
Mari Jose Bravo fue una estudiante de 16 años cuyo cuerpo sin vida fue hallado el 8 de mayo de 1980, horas después de su desaparición. Había sido violada y posteriormente golpeada en la cabeza hasta la muerte. Su novio, Francisco Javier Rueda, también fue fuertemente golpeado y sufrió graves secuelas físicas. Falleció 8 años más tarde.
El ataque fue reivindicado por el ultraderechista Batallón Vasco Español, que argumentó que ambos jóvenes tenían relación con ETA. Nunca fue investigado, ya que las pruebas «desaparecieron».
Ahora el Ayuntamiento de Donostia colocará una placa en su recuerdo. Será en la plaza Latsari de Loiola, junto al río Urumea y frente a los cuarteles, este sábado al mediodía.
La de Bravo será la duodécima placa instalada por el Consistorio donostiarra para «dar visibilidad en el espacio público a las víctimas del terrorismo y la violencia política».
Hasta la fecha, ocho placas han correspondido a víctimas de ETA, dos a víctimas de los Comandos Autónomos Anticapitalistas, y una, la de la niña Begoña Urroz, a víctimas del DRIL.

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