Liberados estudios craneales sobre la existencia o no de una raza vasca
El 12 de febrero del año 1945 falleció Telesforo Aranzadi, botánico, antropólogo y zoólogo. Un científico brillante que da nombre a la Sociedad de Ciencias Aranzadi. Al cumplirse 80 años de su fallecimiento, su obra pasa a dominio público y entre sus trabajos hay materiales sorprendentes.

La Biblioteca Nacional de España (BNE) ha digitalizado 600 obras de 154 autores fallecidos en 1945, cuya aportación ha pasado a ser de dominio público. Hay una decena de vascos entre ellos, como el pintor Zuloaga de Eibar, el compositor Joaquín Larregla de Irunberri o el periodista Gabriel María Lafitte. Singularmente, se han liberado y digitalizado varias obras de Telesforo Aranzadi.
Aranzadi fue un científico trabajador, disciplinado y de mucho carácter. La cátedra la obtuvo como botánico, pero las plantas y los hongos no eran suficientes como para satisfacer todo el hambre de conocimiento del estudioso de Bergara.

Trepó montes en busca de recomponer la historia de su pueblo y sus singularidades. Y movido por las tendencias de los antropólogos de la época, enfrascados en el debate sobre las razas humanas y en si había algunas superiores a otras como creían los alemanes, trató de averiguar si los vascos eran o no una raza propia.
Uno de los documentos digitalizados por el BNE lleva como título la gran pregunta que trató de resolver: '¿Existe una raza euskara?'. Se trata de una conferencia encargada por la Diputación de Gipuzkoa sobre un tema que el científico escogió libremente en 1905.
«¿Existen entre los euskaldunes bastantes individuos con rasgos físicos o fisonómicos hereditarios bastante distintos de los de otros países para merecer su conjunto el nombre de raza y ésta de éuskara, vasca o como se quiera decir?», se planteó Aranzadi en esa conferencia.
Aranzadi tenía claro que «idioma no supone raza». Había que añadirle otros elementos. Entre los antropólogos de la época estaba en boga como principal rasgo distintivo el estudio de los cráneos. El de Bergara dedicó décadas a su estudio.

Su obra más conocida sobre cráneos, 'Síntesis métrica de cráneos vascos', se publicó 17 años después de esa conferencia, también ha sido digitalizada por la BNE y existe otra versión de Eusko Ikaskuntza. Incluye este trabajo diversos dibujos a mano con los rasgos de supuestos cráneos prototípicos de los vascos que Aranzadi analizó. Y en ellos se les relaciona con mediciones hechas por otros antropólogos para distintas las «razas» encontradas por el mundo: mogoles, árabes, judíos...
Los estudios parten del problema de base de que científicamente está demostrado que las razas humanas no existen. Y huelga decir que tampoco hay razas superiores como a inicios del siglo XX se creía a partir de los estudios paleontológicos como los de Emil Naumann.
En cualquier caso, en la época que le tocó vivir a Aranzadi se entendía que los negros eran inferiores (y parte de los estudios del de Bergara se dedican a demostrar que los vascos, evidentemente, no son negros) y que los germanos pertenecían a las razas superiores.
En concreto, en Europa se habían descubierto dos tipologías principales de cráneos: la germana de cabeza larga y la alpina de cogote aplastado.
Aranzadi sostenía que sí existía un cráneo vasco diferente al resto de los europeos en contra de la opinión del granadino Federico de Olóriz, que había publicado 'Distribución geográfica del índice cefálico en España' sin detectar esta singularidad.

El cráneo vasco, en '¿Existe una raza euskara? se describe de la siguiente manera: «En su término medio tiene la cabeza más bien ancha que estrecha, aunque sin exageración y la mayor anchura no la tiene ni muy atrás como los auvernios, bearneses y asturianos de cogote aplastado, sino por encima de las orejas; pues es de sienes abultadas, es decir, lo contrario que el ideal masculino descrito por una novelista española, pero no tenemos por qué ni para qué sentir contrariedad por ello; a nosotros nos basta con ser del gusto de nuestras mujeres; de las agenas (sic.) no nos preocupamos, sean o no novelistas».
También atribuye Aranzadi a los vascos «estrechez de quijada» y una nariz larga, esto último determinante para ubicarlo entre las razas blancas y superiores. El de Bergara también apuntará sobre la nariz vasca que no es aguileña como la del árabe ni «en pico de buitre como la del judío».
Al tratarse de una conferencia y no de un artículo académico que exige otro rigor (como el que Aranzadi utiliza en 'Síntesis métrica de los cráneos vascos' en 1922), además de esa licencia sobre el gusto de las mujeres, para definir esa nariz prominente el estudioso recordó a los asistentes un refrán de la época que decía: «Nariz larga y poco c..., vasco seguro». Siendo la palabra omitida «culo».

Todas estas mediciones craneales y corporales le llevaron a Aranzadi a concluir que sí, que existía un tipo propio, una «raza» vasca en tanto que, aunque los vascos son muy pocos individuos, las diferencias existían.
También creía el científico cuya obra queda este año liberada que esta raza pudo tener relación con el euskara, pero no sabía de qué modo. «Los primeros euskaldunes en Euskal-erría puede que existiesen aquí cuando todavía no se diferenciaban tanto como hoy los rubios de los morenos, los alpinos de los mediterráneos, la raza euskara de las otras razas. ¿El vascuence más viejo que la raza? Más no, pero puede que tanto sí».
Más que las conclusiones, es el método el que hace al científico. Sus estudios etnográficos, su ejemplo, sus recopilaciones de información, su búsqueda de yacimientos y su amor a su tierra son hoy su principal legado.
Y honra a Aranzadi la advertencia que deja al final de la conferencia sobre esta presunta raza vasca. «Si los meteorólogos y médicos de sólido saber se equivocan en sus pronósticos y aun en ingeniería mecánica y otras aplicaciones inmediatas de las ciencias llamadas exactas sucede a veces lo mismo, ¿qué no sucederá en las ciencias antropológicas, etnológicas y sus afines en que ciertos al parecer signos evidentes no son en realidad más que interpretaciones forjadas al calor de una idea fija o de una preocupación en episodios cuyo resultado final solo Dios sabe?».

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