Raimundo Fitero
DE REOJO

Reflexología

Pongamos que tenemos unos pies en la cabeza y que es necesario activarlos con cremas, masajes, aguas perfumadas, golpes de agua fría y caliente. O sea, más o menos lo que hacemos a base de kalimotxo, té verde y tempranillo en maceración carbónica o chardonays bien fríos con lo que teóricamente tenemos debajo del cuero cabelludo, entre las orejas, justo antes de que empiece la cavidad bucal. Por eso reflexionar en previa electoral es una manera de organizar el mercado de votos.

Habría que decirle a Cake Minuesa de Telemadrid cuando se queja de que a él le llaman facha por hacer, supuestamente, lo mismo que hace Jordi Évole, «idiota es el talento». Y es que el tal Cake, lo único que hace es gamberrismo facha, ultra, molestar, seguir consignas, no tiene ni un momento de chispa, de iniciativa. Lleva el mismo guión que Rafael Hernando, uno de los grandes desprotegidos por el reparto de inteligencia. El cuerpo hueco que contiene un saco de muñecos y ratas histéricas que repite un compendio de insultos zafios y variados.

Compararse con otros para mejorar es un buen truco de comunicación. ¿Quién quisiera compararse con el ministro Montoro? Ni un comediante de cabaret barato, ni siquiera un buen católico como se declara puede competir con este personaje real, enquistado en todos los intersticios del control del dinero público para el uso privado. Los de la banda del PP deberían ser expulsados de todos los templos por mercaderes, porque la comparación con Cáritas es una de las grandes blasfemias dichas en los últimos siglos. El Papa Francisco debería intervenir.

En días de reflexión y de comparación de autobombo y autoexculpación se nos va el incomparable Moncho Alpuente, periodista, cantante, teatrero, comunicador, cómico. Un infarto ha sido el causante. Desde «Las madres del cordero», hasta «Desde Santurce a Bilbao Blues Band» pasando por cientos de propuestas. Un gran tipo. La suya era una mirada ácrata sobre una realidad oscura. Hizo televisión, radio, escribió en periódicos y revistas. «A beneficio de los huérfanos, los huérfanos y los pobres de la capital», cantaban con ironía hace décadas para denunciar la caridad corrupta. Reflexología.