Gorka Ikatza

Bloody Mary, ¿un clavo saca otro clavo?

A cualquiera que se le pregunte por el bloody mary responderá automáticamente que es un cóctel de aperitivo ideal para una mañana de resaca. Es lo que asegura la creencia popular, pero la verdad es que un clavo de alcohol no se saca con más alcohol. Una pena, cierto; pero así de dura es la vida.

El Bloody Mary de Yon Pavón, para cerrar este serial de cócteles.
El Bloody Mary de Yon Pavón, para cerrar este serial de cócteles. (Iñigo Uriz | Foku)

Vodka, zumo de tomate, limón, tabasco, salsa Perrins, sal y pimienta; en dos palabras, bloody mary. Uno de los cócteles más conocidos y tal vez el más nombrado incluso por quienes jamás lo han probado. Un combinado reconstituyente y nutritivo ideal para tomar a media mañana.

La mezcla tiene mucha vitamina C, A, K, hierro, potasio y condimentos como para una ensalada; hasta aquí incluso un doctor en Medicina diría que es perfecto para aliviar una resaca. Sin embargo, este combinado tiene otro ingrediente que lo inhabilita como remedio para superar una horrenda mañana de clavo: el vodka. Aun así, hay quienes siguen defendiendo con vehemencia que la fórmula funciona.



El cóctel bloody mary nació en la ciudad del Sena y la receta se debe al barman francés Fernand Petiot (en la foto superior), quien, según unas fuentes, habría mejorado una mezcla que ya existía y, según otras –como la del ‘The New Yorker’– fue generada en un glorioso momento de creatividad espirituosa. En cualquiera de los casos, Petiot fue el creador y la luz le vino en el Harry’s New York Bar del París de los locos años 20.

Corría 1921 y al The New York Bar de París viajaban muchos estadounidenses huyendo de la Ley Seca

Corría el año 1921 y el The New York Bar de París era un local de moda especializado en cócteles, en el que se podía ver al ubicuo Ernest Hemingway y a numerosos norteamericanos pudientes que viajaban fuera de su país para beber el alcohol que la Ley Seca prohibía y para quienes ese local parisino era referencial.

Hemingway, en una de sus correrías por Iruñea.

Algunos años más tarde también lo frecuentaron personalidades como Salvador Dalí o Ava Gardner.

Así, durante una noche de gran fiesta y borrachera en el Harry´s, al barman Fernand Petiot se le habría ocurrido echar en un vaso mezclador lo que más a mano tenía, que no era otra cosa que zumo de tomate, vodka y tabasco. Se asegura que, en un principio, nadie se atrevió a probar semejante combinación pero acabaron accediendo a hacerlo y el experimento fue un gran éxito que se extendió rápidamente por todo París.

Sin poner en duda la paternidad de Petiot, hay quien dice que mezclar zumo de tomate con vodka era algo que ya se le había ocurrido algún tiempo antes al actor y guionista norteamericano George Jessel, por lo que la aportación de Petiot en aquel momento habría sido únicamente la del tabasco.

Cuando fue derogada la Ley Seca, Fernand Petiot se desplazó a Nueva York, donde comenzó a trabajar en el King Cole Bar del lujoso hotel St. Regis. Allá continuó añadiendo ingredientes a su mezcla, como el limón, la sal, el apio, la salsa Perrins o la pimienta, redondeando la genialidad de su creación.

Respecto a quién se le pudo haber ocurrido denominar bloody mary al cóctel, hay diversas teorías. La más simple, y ésas suelen ser siempre las más ajustadas a la realidad, sobre todo en un contexto de noche loca, es que uno de los presentes en el evento dijo que el color de la mezcla le recordaba a una camarera que conoció en Chicago, a quien apodaban Bloody Mary por su mal carácter.

Vladimir Smirnov, una camarera con mal humor, María Tudor... las versiones sobre el nombre son de lo más variopinto

Sin salir de ese mismo recinto festivo, se dice que entre los presentes en el jolgorio estaba Vladimir Smirnov, el dueño de la marca de vodka Smirnoff, y que fue él precisamente el valiente que se atrevió a probar por primera vez la mezcla de Petiot. El nombre ruso Vladimir, pronunciado en inglés de cogorza en París, puede sonar perfectamente «bladimeri». Todo es cosa de intentarlo una noche.

También hay quien afirma que el nombre lo puso el propio Petiot, no sin cierto rencor retroactivo hacia una novia que le había abandonado.

Historias más intelectualoides, pero para nada verificables, señalan que el nombre hace referencia a la reina María I de Inglaterra, María Tudor, conocida popularmente como Bloody Mary. Esta monarca se casó con el rey español Felipe II y se dedicó a aniquilar anglicanos a discreción con el apostólico objetivo de restaurar el catolicismo en Inglaterra.

Preparación

Para preparar un bloody mary, Yon Pavón, del Patricio Bar, en Lasarte, toma un vaso enfriador de pico en el que pone hielo gordo para enfriar y va echando en él todos los ingredientes del cóctel. Si en casa no disponemos de ese tipo de envase, sirve cualquier recipiente de cristal del tamaño suficiente para que quepa todo y mezclar.

Entre los ingredientes del bloody mary, quizás el menos conocido sea la salsa Perrins, también llamada worcester, un condimento líquido fermentado muy utilizado en la cocina inglesa y que se hace a base de soja, maíz, melaza, anchoas, tamarindo, pimentón, cebolla, chalotas, ajo y clavo, entre otros componentes.

Así pues, y siguiendo las instrucciones de Yon Pavón, vertemos 5 cl de vodka, 1,5 cl de zumo de limón, 10 cl de zumo de tomate, 3 golpes de salsa Perrins, 3 golpes de tabasco, 1 golpe de pimienta recién molida y una pizca de sal.

La mezcla se vierte con un colador, para que no caigan hilos y así esté fría pero no aguada

 

Con todos los ingredientes ya en el vaso enfriador se va removiendo hasta conseguir que esté muy frío. Para presentarlo, Yon Pavón opta por la copa hurricane, el curioso vaso en el que también se sirve la piña colada, entre otros combinados.

La mezcla se vierte en la copa con un colador, para que no caigan hielos, pues la idea es que esté frío pero no aguado. Para finalizar, lo decora con un poco de apio.

Sea una fórmula magistral para sobrellevar la resaca o un cóctel vitaminado, la verdad es que el bloody mary es un extraordinario aperitivo fresco y reconstituyente que incluso se puede preparar sin su componente espirituoso. «Con mi servicio de fiestas y entretenimiento, Yon Pavón Cocktails Events, acudo a recepciones y acontecimientos de todo tipo y hay gente a quien le gustan ciertas mezclas pero te las pide sin alcohol –comenta–. Se da con frecuencia con el bloody mary, que te dicen que lo prepares sin vodka. Más que un cóctel bloody mary sería un zumo de tomate preparado, pero no hay ningún problema en hacerlo».

En sentido contrario

Hay cócteles, como la caipirinha o el popular gin tonic, que empezaron siendo medicinas contra ciertas dolencias para ir evolucionando hacia utilidades más lúdicas. El bloody mary podría decirse que es el caso contrario, pues Fernand Petiot y sus compañeros de farra parisina en aquellos locos años 20 del pasado siglo no parece que tuvieran entre sus objetivos inventar un remedio medicinal contra nada sino pasar directamente a lo lúdico.

Sin embargo, la cultura popular pronto comenzó a identificar este cóctel de vodka con la solución milagrosa para un horrendo clavo matutino. Y así, mientras algunos aseguran de manera taxativa que el bloody mary desmonta las resacas dejando un cuerpo como nuevo, otros dicen que esgrimir semejante teoría es precisamente una consecuencia de la resaca.

No está de más recordar que no es imprescindible tener clavo para poder disfrutar a placer de un estupendo bloody mary. Por si fuera poco, un refrán japonés ya advierte de que «el clavo más grande se lleva el martillazo».