Mikel INSAUSTI
CRÍTICA «El maestro del agua»

La ópera prima de Russell Crowe se queda a medias

Los actores que llevan el cine metido muy dentro no suelen esperar a cumplir los cincuenta para debutar, y ahí está el ejemplo del también australiano Mel Gibson. Hay otros que necesitan tiempo para aprender el oficio, o que cuando se ven demasiado mayores para seguir ejerciendo de galanes prefieren seguir en la profesión al otro lado de la cámara. Puede que lo que le ha pasado a Rusell Crowe sea más bien lo segundo, porque sufre una tendencia al sobrepeso y ya declara tener nuevos proyectos como director que encaminarían su carrera en esa línea.

La continuidad la tiene asegurada, gracias a que “The Water Diviner” ha funcionado en Australia, su país de origen, y en Turquía, que es donde se ha rodado la mayor parte del metraje. Su segundo largo quiere rodarlo en Vietnam y con un presupuesto mayor, rondando los 30 millones de dólares. Entiendo por tanto que su ambición es hacer grandes producciones, pero para lograrlo no solo será cuestión de convencer a los inversores, sino más que nada de mejorar narrativamente.

Le falta bastante para dominar el género de aventuras épicas, máxime si se quiere inspirar en maestros como David Lean. En su ópera prima le saca a los medios con que cuenta un partido relativo, toda vez que hay aspectos técnicos y artísticos por optimizar. Me da que quien salva los muebles es el gran director de fotografía Andrew Lesnie, y que su trabajo aquí vale como homenaje póstumo a tan estrecho colaborador de Peter Jackson, fallecido el pasado lunes 27 de abril.

El desarrollo argumental, basado en la novela histórica del matrimonio Anastasios, en la pantalla queda poco original, recordando a lo ya relatado por Steven Spielberg en “Salvar al soldado Ryan” (1998), por Jean-Pierre Jeunet en “Largo domingo de noviazgo” (2004), y, sobre todo, por su compatriota Peter Weir en “Gallipoli” (1981). No admite posibles comparaciones.