2015/01/11

Esquí de fondo con ambiente montañero

Para un esquiador de fondo, probablemente no sea un lugar tan ideal como las infinitas llanuras nevadas de Finlandia. Tampoco sus montañas tienen la altura y la majestuosidad de esos grandes macizos que llaman la atención a los amantes del esquí de montaña; y, desde luego, sus estaciones de esquí no son comparables a las gigantescas pistas de los Alpes centrales. Pero Eslovenia en invierno tiene mucho atractivo.

Belén Eguzkiza y Poto Gorrotxategi
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En su reducida extensión, Eslovenia nos ofrece amplias posibilidades para movernos con esquís en cualquiera de sus macizos montañosos, que cuentan con pistas de esquí y circuitos de fondo, así como con multitud de refugios que sirven de apoyo para ascensiones y travesías. Todo ello se puede compaginar con visitas a los lugares más significativos del país: Ljubljana, la capital; el lago Bled, con su famosa isla; la cueva de Postojna, la ciudad universitaria de Maribor, o incluso la costa, ya que entre todos ellos no hay grandes distancias.

Nosotros viajamos allí en febrero del año 2009, un año que resultó excepcional en cuanto a cantidad de nieve acumulada, pero también extremadamente frío. Han pasado cinco años desde entonces, pero las posibilidades que el país ofrece siguen siendo las mismas. Aquel año, en dos grupos diferentes realizamos actividades paralelas: esquí de montaña de forma totalmente libre por parte de unos, y esquí de fondo de manera organizada los otros.

Hacía un frío tan intenso en el interior de aquel enorme refugio que se nos helaba hasta el aire que respirábamos; sin embargo, agradecíamos infinitamente la protección y la sensación de confort que nos brindaba, mas aún teniendo en cuenta que fuera el viento aullaba sin piedad.

Habíamos llegado hasta allí arriba después de un largo y exigente recorrido que nos había costado unas buenas cuantas horas, pero nos consolábamos imaginando lo que disfrutaríamos en el descenso esquiando por aquellas interminables laderas nevadas y por el profundo valle en el que, aquel año, la nieve llegaba hasta muy, muy abajo.

No obstante, ahora que habíamos subido hasta allí, no dejábamos de pensar en que quizá, de seguir esas condiciones, probablemente no tendríamos siquiera la opción de intentar ascender a la cima, ya que el recorrido que nos separaba de la misma, aunque en desnivel era relativamente poco, técnicamente era lo más exigente de toda la subida.

Sin embargo, la montaña, que a veces nos muestra su aspecto más temible, otras veces sabe enseñar su cara más amable. Y en esta ocasión, así sucedió: el viento fue amainando hasta quedar convertido en una fría brisa, y con alegría contenida iniciamos la última parte de la ascensión. La gran cantidad de nieve acumulada había enterrado en varios tramos los anclajes y el cable que sirven de ayuda, así que pasito a pasito, con la máxima atención, fuimos ganando altura. Me sentía un poco culpable por no poder disfrutar con el paisaje que aquella fantástica mañana me estaba regalando, pero la arista concentraba gran parte de mi atención en aquellos momentos. Finalmente, unas suaves pendientes nos llevaron hasta el punto más alto. Estábamos absolutamente solos en la cumbre del Triglav, punto culminante de Eslovenia, y teníamos al alcance de nuestra vista una gran parte de ese pequeño pero interesante país, que en aquel momento estaba cubierto casi en su totalidad por un precioso manto blanco.

Un país para la montaña. Eslovenia tiene una orografía claramente montañosa. En sus 20.273 km² encontramos los Alpes Julianos, los montes Karavanke, el macizo cristalino de Pohorje y las mesetas calcáreas de Notrnjsko y Dolenjsko. Sus alturas más importantes se encuentran en los Alpes Julianos, y entre ellas destaca el Triglav, el pico más alto del país, con 2.864 m, en el parque nacional del mismo nombre. Hay que resaltar que cuentan con más de 160 refugios guardados, un número muy elevado teniendo en cuenta las dimensiones reducidas de este país. Hay infinidad de senderos debidamente señalizados. Sus habitantes aman la montaña y practican todas las actividades relacionadas con la misma, como el senderismo, alpinismo y el esquí de montaña y de fondo. Ellos dicen que uno no es un verdadero esloveno hasta que no ha ascendido a la cumbre del Triglav. De aquí han salido alpinistas de altísimo nivel, como Tomo Cesen, Tomas Humar, Marco Prezlec y Davo Karnicar, que fue quien realizó el primer descenso del Everest con esquís.

En invierno, cuando las montañas se cubren de nieve, nos ofrecen un terreno de juego inmejorable para deslizarnos por ellas. Para nosotros, tiene el aliciente de ser un país desconocido y, por lo tanto, todos los lugares que vamos a visitar, las montañas que vamos a ascender, los recorridos que vamos a efectuar… Todo, absolutamente todo es nuevo, lo tenemos aún por descubrir, y eso supone una motivación muy grande, una motivación que nos anima a viajar hasta este recién estrenado Estado europeo.

Siete días con los esquís de fondo. Al mismo tiempo que mis amigos recorrían las montañas eslovenas con sus esquís de travesía, otro grupito de fanáticos de la nieve nos movíamos por los plateaus de ese mismo país con los esquís de fondo, tomando parte en una marcha organizada de una semana de duración llamada PPS (Po Planotah Slovenije), una especie de viaje por las altas mesetas de Eslovenia, a través de los bosques y pintorescas montañas por alturas entre los 800 y 1.600 metros. La organización se encarga de la logística, los traslados, los avituallamientos y el alojamiento.

En 2006 habíamos atravesado Finlandia con esquís de fondo desde la frontera con Rusia hasta Tormio, cera de la frontera sueca, en una prueba organizada, no competitiva, denominada “Border to border”. Con esta misma filosofía, animados por la propaganda que desde Eslovenia habíamos recibido y movidos por la curiosidad de esquiar en un país tan desconocido, decidimos aceptar el reto y, aunque con bastantes dudas (¿habría nieve suficiente? ¿qué tipo de nieve nos íbamos a encontrar?...), una mañana de febrero volábamos rumbo a Ljubljana, la capital del país.

Apenas unas horas en Ljubljana, lo justo para ascender en su teleférico y observar desde lo alto la ciudad, dominada por el castillo y un sinfín de montañas inmaculadamente blancas. Como no puede ser de otra manera, la vista se nos iba hacia ellas y, un poco alterados, intentamos adivinar por dónde nos iríamos moviendo esos próximos y prometedores días.

El autobús de la organización nos recogió y nos llevó al macizo de Pohorje, primera etapa de nuestra marcha. No se hace un recorrido todo seguido, como en Finlandia, sino que se visitan distintos lugares, normalmente centros de esquí, cerca de los cuales haríamos recorridos circulares o lineales, siempre aprovechando las trazas de los circuitos de fondo. Los trazados son bastante exigentes, en algunos lugares las cuestas son tan fuertes que hay que descalzarse los esquís. Aunque dura, la experiencia fue muy satisfactoria. Al regresar a casa había rejuvenecido diez años

Cuaderno de viaje: reflexiones personales. Primera etapa: Por fin llegamos a la huella del circuito de fondo de Kope y podemos deslizarnos con dignidad. Atrás quedan las fuertes subidas, la cima helada, el descenso complicado. Tenemos en los ojos el brillo de la satisfacción. Mañana es una incógnita

Segunda etapa: Sufrimos en este terreno tan complicado. Al descender de Golte al bosque de abetos, Xabi sufre una aparatosa caída que le produce un fuerte esguince de tobillo. Nos da pena que tenga que abandonar, es uno más del grupo.

Tercera etapa: El teleférico nos sube a la Velika Planina, hace un frío tremendo y recorremos un gran bucle que nos permite ver montañas fantásticas con aspecto de merengue. Imaginamos a nuestros amigos esquiando por sus laderas como gnomos juguetones.

Cuarta etapa: Nos alejamos de los Alpes Julianos y vamos hacia el Sur, cerca de la frontera con Croacia. Al llegar a Masun nos sentimos como si estuviéramos en Guardetxe, en Aralar. Recorremos un fantástico bosque de hayas con todos nuestros compañeros en este viaje: eslovenos, finlandeses, alemanes… Somos como una gran familia.

Quinta etapa: Nos llevan a Trnovski, a un circuito bien preparado, no tenemos límite de kilómetros. Es un día de mucho ambiente, risas, mucha complicidad en un ambiente distendido. Ganas de pasarlo bien.

Sexta etapa: Comenzar con música, comida y licores nos despista. De repente, estamos solos y hacemos toda la travesía hasta llegar al centro de esquí sin ver a nadie, como recuperando la esencia del esquí de fondo. Soledad en el bosque. Es un día muy especial porque sé que en el valle, a orillas del lago Bohinj, nos encontraremos con parte de la familia y los amigos que tanto están disfrutando con sus esquís de travesía por los montes nevados.

Séptima etapa: El último día hacemos un gran recorrido circular por un circuito muy bien preparado. Es el momento de la nostalgia, de saber que esto se acaba, de revivir sensaciones y momentos y de dejar abierta la posibilidad de volver algún otro invierno.