Aitor AGIRREZABAL Edimburgo

Escocia, ávida de información para decidir su futuro

Nuestro voto va a ser un voto racional. No será un voto romántico». Luke, periodista escocés, sintetiza así la campaña de cara al referéndum del 18 de setiembre de 2014. Compara el caso con un posible referéndum en Euskal Herria, donde cree que el voto sentimental por la independencia tendría tanto o más peso que el racional.

Y es que el resultado de la consulta parece estar en manos de los todavía indecisos, una masa que ronda el 30% de la población con derecho a voto de Escocia. Gran parte de esta masa se siente desinformada acerca de lo que una posible independencia podría traer y el miedo a lo desconocido resta opciones a la campaña del Sí. De hecho, es la estrategia que la campaña del No está llevando a cabo.

En este sentido, el Scotish National Party publicará el próximo 26 de noviembre el Libro Blanco, una especie de hoja de ruta que propone el actual Gobierno escocés a partir de un resultado afirmativo en el referéndum y las primeras elecciones de una Escocia independiente. Los escoceses se sienten desinformados en temas financieros, educativos, legislativos o sanitarios, y son estos, entre otros muchos interrogantes, los que la «Carta Magna» deberá responder.

El futuro de la divisa

Uno de las inquietudes reinantes es la discusión monetaria. ¿Se mantendrá la libra? ¿Escocia deberá crear una divisa propia? Todo ello después de que, aparentemente, el euro esté totalmente descartado. Del mismo modo, el Gobierno escocés ha señalado que no puede garantizar que se mantenga la unión monetaria con el resto de Gran Bretaña.

Al sur de la frontera, el Gobierno de Westminster asegura que será muy difícil mantener un pacto de divisas al estilo eurozona. Alex Salmond, por su parte, afirma que pueden y quieren mantener la libra «porque es la moneda del Reino Unido pero también la de Escocia». Además asegura que sería beneficioso para ambos estados.

Desde la campaña por el Sí aseguran que una Escocia independiente podría crear una sociedad más justa. En este sentido, un estudio realizado por la universidad de St. Andrews sostiene que la desigualdad salarial va en aumento en Escocia, y todavía más al sur de la frontera. Según este estudio el 1 % de Escocia gana la décima parte de todos los ingresos del país. La independencia, según la campaña favorable al nuevo Estado, permitiría crear una sociedad más justa. El primer ministro escocés también ha anunciado recientemente su intención de renacionalizar el servicio postal, privatizado hace unas semanas. Esto unido a la crisis salvada de la central petroquímica de Grangemouth donde se salvaron 800 puestos de trabajo, y a la pérdida de 835 puestos en los astilleros de Govan, al sur de Glasgow, ha puesto en el punto de mira los procesos de globalización y privatización, otro tema al que también debería arrojar luz el Libro Blanco.

Salmond, igualmente, ha mostrado su intención de abolir la «bedroom tax» o impuesto dormitorio, que grava las habitaciones vacias de cada casa. Esta medida ya creó disturbios en toda Gran Bretaña cuando Margaret Tatcher la puso en funcionamiento.

La economía familiar es el primer punto que preocupa, y la sostenibilidad de la economía de un nuevo estado es clave en ello. En este sentido, el Gobierno escocés defiende su mejor respuesta a la crisis, con respecto a Westminster. Los limitados poderes que tiene el Gobierno de Holyrood, en Edimburgo, han permitido suavizar las políticas en cuanto a gastos sociales y servicios públicos que ha impuesto Londres y se muestran convencidos de que una ampliación de esos poderes, en los que no dependan en absoluto de las políticas de Gran Bretaña, permitiría mejorar la situación económica individual de los escoceses.

Pero temas de índole política también preocupan al votante. Entre ellos está la monarquía. Muchos escoceses, dispuestos a emitir un voto favorable a la independencia, se sienten representados por la Casa Real, y sobre todo por la reina Isabel II, monarca parlamentaria de 16 estados. Inmigración o defensa también deben estar en la agenda del Libro Blanco.

El próximo miércoles se presentará el Libro Blanco, que debería mitiar la falta de información que achacan a la campaña por el Sí y una nueva etapa se abrirá en el camino al referéndum. Un libro de respuestas que podría dar la vuelta a las encuestas que afirman que, por el momento, cerca de un tercio de los escoceses votará por la creación de un nuevo estado.