Javi Rivero
Cocinero
GASTROTEKA

Marzo de sol, terraza y platos fríos

Acaba de empezar la primavera, una estación con más luz y cambios en la cocina, donde los platos calientes y de cuchara dan paso a elaboraciones frías y más ligeras. El chef de 7K ha seleccionado unas cuantas propuestas mientras imagina agradables momentos de terraza y gastronomía.

(Getty Images)

Sol, terraza, buenas vistas y algo rico sobre la mesa. Probablemente este sea el ideal de muchos en cuanto llega la primavera, cada vez más temprana. Este año ya nos ha regalado algún que otro día como estos y el ansia por sentir el frescor de un trago de cerveza fresquito y sofocar los calores del picante sol de marzo arremete con fuerza. De repente, todo cobra sentido. Fijaos en que no es solo la mencionada cerveza, que refresca cuando el sol aprieta, también cumplen las olivas, las anchoítas... Pero, sobre todo, las ensaladillas y los mariscos cocidos y refrescados para el picoteo. Y es que es a partir de ahora cuando toca. Acordaos de que creo firmemente en eso de que «los meses con “R” son para el marisco» es una invención de marketing. Porque lo que ocurre es que, gracias a las campañas navideñas, en nuestra mente, los meses que solo tienen “R” se convierten en dos: diciembre y enero. Y no, amigos, no. La “R” está allá donde nosotros queramos. Febrero es transitorio, pero marzo, abril, la “primera” de mayo o hasta la tercera de junio, son ideales para arrancar la temporada de los platillos fríos con los que paliar los sofocones inesperados de la primavera. ¿Lo véis? Ahí está la “R”, erre que erre...

En marzo ocurren muchas cosas. Siendo el despertar de la tierra lo más destacable, cabe decir que también nos espabila a nosotros. Véase el cambio de la propia luz, de horas de sol y, en definitiva, de ritmo de vida. Este es el mes ideal para salir de las sombras y las velas sobre la mesa y pasar al calorcito del metal de las mesas de una terraza. Esa sensación de apoyar un brazo en la parte superior de una mesa calentada al sol no tiene precio. Hace que la mesa pase de ser un refugio a puerta cerrada a un lugar de encuentro. La sangre se acelera y todo adquiere una perspectiva más amplia. La relatividad aumenta y las prisas se paran. Comemos, quizás, algo más lento, porque, como decía, el valor social de la mesa aumenta de forma considerable. Hablamos y nos relacionamos más alrededor de ella y se alargan las estancias.

La primavera también trae consigo una serie de cambios como individuos y como colectivo. Es como una serpiente que muda la piel o como la mariposa que deja atrás su crisálida. El hecho de guardar en el armario, para largo, ciertos abrigos, despierta en nosotros un hambre y un pensamiento distintos. Digamos que las preferencias sobre las cosas del comer cambian. La cuchara y los guisos dejan algo más de lugar al palillo o al tenedor del picoteo frío. La mesa se viste menos y la bebida, probablemente, adquiere más relevancia. ¿A quién no le apetece una cervecita, un aperitivo o un vino fresquito antes de sentarse a comer? Con mal tiempo o frío, esto mismo apetece menos. Y qué decir del poder pegarse un homenaje sin ni siquiera llegar a calentar un plato. ¿Es posible? Por supuesto que lo es. Para estos primeros días de sol, en los que el ansia de socializar supera las ganas de cocinar, os propongo un menú frío para poder degustar entre amigos o familia disfrutando sin complicaciones.

Imaginaos el día perfecto con algo de margen. Margen suficiente como para poder preparar algo de comer y que el día D no suponga más trabajo que el de disfrutar con acompañantes de la terraza y el buen comer.

Os voy desgranando ideas para un menú rico, frío y sin complicaciones.

Anchoas, gildas, olivas y queso: Esta combinación es infalible y no puede faltar sobre la mesa de una terraza. Ideal para comenzar una comida. Saladito, ácido, picante… Todo combina de maravilla, pero, si me dierais a elegir, optaría por una anchoa aliñada con mantequilla y pimienta negra, gilda clásica, olivas aliñadas con ajo, vinagre, vermut y sal, y un queso que no sea muy joven. Un queso que esté algo curado y que tenga sabor. Mejor acompañar con picos de pan, si no, nos llenamos antes de empezar a comer.

Embutido: No demasiado, que tendemos a pecar de vicio y perdemos capacidad glotona. Jugárosla un poquito, visitad a vuestro charcutero de confianza y haceros con una cecina ahumada, rica y potente, cabezada de jabalí (los que seáis de mi zona, la de Xubero es la mejor del mundo) y algo de choricito (os recomiendo Maskarada). ¿Para acompañar? Pepinillos para la cecina, una mayonesita hecha con soja y mostaza para la cabezada y miel para el chorizo, todo puesto separadito para que experimente el que quiera, como quiera, pero siguiendo estas recomendaciones. No fallaréis. ¡Ah! Y pan tostadito sin mucha miga. Si es de tipo cristal, mejor que mejor.

Ensaladilla y sus acompañantes: Podríamos hablar de un laterío acompañado de ensaladilla o de ensaladilla acompañada de laterío. Mi propuesta pasa por que os curréis la ensaladilla que más os guste y hagáis saltar al terreno de juego a las gambitas, camarones, langostinos, mejillones y/o la conserva de marisco que más os guste. La ensaladilla podéis hacerla neutra (patata, puerro, cebolleta, huevo y mayonesa) y añadirle, por ejemplo, unas gambitas, algo de pimentón de Ezpeleta y lima rallada. Siempre funciona.

Aguacate aliñado con txangurro: Esta es una propuesta intermedia. Tan sencillo como suena. Un aguacate bien laminado siempre luce sobre la mesa. Pero, si por encima le añadimos la carne de una centolla o un buey, aliñada con aceite, vinagre, un poquito de mayonesa, pimienta y sal, el plato adquiere luz propia.

Alubia blanca: Por último, os propongo seguir las pistas de Edorta Lamo y su puchero frío de alubia blanca. Siguiendo este juego, prepararos una crema fina y fría de la legumbre que más os guste y acompañadla de una conserva de carne fría o un pescado crudo. Crema fría de alubia blanca con tartar de bonito, de alubia de Tolosa con pastrami de vaca vieja, de garbanzos con jamoncito picado… con esto terminamos de saciar el hambre, pero nunca, nunca, las ganas de comer, que todavía queda postre…

Fruta: Bien limpita y cortada, aliñada con ralladura de lima, naranja y limón, acompañada del helado que más os guste. Nata, siempre bien.

On egin! Y, si queréis que os acompañe en una mesa así, que sea solo para comer.