GOTZON URIBE
MUSICA

Metz

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El cambio es inevitable si tienes suerte», dice el guitarrista y vocalista Alex Edkins mientras habla de “Atlas Vending”, el cuarto álbum de Metz. «Nuestro objetivo es permanecer en constante cambio, crecer de forma natural y gradual. Siempre hemos sido cautelosos para no pensar demasiado o intelectualizar la música que amamos, pero tampoco nos quedamos satisfechos hasta que logremos algo que nos impulse a ir hacia adelante».

La música de Edkins y sus compañeros Hayden Menzies (batería) y Chris Slorach (bajo) siempre ha sido difícil de etiquetar. Sus primeras grabaciones contenían guiños a la abundante energía del hardcore DIY de principios de los 90, las angulosidades de This Heat y los ruidosos riffs de los guitarreros AmRep, pero nunca hubo un momento en el que este grupo de Toronto sonara como si estuvieran rindiendo homenaje a los héroes de su juventud. En todo caso, la trayectoria sonora de sus álbumes captura el viaje de una banda que se despoja de influencias y profundiza en su núcleo fundamental: baterías en constante propulsión, líneas de bajo que golpean el pecho, riffs de guitarra eternos y la sensación angustiosa de una adolescencia que se va desvaneciendo.

Con “Atlas Vending”, Metz no solo impulsa su música hacia nuevos territorios –de dinámica, melodías torcidas y ritmos empapados de sudor–, sino que explora el asunto de crecer y madurar dentro de un formato típicamente suspendido en la juventud. Cubriendo temas aparentemente dispares como la paternidad, la ansiedad social, la adicción, el aislamiento, la paranoia inducida por los medios y el impulso incansable de dejar todo atrás, cada una de las diez canciones de “Atlas Vending” ofrece una instantánea de la condición humana en la actualidad y juntas forman la narrativa musical.

El disco se abre con “Pulse”, un ejercicio desconcertante con versos que proporcionan poco más que un acorde discordante, solitario, un bombo que martillea y el sonido ocasional de una nota de bajo que va en picado. De allí se lanzan a “Blind Youth Industrial Park”, una abrasadora disonancia centrada en un riff cromático y una despiadada batería. El álbum golpea con ritmo en “No Ceiling”, un rabioso minuto y medio que se acerca a un himno truncado sobre el descubrimiento del amor proporcionando el contrapunto a las dolorosas composiciones de la banda. Pero no ceden a la complacencia y la naturaleza voluble del amor se captura de manera explícita en “Hail Taxi”. El resultado es un disco que suena articulado y serio, reforzado por la coproducción de Ben Greenberg (Uniform) y las habilidades en la mezcla de Seth Manchester (Daughters, Lingua Ignota, The Body). Grabado en los estudios Machines with Magnets en Pawtucket (Rhode Island), Metz ofrecen posiblemente el trabajo más dinámico, dimensional y convincente de su carrera.

CD AIPAGARRIA

 

Ennio Morricone

“Morricone Segreto” • Decca, 2020 • Bandas sonoras

El compositor italiano creó, durante una extraordinaria carrera de más de seis décadas, más de 600 composiciones originales. Detrás de sus célebres bandas sonoras está el lado oculto y excéntrico de un genio que es profundamente apreciado entre seguidores de todo tipo. Esta nueva colección, que incluye siete temas inéditos, explora lo que posiblemente sea el período creativo más rico de Morricone, entre finales de los 60 y principios de los 80, demostrando la influencia que ha ejercido entre músicos y directores de cine. “Morricone Segreto” es un viaje sónico con tintes ácidos a través de voces misteriosas, guitarras fuzz, cuerdas, sintetizadores inquietantes y ritmos modernos. Un compositor que estuvo a la vanguardia, dictando estilo a su manera. Este álbum es una prueba de que incluso uno de los compositores más célebres de nuestro tiempo puede guardar secretos aún por desvelar.