
Tras el cese fulminante de Yoav Gallant como ministro de Defensa, Benjamín Netanyahu ha nombrado como reemplazo a Israel Katz, que ocupaba desde hace un año la cartera de Exteriores, un fiel acólito del primer ministro israelí sin experiencia diplomática ni militar, que no se opondrá a sus designios sobre las guerras en Gaza y Líbano.
El propio Netanyahu admitió que el motivo de la destitución de Gallant, que también fue jefe del Estado Mayor, eran las «brechas significativas» sobre la estrategia, mientras que el ministro cesado resaltó que su expulsión del gobierno se debía a haber contradicho al primer ministro en público y privado.
Sin embargo Katz, desde su plataforma en X, se ha dedicado a replicar los mensajes orquestados directamente desde la oficina de Netanyahu, e incluso a atacar -con escaso tacto o diplomacia- a líderes internacionales que han criticado Israel por la dura campaña en Gaza y el alto número de víctimas civiles.
Uno de sus objetivos en los últimos meses fue el presidente español, Pedro Sánchez, tras su decisión de reconocer unilateralmente el Estado palestino el pasado 28 de mayo; o la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, que en un discurso con motivo de esa decisión exclamó el lema «desde el río hasta el mar».
Muy sonado fue el vídeomontaje que publicó en mayo, en el que se entremezclaban imágenes de bailaores de flamenco con las de los atentados de Hamás del 7 de octubre, sugiriendo que Madrid apoyaba a Hamás; un gesto que no fue bien visto entre los diplomáticos de carrera del ministerio de Exteriores israelí.
La furia tuitera de Katz también tiene otros blancos: el presidente turco Recep Tayyip Erdogan, al que acusó de «genocida»; el mandatario brasileño Lula da Silva; o el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, estos últimos declarados por él persona non grata en Israel.
«Cualquiera que no pueda condenar inequívocamente el atroz ataque de Irán a Israel, como han hecho casi todos los países, no merece poner un pie en suelo israelí», afirmó Katz el pasado 2 de octubre tras vetar la entrada a Israel a Guterres, principal blanco de sus furibundas críticas a Naciones Unidas, pero también a la UNRWA, la agencia de la ONU para los refugiados palestinos.
Escasos viajes
Pese a haber sido el jefe de la diplomacia israelí, cargo que ocupará hasta el jueves cuando se materialice el relevo, Katz apenas ha viajado en su año en el puesto, más allá de acudir como invitado colateral a la cumbre de la OTAN el pasado julio en Washington, y su labor se ha concentrado en las redes sociales, al más puro estilo Trump.
Habrá que ver qué estrategia sigue al frente de la cartera de Defensa, una de las más valoradas en Israel, y más ahora con el país embarcado en dos campañas militares a gran escala, pero todos los analistas coinciden en que será una marioneta controlada por Netanyahu.
Nacido en Ashkelón en 1955 hijo de supervivientes del Holocausto en Rumanía, Katz realizó el servicio militar obligatorio en la Brigada de los Paracaidistas; se graduó de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en la Universidad Hebrea en Jerusalén; y empezó su carrera pública como presidente de la asociación estudiantil, donde participó en tensos enfrentamientos con estudiantes palestinos.

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