Friolera
Entre el me lo creo todo y ya no me creo nada, tal vez haya que dejar siempre un resquicio para el asombro. Con muy poca ingenuidad disponible, reconozco sin tapujos que el pasado 28 de diciembre -día de los Santos Inocentes y las inocentadas gruesas-, alguien superó con creces mi más conspicua incredulidad. Era domingo, estaba escribiendo frente a la pantalla y la radio me sorprendió con un spot publicitario que, por familiar, me captó la atención enseguida. Arrancaba con unas notas musicales donde se parafraseaban las palabras, más que conocidas para los que estamos a la izquierda de Dios, que nos legara Eduardo Galeano sobre la utopía. Ya saben. Persiguiéndola, el uruguayo añorado se daba cuenta de que cada vez que avanzaba un paso, el horizonte huía un paso más allá: «y para eso sirve la utopía, para avanzar», remachaba.
En suspenso, el tiempo se detuvo un instante ante la duda sobre qué anunciaría la cuña en pleno período navideño. Antes de desfacer el entuerto, una voz categorizaba, enfatizando el mensaje, que la utopía trata de que «hacer lo imposible solo sea un poco más difícil». Mi intriga creciente ya era absoluta. Ojiplático, escuché la resolución del enigma que, como un gag del absurdo, devino devastadora. Era el último anuncio de la Fundación La Caixa. En primera instancia pensé en qué respondería Galeano. Pero me acordé rápido de que un día ya lejano sostuvo con cáustica lucidez que “El libro de los abrazos” que escribió para todos era un libro en defensa de tantas revoluciones pendientes y no un tratado de autoayuda narcisista y ególatra. Concluí, sin inocencia, que el mundo estaba más patas arriba que nunca, en este capitalismo que todo lo trastoca y todo lo licua hasta convertirlo en mercancía. Incluso Galeano. Incluso la utopía.
Finales de enero me dio el cálculo definitivo con broche final omnicomprensivo: La Caixa ganó el pasado año 5.900 millones de euros en beneficios netos. Toma utopía. Cifra histórica que se suma a los dividendos astronómicos generales de la banca española, que bate récords año tras año. Solo en 2025 han obtenido la friolera de 33.000 millones netos. En eso pensaba cuando, acabando la cuesta de enero, observaba el debate -desviado y malintencionado- sobre quién debería asumir los costes de tantas personas vulnerables que necesitan realojos sociales tras ser desahuciadas de su casa, de la vida y de su todo.
El debate teledirigido lo ubicaron con precisión clasista en la tensión entre el desalojado y el hipotético pequeño propietario. Pero, sin ningún asombro, me temo que ambos, y todos los que andamos en medio, estaríamos completamente de acuerdo en que lo financiara la banca con sus pingües chorros de oro. Pero por eso prefieren que la confrontación sea por ‘abajo’. Para que no sea con ‘arriba’. El resto mayor lo pone una utopía convertida ya en marketing bancario.





