30/01/2015

EDITORIALA
Fecha para responder por el euskara

Periódicamente se escuchan denuncias de marginación del castellano, por ejemplo, frente al euskara. No pasa de ser un chiste de mal gusto, pero en realidad se trata de una actitud acompañada de constantes ataques a cualquier avance en la normalización de la lengua vasca. Esos ataques tienen nombres propios, algunos destacados, como Carlos Urquijo y Patrick Dallennes, delegado del Gobierno español en la CAV y subprefecto de Baiona, respectivamente, o los de los responsables del Gobierno de Nafarroa. Pero tras ellos se encuentra la decisión de dos estados, el español y el francés, de impedir esa normalización.

El euskara ha pervivido a lo largo de los siglos por encima, o por debajo (sasi guztien azpitik eta hodei guztien gainetik), de prohibiciones y marginación, de la constante y casi siempre devastadora influencia de otras culturas y lenguas más poderosas por medio de sus estructuras de poder. Esa situación ha sido más o menos acusada en los diferentes periodos históricos, y la injerencia exterior, materializada en las trabas a su desarrollo, continúa tal cual. El acoso a las ikastolas de Ipar Euskal Herria o la discriminación en Nafarroa Garaia es muestra de una indisimulada aversión a la lengua vasca, pero también lo es la intromisión donde tiene el estatus de lengua oficial, ya sea contra los planes lingüísticos municipales o la decisión de emitir las actas en euskara, entre otros muchos ataques.

Resulta imposible retener todas las fechas de esos ataques, pero no lo es retener una sola, el 28 de febrero, para decir basta. Basta de impedimentos, de prohibiciones, de marginación, de tratar de relegar la lengua de este país a una hornacina. Ya es hora de dotarla de todos los medios necesarios para que sus hablantes puedan ejercer los mismos derechos que los de cualquier otra. Una fecha, propuesta por Kontseilua, para mostrar un compromiso que también deberían hacer suyo los agentes políticos y sociales y las instituciones de este país, al menos al mismo nivel que la ciudadanía.