2019/12/01

Cáncer y emociones: ¿el eslabón perdido?
XANDRA ROMERO
088_salud

Tenemos suficientes evidencias como para determinar que el estrés, causado por factores psicológicos, fisiológicos y físicos, tiene un impacto adverso en la homeostasis o equilibrio del cuerpo humano y en su buen funcionamiento.

Cuando hablamos de estrés, es preciso diferenciar dos tipos: agudo o a corto plazo y crónico. Si bien el estrés agudo puede tener un efecto positivo en el organismo, el crónico suele ser perjudicial y puede dar lugar a graves complicaciones de salud.

Sabemos que el estrés extremo o repetitivo aumenta el riesgo de desarrollar enfermedades, incluidas las cardiovasculares, las inmunes, trastornos mentales y cáncer. Varios estudios han demostrado una asociación entre el estrés psicológico y el crecimiento del cáncer y la metástasis en modelos animales y estudios de casos de pacientes con cáncer. Sobre este tema, hace unos días leí una interesante entrevista a Pere Gascón, investigador del servicio de Oncología del Hospital Clinic de Barcelona y uno de los máximos exponentes internacionales en la investigación de esta vinculación.

Me resultó interesante por varias razones; la primera es que habla de sistema nervioso pero con nombre y apellido: estrés psicológico, algo que, a mi parecer, era preciso traducir. La segunda razón porque afirma con la determinación de alguien que lleva décadas estudiando el comportamiento de las células tumorales que las emociones no causan cáncer. No obstante, recalca que estas juegan un papel decisivo en la tumorogénesis (formación del cáncer) y no es el único; numerosos estudios y revisiones apoyan esta teoría. Así, en una revisión de estudios de 2008 llamada “Do stress-related psychosocial factors contribute to cancer incidence and survival?” ya advertían de que los resultados de los 165 estudios que analizaron indicaban que los factores psicosociales relacionados con el estrés estaban asociados con una mayor incidencia de cáncer en poblaciones inicialmente sanas. Además, se observó una peor supervivencia en pacientes con cáncer diagnosticado en 330 estudios, y una mayor mortalidad por cáncer en 53 estudios.

Otras investigaciones hilan más fino y advierten de que el estrés psicológico puede considerarse un factor de riesgo para el inicio y la progresión del cáncer. Así de rotunda es la última revisión sobre el tema: “The Influence of Psychological Stress on the Initiation and Progression of Diabetes and Cancer” publicada este mismo año. Y, ¿cómo se relacionan estrés psicológico y cáncer?

1. Cuando una persona sufre estrés crónico, de meses –por la pérdida de una persona que te rompe la vida– esas emociones perturban el funcionamiento del sistema nervioso simpático conduciendo a la liberación de sustancias inflamatorias, sustancias que crean un ambiente proinflamatorio del que no se es consciente.

2. Estas hormonas y neurotransmisores relacionados con el estrés afectan negativamente la progresión tumoral inducida por el estrés.

3. El cáncer siempre crece en núcleos inflamatorios generados por procesos inflamatorios crónicos, que tenemos en diferentes partes del cuerpo sin saberlo. El cáncer, además, crece más en ese ambiente.

4. Cuando un tumor se ha aposentado bien, las células de su microambiente, que son parte del sistema inmunológico, cambian de chaqueta y se ponen de parte del tumor favoreciendo así su crecimiento.

Pere Gascón descubrió más concretamente que algunos productos de las neuronas liberaban una sustancia que se une a un receptor de la célula cancerosa, confirmando que existe una comunicación entre sistema nervioso y cáncer. De modo que una personalidad propensa al estrés o los estilos de afrontamiento desfavorables y las respuestas emocionales negativas se relacionan con una mayor incidencia de cáncer, una peor supervivencia del cáncer y una mayor mortalidad por esa causa, así que recordemos: seleccionar alimentos que son antiinflamatorios (equilibrio entre grasas omega 3 y omega 6, frutas y verduras ricas en polifenoles etc.) es fundamental, pero acudir a un profesional de la salud mental lo es más, si cabe.