
Solo los acontecimientos clave del proceso independentista catalán han generado mayor expectación en el Parlament que la visita que el secretario general de Sortu, Arnaldo Otegi, realizó ayer. La concentración de medios de comunicación que se amontonó sobre la escalinata de la Cámara catalana recordó a citas señaladas como la Declaración de Soberanía del 2013 o los intensos plenos previos a la consulta del 9 de noviembre de 2014. Para bien o para mal, la presencia de Otegi monopolizó ayer la actualidad catalana, por encima de la prohibición de la estelada en la final de la Copa o de la reunión entre De Guindos y Junqueras.
Tanto fue así que Otegi se coló desde primera hora de la mañana en el pleno del Parlament, gracias al líder del PP, Xavier García Albiol, empeñado en dibujar cuernos y rabo al dirigente independentista vasco. Pero Albiol se pasó de frenada y tuvo que ser el mismo president, Carles Puigdemont, el encargado de pararle los pies. A su pesar, pues no es ningún secreto que el Govern esperaba poder pasar de puntillas sobre la visita de Otegi.
Puigdemont acusó a Albiol de insistir en «una apropiación del dolor de las víctimas» y apuntó al centro de la diana al recordar el fondo de la cuestión: «El señor Aznar dijo que en ausencia de violencia se puede hablar de todo. ¿Se puede hablar de todo, señor Albiol?». Apenas dos horas después de la pregunta del president, la delegada del Gobierno español en Madrid, Concepción Dancausa, prohibía la entrada de esteladas en la final de la Copa del Rey entre el Barça y el Sevilla, que se jugará el domingo.
Otegi, yihadismo y Corleone
La pasada de frenada se confirmó con los representantes de algunas víctimas, invitadas el martes in extremis por el PP. Desde la sala de prensa del Parlament, el presidente de la Asociación Catalana de Víctimas de Asociaciones Terroristas (ACVOT), José Antonio Vargas, no tuvo reparos en asegurar que si ayer recibió a Otegi, la presidenta del Parlament, Carme Forcadell, podría mañana recibir a «los yihadistas de París, a José Bretón, Vito Corleone o José Amedo». «No lo entendemos», aseguró fuera de micrófono un miembro del equipo de Forcadell. El rebote por la visita de Otegi llegó al punto de que la presidenta de la Fundación de Víctimas del Terrorismo, Mari Mar Blanco, rechazó reunirse con Forcadell para impedir que «se lave la cara». Una reunión reclamada, por cierto, por Ciudadanos.
Fuera de los muros del Parlament, la expectación generada por la visita de Otegi se evidenció también en el seguimiento de la entrevista que la periodista Mònica Terribas le hizo a primera hora de la mañana en Catalunya Ràdio y, sobre todo, en la cantidad de gente que se reunió al atardecer en el recinto Fabra i Coats del barrio barcelonés de Sant Andreu, que se quedó pequeño para escuchar las palabras del dirigente independentista.

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