
El invierno ha llegado a Gaza en forma de frío y lluvia y ha puesto de manifiesto la situación en la que viven muchos de sus vecinos. Tras los bombardeos israelíes entre julio y agosto 2014 dejaron muchos hogares reducidos a escombros, y cientos de familias se tuvieron que refugiar en unas precarias intalaciones de metal, en los que siguen a día de hoy.
Durante esta semana, lluvias torrenciales han golpeado el enclave costero y rodeado o inundado algunas de estas estructuras metálicas que se introdujeron en la franja tras pasar los estrictos controles de seguridad de Israel.
El ministro de Vivienda y Obras Públicas de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mofid al Hasayna, dice a Efe que los donantes sólo han dado el 30% del fondo que debería ayudar a solventar la crisis causada por la pérdida de 12.000 viviendas y los daños parciales a otras 30.000 en el conflicto, según datos de la ONU.
«Desafortunadamente, el plan de reconstrucción va muy despacio por la falta de financiación internacional y el lento mecanismo de envío de materiales de construcción a través de los pasos fronterizos controlados por Israel», evalúa Al Hasayna.
Los equipos de rescate municipales o patrocinados por la cooperación internacional no han podido ayudar a todo el que lo ha precisado durante estos días por la escasez de materiales de todo tipo, de electricidad y de combustible.
Sin muchas opciones, gran parte de la población decide mantenerse en el interior de sus viviendas, algunas escuelas han sido cerradas y las calles mojadas están casi vacías.
La agencia de la ONU para los refugiados palestinos, ha anunciado la aportación de una ayuda de emergencia a 500 familias para combatir el temporal de frío ya que, «aunque no ha causado heridos, las infraestructuras afectadas así contribuyen al sufrimiento de la gente».
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