Antonio Pampliega|2018/02/04 00:00

David, sentado en el sofá de su casa, observa cómo su hijo corretea por el salón empujando un cochecito de juguete. María José, su mujer, da de merendar un yogurt a su otro hijo. El hombre contempla la escena embelesado, casi extasiado y como si viviese un sueño. «Gracias a la gestación subrogada somos padres; a nosotros solo nos quedó esta opción», afirma.