Iñaki Zaratiegi
un retrato de janis joplin

Janis Joplin. La chica más triste de Woodstock

Como otras grandes estrellas del rock, la tejana Janis Joplin no llegó a los 30 años de edad. Antes de irse tan temprano legó una colección de desgarradoras canciones. Y casi medio siglo después el documental “Janis Little Girl Blue”, de la también americana Amy J. Berg, escarba en una vida de éxito público y fracaso personal.

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Wendy O’Connor, madre del rockero norteamericano Kurt Cobain, de Nirvana, comentó tras la muerte de su hijo: «Se ha ido y se ha unido a ese estúpido club al que le dije que no entrara». Parecía referirse al llamado “27 Club”, que recuerda a conocidos músicos fallecidos a esa edad por drogadicción o suicidio. El grupo cuenta con nombres como el Rolling Stone Brian Jones, el guitarrista Jimi Hendrix, Jim Morrison de los Doors o más recientemente la británica Amy Winehouse.

También Janis Lyn Joplin, volcánica cantante americana, falleció a esa edad en 1970, al parecer por sobredosis de heroína. Nacida en Port Arthur (Texas) y conocida también como Pearl (título de su disco póstumo), alcanzó un raudo reconocimiento en la entonces exultante escena juvenil. Como sucedió con sus colegas desaparecidos antes de llegar a los 30, se convirtió en mártir de la causa; no en vano, había sido la primera gran cantante de éxito masivo del rock.

Dejó un notable legado discográfico y abunda la herencia documental en forma de libros (incluidos los recuerdos de su hermana menor Laura o de su manager John Byrne Cooke); más accidentado ha sido llevar su vida a la gran pantalla. El realizador Howard Alk, ya fallecido, firmó en 1974 el documental “Janis. The Way She Was”. En 1979 se estrenó “La rosa”, película de ficción inspirada en la cantante, dirigida por Mark Rydell y con Bette Midler en el papel de Janis.

Mientras otros colegas de profesión, fama y final trágico han tenido biopics con el apoyo financiero de Hollywood, los intentos por reflejar la vida de Joplin en una gran película han sido nulos. Por el proyecto “The Gospel According to Janis” han pasado diferentes posibles directores (Penelope Spheeris, Catherine Hardwicke, Fernando Meirelles, Jean-Marc Vallée o Lee Daniels) y se han barajado las actrices Zooey Deschanel, Pink, Melissa Hetheridge, Courtney Love, Britany Murphy y otras. Pero su realización parece perdida en la bruma de los proyectos con gafe.

Reina del blues sicodélico. Haciendo mayor justicia a su biografía, en marzo llega a nuestras salas el magno documental “Janis: Little Girl Blue”, elaborado durante ocho años, estrenado ya en EEUU y que se ha visto en festivales especializados, incluido el donostiarra Dock of the Bay del pasado enero. Lo ha escrito y dirigido Amy J. Berg, conocida por otros títulos como “Deliver Us from Evil”, “West of Memphis” o “Un secreto a voces” y que había rechazado antes hacer un biopic sobre el también cantante prematuramente muerto Jeff Buckley; ella prefiere los documentales.

Los hermanos de Janis, Laura y Michael, músicos que le acompañaron como Dave Getz, destacados miembros del rock sicodélico tipo Bob Weir (Grateful Dead) o McDonald (Countrytry Joe), Kris Kristofferson, artistas posteriores como Melissa Etheridge o Pink, ex novios y novias, periodistas y gentes cercanas a la artista dan sus puntos de vista, con la cantante americana Cat Power como narradora.

La realizadora contó para la documentación con la filmación en el Monterey Pop Festival de 1967 del influyente documentalista D.A. Pennebaker, quien había retratado a Dylan en “Don’t Look Back”. Pennebaker ha contado que no tenía permiso para filmar a Janis, pero quedó tan impresionado escuchándola cantar “Ball and Chain” que explicó al mánager Albert Grossman que sin ella el documental del festival quedaría incompleto y consiguió que el grupo tuviera una segunda intervención para poder filmarla. Las imágenes incluyen un plano de Cass Elliot (The Mamas and The Papas) impresionada con el show de Joplin. También se han recuperado escenas de su apoteósico paso por el festival de Woodstock de 1968. Y se recoge material aparecido en el comentado documental de Howard Alk.

El filme ahonda en las contradicciones de la creadora tejana, con fuerte desarraigo adolescente en su conservador ambiente por sus ideas sobre cultura, sexualidad o contra el apartheid y la explosión juvenil que la arrastró al desequilibrio de ser amada por miles de personas en sus conciertos para regresar a la soledad del hotel y a la ayuda de sustancias estimulantes que la acabaron matando. La aventura vital de una mujer que se sintió distinta desde joven, que huyó del industrial lugar donde había nacido, de cerrado entorno reaccionario en lo socio-ideológico y opresor en lo estético, y que quemó sus alas de colorista mariposa en la pira del levantamiento cultural hippie. Janis encontró en la pintura, la música y sus alocadas vivencias en los ambientes marginales o alternativos de su localidad y de su época universitaria en Austin la fuente vital que definió su corta existencia. Primero con el blues y el soul puros de gente como Odetta, Leadbelly, Billie Holiday, Bessie Smith o el primer Dylan y después con Otis Redding o Aretha Franklin en la retina, pero entregada al blues sicodélico.

El retrato fílmico, que no innova en lo formal, traza una documentada trayectoria valiéndose en particular de una amplia colección de cartas a su familia, amigos y amantes que permanecían inéditas. En su buceo por los archivos, la directora ha conseguido unos doce minutos inéditos en vídeo con entrevistas (sobre todo del show televisivo de Dick Cavett) y escenas en directo como las comentadas del festival de Monterey.

Cartas a mamá. Janis arrastró una sensibilidad que obstaculizó su capacidad para vivir equilibrada y mucho menos feliz. El documental evidencia su baja autoestima, su dificultad para estabilizar una relación afectiva y la huida hacia la autodestrucción. En su segunda y definitiva escapada del domicilio familiar al torbellino californiano, dejó una nota a sus padres que terminaba con un significativo sorry. Les decepcionaba de nuevo: ella misma creyó en vano que su retirada primera de la movida californiana significaría una vida de chica formal (quería ser maestra) y con hijos. Pero su supuesto novio John Pierre Smith, que había pedido formalmente a los padres de Janis casarse con ella, nunca llegó con el anillo de boda; seguramente porque la turbulenta joven no estaba hecha para un hogar.

El nuevo filme tiene en cuenta que no valía con una crónica biográfica más y que era obligado hablar de sentimientos. «Quería hacer algo muy emocional, que fuera la propia Janis la que nos guiara a través del documental», ha explicado Amy Berg. No podía ser de otro modo con alguien que vivió el levantamiento contracultural de los 60 como lucha contra su propia insatisfacción personal. «¿Has sido amada alguna vez?», preguntó a una amiga. «Yo no. Solo siento eso en el escenario. Voy a escribir una canción que hable de hacer el amor con 25.000 personas en un concierto y después regresar sola a mi habitación. Lo único que tengo es el público, y esa es toda mi vida».

Como relata un amigo de juventud, muchos chicos de Port Arthur presumían de haberse acostado con la tía más liberal del lugar, pero no estaba claro si Janis seguía aún siendo incluso virgen. El desprecio y hasta la burla que sufrió en sus años escolares ahondó su soledad. En plena experiencia rockera escribía una carta semanal a su familia, conservando la unión con su raíz afectiva mientras ahogaba la desazón vital con una absoluta entrega escénica y un exceso alcohólico y de otras drogas, promiscuidad bisexual y exhibición estética. Llegó a paladear el éxito público y escribió a su madre que «cuando consigues un cierto nivel de talento, el factor decisivo es la ambición». Pero ensambló el mérito profesional con la necesidad de ser amada escribiendo a continuación «o como yo lo veo, cuánto necesitas realmente ser querida». Esa ambición en cuanto al negocio del rock le empujó a cortar abruptamente con su gran grupo de apoyo Big Brother and the Holding Company y en su corta trayectoria fue arropada después por Kozmic Blues Band, Full Tilt Boogie Band y los influyentes Grateful Band.

«Bruja cósmica». Janis escondió sus complejos tras una exagerada indumentaria de boas de plumas, kilos de anillos, grandes y llamativas gafas y todo tipo de complementos coloristas. La llamada «bruja cósmica» convirtió su necesidad de dar la nota con vestidos casi extravagantes en un estilo estético que influyó a miles de jóvenes; una línea de ropa que explota comercialmente su sobrina Malyn Joplin bajo la marca Made for Pearl. Pero mientras Hendrix o Morrison son iconos del merchandising, no resulta fácil dar con una camiseta o un objeto comercializado de la contradictoria frontwoman.

Amy Berg consigue un retrato íntimo del desarraigo de aquella chica que se dejó la garganta y el alma en escalofriantes gritos de desesperación como “Me and Bobby McGee”, “Piece of My Heart”, “Cry Baby”, “By Bye Baby”, “Try (Just a Little Bit Harder)”, “Tell Mama All About It” y otros. Definió su manera de cantar como «no puedo hablar sobre mi forma de cantar, lo llevo dentro. ¿Cómo describes algo que llevas dentro?». Su vivencia dejó huella en respetados colegas de profesión como Leonard Cohen, quien cantó sobre el encuentro sexual de ambos en “Chelsea Hotel #2”, o Joan Baez, quien le dedicó el lamento “In the Quiet Morning”. ¿Su lema? «Vive el momento. Puedes destruir tu presente preocupándote por el mañana».

El documental “Janis: Little Girl Blue”, de Amy J. Berg, llega a las salas comerciales el 4 de marzo.