Alberto PRADILLA
Periodista

La ambigüedad idiotiza

El discurso político se ha infantilizado hasta un punto que resulta increíble que, escuchando ciertas proclamas, algunos candidatos no se encuentren con ciudadanos enfurecidos que les zarandeen de la solapa al grito de «¿te crees que yo soy tonto?». Hay excepciones, pero es irritante comprobar la capacidad de decir una cosa, pretender remarcar otra y terminar no significando absolutamente nada. Claro que, en principio, todos estamos a favor del bien, la luz y la justicia y nadie se revela como representante del mal, la oscuridad y la desigualdad pero creo que merecemos más respeto. Discursivamente, muchos aspirantes se presentan como Josiah Bartlett, el impoluto presidente de «El Ala Oeste de la Casa Blanca» mientras que en su práctica se asemejan a Frank Underwood, el infame protagonista de «House of Cards». No solo es llegar al poder. También es importante saber cómo y qué te dejas por el camino. La ambigüedad idiotiza, es lo contrario de la pedagogía y revela la consideración de los votantes como menores de edad que no merecen saber demasiado. Ahora que la «nueva política» reivindica a Ernesto Laclau y sus «significantes vacíos» yo que quedo con Kodos, el extraterrestre de Los Simpson que se disfraza de aspirante a la Casa Blanca y define la banalidad con «aborto para unos, banderitas americanas para los otros».