Un repaso a la historia del arte callejero
La Fundación Canal ha reunido obras y reproducciones de los principales grafiteros del mundo, como Keith Harring, Blek le Rat, Basquiat o Suso33, para su exposición «Arte Urbano. De los orígenes a Banksy», que narra la historia del recorrido del arte callejero hasta su llegada a los museos y galerías de arte.

![Banksy. «Elige tu arma [Choose your weapon]», 2010. Serigrafía sobre papel.](https://www.naiz.eus/media/asset_publics/resources/001/312/197/original/1414_graf18_f013.jpg?1771601239)
Se trata de un recorrido desde las primeras pintadas en el Bronx de Nueva York de los años 60 y 70 del siglo pasado, la explosión de los años 80, la llegada a Europa y su reconocimiento como arte, hasta nuestros días y su internacionalización por internet.
La exposición, que podrá visitarse hasta el 3 de mayo en la sede de la Fundación en Madrid, también plantea una sección final en la que se analiza la eterna pregunta de si es arte o es vandalismo.
La práctica de pintar en lugares y soportes públicos nace en el barrio del Bronx, en Nueva York, cuando los jóvenes comienzan a dejar su firma en lugares públicos como paredes, vagones de metro o farolas por toda la ciudad.



Conscientes de que su actividad es ilegal, firman con pseudónimo y su afán es pintarlo por toda la ciudad a modo de protesta, como hace TAKI 18lek le Rat3, un mensajero que inunda las calles de Nueva York a finales de los 60 y que pronto tendrá multitud de seguidores.
Son los “tags” de decenas de jóvenes que empiezan a sofisticar el diseño de sus firmas con “letras burbuja”, letras cuadradas y angulosas o con delineados en colores brillantes y compiten entre ellos para que su firma luzca en los lugares más inverosímiles.
A principios de los 80, y en plena lucha de las autoridades por borrar esas pintadas multicolores y explosivas, surgieron algunas galerías de arte que reconocieron el valor de estas obras y conectaron con grafiteros como Seen, Crash o Jean-Miquel Basquiat y Keith Harring, y expusieron su obra, lanzándolos a la fama.



La práctica llegó también a Europa, donde grafiteros más figurativos y con una clara temática de protesta y reivindicación explotaron en París y Berlín, seguidos rápidamente por artistas callejeros en otros países.
Ya en los años 2000, las técnicas, soportes y enfoques se diversifican, y, gracias a internet y las redes sociales, se popularizan mundialmente, de modo que las obras ya no existen solo en el lugar en el que se realizan, sino que se reproducen, comparten y reinterpretan por todo el planeta.







