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Los marroquíes reclaman sanidad antes que Mundial de fútbol

Las protestas se iniciaron el pasado 27 de septiembre, después de que, en el plazo de un mes, fallecieran hasta ocho mujeres que habían sido ingresadas en el hospital Hassan II de Agadir para que les practicaran una cesárea.

Protestas en Casablanca, Marruecos. (ABDEL MAJID BZIOUAT | AFP)

Desde el primer día la policía marroquí respondió a las protestas con dureza, dando lugar a enfrentamientos que terminaron con la detención de varios cientos de personas en todo el país y la muerte de tres manifestantes.

Se trata de un movimiento protagonizado por jóvenes marroquíes, en protesta por la corrupción y el estado de la sanidad y la educación públicas. Se organizaron a través de la plataforma de internet Discord, una red social pensada originalmente para aficionados a los videojuegos, en la que se creó el canal GENZ212, que hace referencia a la generación Z y al código telefónico internacional del país.

‘Al menos el estadio de la FIFA contará con un botiquín de primeros auxilios’, decía una de las pancartas que se pudieron ver en las manifestaciones. Hacía referencia al coste que supone la organización del Mundial de fútbol de 2030, que se disputará en Marruecos, España y Portugal, además de los partidos en conmemoración del centenario de la competición, a celebrar en Argentina, Paraguay y Uruguay.

Los jóvenes marroquíes protestan también por los gastos que supondrá la organización de este evento en un país en el que está prevista la construcción del estadio Hassan II de Casablanca, con capacidad para 115.000 espectadores y con el que disputan al Santiago Bernabéu la celebración de la final del Mundial. 

Además, el gobierno marroquí tiene prevista la reforma y ampliación de otros cinco estadios, para la celebración del Mundial y también de la Copa de África de fútbol que se organizará en Marruecos entre diciembre y enero próximos.

Todo responde a un intento de dar a conocer el país e incrementar las inversiones a través de la organización de grandes eventos deportivos. Un modelo seguido por muchos países del mundo, que implica un alto coste para los presupuestos del Estado y que viene despertando cada vez más protestas entre las poblaciones de los países organizadores.

Ya en 2011 se produjeron importantes disturbios en diferentes puntos de Londres, con el barrio de Hackney como epicentro. Se iniciaron tras la muerte de Mark Duggan a manos de la policía, pero la celebración de los Juegos Olímpicos un año más tarde en la capital del Reino Unido se convirtió en uno de los motivos de las protestas.

También en un país tan futbolero como Brasil se produjeron protestas a partir de 2013 por el gasto público que implicaba la organización del Mundial de fútbol. Una vez disputado el torneo, las protestas siguieron por la celebración de los Juegos de Río dos años más tarde. En ambos casos, las protestas hacían referencia al abandono de las inversiones sociales y los altos costes que implicaban la organización de ambos eventos deportivos.

De la misma manera, en los Juegos de Tokyo 2020, retrasados un año debido a la COVID19, provocaron protestas por el excesivo gasto, al que se añadía el sobrecoste por el atraso de fechas y el incremento de las medidas de seguridad sanitarias. Tres años más tarde fue la capital de Francia la que acogió los Juegos Olímpicos y también vivió protestas ciudadanas por los altos costes, además de la expulsión de parte de la población local residente.

La celebración de estos grandes eventos deportivos internacionales, con el Mundial de fútbol y los Juegos Olímpicos a la cabeza, implica un gasto público que ha ido creciendo en la medida en la que ha crecido también la dimensión de los eventos. El Mundial de 1994 en Estados Unidos contó con la participación de 24 selecciones y un coste de 500 millones de dólares. En 2026 el país norteamericano volverá a organizar el torneo, esta vez en colaboración con México y Canadá, con la participación de 48 selecciones y un coste estimado entre los 4000 y 6000 millones de dólares.

Entre la población de los países organizadores de estos eventos se extiende la opinión de que se trata de espectáculos que favorecen a determinadas élites económicas, pero de cuyos beneficios queda excluido el grueso de la población. Con la crítica añadida de que no se les suele consultar a la hora de presentar una candidatura a un evento que implica unos altos costes para las arcas públicas. Es significativo que las pocas veces que se han hecho consultas ciudadanas, generalmente la propuesta ha sido rechazada.

En 2013, los ciudadanos de Múnich rechazaron en referéndum presentar una candidatura a los Juegos de Invierno. Dos años más tarde, fue la población de Hamburgo quien rechazó la propuesta, aunque el año que viene, el ayuntamiento volverá a consultar a sus ciudadanos sobre la candidatura para los Juegos Olímpicos. La ciudad suiza de Sion, que había perdido frente a Turín la organización de los Juegos de Invierno de 2006, celebró un referéndum años después, en el que la población rechazó volver a presentarse como ciudad candidata.

Tanto el COI, como la FIFA, saben de las dificultades que implica celebrar un evento de este calibre en contra de la opinión de los ciudadanos, por eso tienen muy en cuenta el apoyo popular a la hora de elegir una candidatura. En el caso de Marruecos, el Gobierno ya está viviendo las primeras protestas contra la organización de un torneo que se celebrará dentro de cinco años y que tendrá entre sus sedes a San Mamés y Anoeta.