Koldo Landaluze
Especialista en cine y series de televisión

‘Monty Phyton. Autobiografía’: Vida, obra y milagros de seis irreverentes irrepetibles

El día en que el surrealismo esbozó una sonrisa con monóculo y bombín, la grisura del paisaje británico cambió para siempre. Cincuenta y dos años después de su fulgurante irrupción, los geniales Monthy Phyton han participado en una autobiografía en la que revelan su apasionante trayectoria creativa.

'La vida de Brian' supuso el mayor logro creativo de los geniales Monty Phyton. (HandMade Films)
'La vida de Brian' supuso el mayor logro creativo de los geniales Monty Phyton. (HandMade Films)

Graham Chapman, Terry Jones, John Cleese, Michael Palin, Eric Idle y Terry Gilliam se conjuraron para subvertir la flema británica y amplificar las posibilidades de un modelo cómico que tornaron en universal.

Una odisea creativa que sus seis irreverentes tripulantes compartieron a bordo de Monty Phyton, un barco que nunca tuvo clara su idea de llegar a buen puerto, y que han plasmado en un muy personal libro de a bordo titulado de manera muy funcionarial, porque el humor siempre fue una cosa muy seria, como ‘Monty Phyton. Autobiografía’, editado por Los libros de Kultrum.

Mediante redoble de tambor, en mitad de una aldea medieval, un pregonero con aspecto de Michael Palin se dirige a la concurrencia que le rodea en estos términos: «Es esta, y no otra, proclámese con toda la pompa, la autobiografía autorizada por sus autores –y desautorizada por sus protagonistas y delatores–: la oficial, la jibarizada, la más asequible y, sin duda, ‘completamente diferente’ a cualquier edición anterior de la misma. Un feliz arrebato de impudicia testamentaria que da noticia, a menudo con versiones de lo más contradictorias y dispares, de cuanto brotó de las muy enfermas mentes de tan mal avenido, irrepetible y añorado sexteto».

Tal como llegaron, las gentes del lugar se alejaron de pregonero que ha sido tomado por loco porque nadie en su sano juicio está por la labor de invertir su tiempo en seguir la travesía de seis lunáticos que cambiaron para siempre el humor.

A través de una nota, los Monty Phyton se han sumado a este cuento medieval inconcluso recordando que «cuenta la leyenda que en 1969 d.B. (después de Brian), seis ingleses (bueno, uno era galés… y se coló en el cenáculo también un polizonte estadounidense) se dieron cita en el restaurante Light of Kashmir de Hampstead, en Londres, para acometer la redacción a doce manos del guion de una comedia televisiva por encargo de la BBC, y para tan noble fin decidieron escudarse tras la figura de un imaginario agente teatral sin escrúpulos, poco fiable y no menos fanfarrón que atendería al nombre de Monty Python».

De esta manera surgió la comedia televisiva ‘Monty Python’s Flying Circus’, calificada en la autobiografía editada por Bob McCabe como «una desopilante serie zurcida a base de ingeniosas recreaciones, bullas inconexas, delirantes barbaridades y toda suerte de inanidades y animaciones preinfográficas que deformó, trituró y reescribió las reglas de la comedia televisiva británica».

Cuarenta y cinco programas televisivos de media hora y tres películas, a las que se les puede unir dos más creadas a partir de recopilaciones de sketches de la serie, bastaron a los Monty Python para sentar las bases de un nuevo orden en el mundo del humor audiovisual.

Eruditos de lo absurdo

El sexteto dinamitó las bases de la comedia tradicional y construyó los cimientos del humor moderno con su inigualable mezcla de erudición cultural, comicidad verbal, delirio visual, surrealismo animado, canciones satíricas y escenas en las que imperaba lo absurdo.

De todo ello se habla en esta autobiografía que narra las peripecias vitales de cada uno de los miembros de la mítica compañía a partir de las entrevistas realizadas por Bob McCabe a Graham Chapman, John Cleese, Terry Gilliam, Eric Idle, Terry Jones y Michael Palin.

Su revolucionaria aportación a la historia de la comedia ha sido a menudo equiparada a la conmoción que los Beatles provocaron en la paisaje musical. Incluso el propio beatle George Harrison –gran amigo de los Python, en especial de Eric Idle– señaló a los seis cómicos como los verdaderos herederos del espíritu del no menos legendario cuarteto de Liverpool.

Según los propios Python, para llevar a cabo sus propuestas se organizaban reuniones periódicas cuyas decisiones afloraban mediante un proceso asambleario, lo que provocaba constantes enfrentamientos entre los integrantes del grupo. Esa tensión interna, verdadero motor creativo del sexteto en sus primeros años, fue minando la cohesión del equipo hasta conducirlo a su final.

El desaparecido Graham Chapman tuvo que enfrentarse a su alcoholismo; Cleese fue perdiendo el entusiasmo y buscando vías de expresión fuera del grupo, lo que irritaba a los otros, y Gilliam desquició a todos con su maníaca dirección de actores en ‘Los caballeros de la mesa cuadrada y sus locos seguidores’. El propio Gilliam lo resumió en estos términos: «Me había pasado tanto tiempo encerrado en un cuartito minúsculo, rodeado de recortes de papel, que había olvidado cómo tratar a la gente».

Un ‘milagro’ llamado Brian

El guion de ‘La vida de Brian’ fue terminado en enero de 1978 y la discográfica EMI fue la productora que inicialmente apostó por trasladarlo a la gran pantalla. Los Monty Python ya habían invertido 50.000 libras para llevarlo a cabo pero en cuanto Bernie Delfont, presidente de EMI, leyó el guion canceló el proyecto.

Por fortuna, Eric Idle le había pasado un borrador a George Harrison, el cual le dijo: «¿Sabes Eric? Me gustaría ver esta película. Yo pondré el dinero». Harrison hipotecó su casa, creó la productora HandMade Films e invirtió en el proyecto cuatro millones de libras.

El resto forma parte de una leyenda que ha sido desglosada con total alevosía por sus protagonistas, los cuales sentenciaron en clave irónica que «en esta esta obra también se habla de los numerosos reencuentros, tanto en la pantalla como sobre el escenario, todos malogrados debido a infaustas rencillas, reproches despiadados o sumas de dinero juzgadas insuficientes, por no mencionar el hecho insoslayable de que uno de nosotros seguía muerto».