasil aprieta, Claudio Bravo sostiene. Pasan los minutos. Jugadores fundidos. Jo le hace al exguardameta de la Real la del holandés De Jong a Xabi Alonso. Tarjeta canarinha. Calor.

El resultado sigue inalterado que no inalterable. Descanso. Últimos quince minutos. Todo sigue igual. Todo menos Gary Medel. El espartano de Sampaoli. El Pitbull dice basta. Épico. Chile está roto. Su camiseta transpira sangre. Defiende al borde del área. David Luiz juega casi de extremo. Se vienen los once metros... ¡Con permiso de Pinilla, que la revienta al larguero en el 119! Final. Penales. Como diría el argentino Carlos Tévez, «si hay un penal, le apunto a la cabeza al arquero y se la saco». Thiago Silva reza, Julio César llora. Pinilla falla. William también. ¡Y Alexis! Mete Marcelo, anota Arangiz. Le toca a Hulk... Al centro ¡y Bravo! I Love this game! Díaz a la red. Se viene Neymar. 22 añitos. La historia le observa. Gol. Jara la rompe... al poste. Neymar llora. Chile solloza. A veces los perdedores ofrecen más que los ganadores.