En Euskal Herria cada vez es más fácil contagiarse de ITS
Con la afortunada excepción del VIH, las infecciones venéreas (ITS) están creciendo en Euskal Herria debido a cambios en la conducta sexual. Epidemiólogos de Nafarroa y CAV avisan de que, si la presencia de gonorrea, sífilis o clamidia es mayor (y muchas veces no presentan síntomas), el riesgo del sexo sin protección se multiplica.

No está claro. Que si cada vez somos más promiscuos a edades avanzadas cuando no hay riesgo de embarazo, que si es cosa del Tinder o quizás del ghosting (el viejo “si te he visto, no me acuerdo”) que facilitan estas aplicaciones, que si el miedo al sida quedó atrás y me olvido del condón, que si todo esto y más, como el porno, a la vez. Lo cierto es que en Euskal Herria y en todo Occidente en general las infecciones de transmisión sexual (ITS) están creciendo de forma incesante desde la pandemia.
A esto se suman otros elementos achacables a disfunciones sanitarias. La financiación de campañas de concienciación por parte de las administraciones públicas para el uso de dispositivos de barrera y para las revisiones ha caído y algunos antibióticos se han vuelto menos eficaces contra algunas de las ITS más comunes.
«Hay menos miedo al contagio. En parte, esto se debe a una buena noticia. La enfermedad sexual que resultaba más temible, el sida, ya no lo es tanto. Los que se infectaron tienen una buena calidad de vida, aunque siga siendo algo crónico. Los fármacos tienen pocos efectos secundarios…», asegura Oskar Ayerdi, coordinador del Plan de Sida e ITS de Osakidetza.
Ayerdi remarca que las personas que se contagiaron de VIH disponen hoy de una medicación específica (el PrEP, Profilaxis PreExposición) que les permite tener relaciones sin transmitir el virus a sus parejas sexuales.
Pero es la excepción -es la única ITS cuya incidencia está bajando-. Desgraciadamente, existen también la sífilis, la clamidia, la gonorrea o el linfogranuloma, todas ellas Enfermedades de Declaración Obligatoria (EDO), por lo que las autoridades sanitarias de Euskal Herria han de pasar los datos al Ministerio y el Centro de Epidemiología estatal.
Según esos números que se declaran al Ministerio, la prevalencia de las ITS es algo superior a la del conjunto del Estado, aunque puede que no refleje una mayor incidencia real. Jesús Castilla, del Instituto Navarro de Salud Pública y Laboral de Navarra (Ispln), considera que, pese a los datos, no es que aquí estemos peor, sino que los sistemas sanitarios miden más y mejor.
«En los últimos años, hemos mejorado mucho el diagnóstico. Antes las ITS se trataban de forma sindrómica -solucionando los síntomas con antibióticos de amplio espectro, etc.-, pero sin diagnosticar cuál era el microbio causante, por lo que ante la duda, los datos no se recogían. Ahora ya no sucede así», señala Castilla.
Pero la mejora en la detección, admite el epidemiólogo, no explica todo el aumento. «Ha habido un retroceso del uso del preservativo y cualquier cambio conductual tiene un efecto multiplicador en la transmisión. Que baje el uso del preservativo en un porcentaje no muy grande puede hacer que la transmisión aumente enormemente, sobre todo, en un entorno donde cada vez hay más personas infectadas».
Una mayor prevalencia de las enfermedades sexuales implica que, hoy, practicar sexo sin protección tiene un riesgo mayor que hacerlo hace diez años. En cuestión de enfermedades, todo es cuestión de probabilidad.
Castilla rescata un viejo término de cuando la pandemia, el índice de reproducción (R) que cuando es superior a 1 significa que un portador de una infección contagia de media a otra persona y la onda sube, y que cuando es inferior a 1 significa que la ola está bajando.
UN DIAGNÓSTICO, DOS O MÁS PACIENTES
Con la excepción del VIH, que es crónico, el resto de enfermedades sexuales se curan cuando se tratan. Pero no siempre es fácil. Y esa dificultad no se debe solo a que hay que terminarse el antibiótico y que la gonorrea sea hoy resistente a tratamientos que antes la erradicaban por completo. «Una ITS no es un problema personal, sino un problema de pareja. Si se detecta un caso, no solo hay que tratar a un paciente, sino al menos a dos. Y en eso entramos en temas personales, que no siempre son sencillos», explica Castilla.
Para las instituciones es difícil ser proactivo en el diagnóstico de ITS y muchas de estas infecciones cursan de forma asintomática. En el caso concreto de Nafarroa, la clamidia pasó a revisarse de forma protocolizada en las revisiones ginecológicas, lo que explica la repentina subida de esta infección concreta en los registros del EDO de los últimos años. Esto ha permitido tratar a más personas, cortar la transmisión y reducir, por tanto, el número R.
Ayerdi, responsable de Osakidetza, anima a cualquier persona que haya tenido relaciones sexuales sin emplear métodos de barrera a que se haga las pruebas que, por supuesto, son gratuitas y anónimas. «La mayoría de las infecciones de transmisión sexual no generan síntomas o tardan mucho en desarrollarse. Que nadie espere a tener síntomas para acudir, pues el cuadro puede agravarse y puede transmitir el virus o la bacteria a otra persona».
CUANDO AL MIEDO AL EMBARAZO NO DESEADO DESAPARECE
La OMS ha alertado, específicamente, de que la pérdida del miedo a un embarazo no deseado tiene correlación directa con el descenso del uso de dispositivos de barrera. El consumo hoy de anticonceptivos orales es mayor que nunca, por lo que una relación heterosexual sin preservativo ha eliminado ese riesgo, que quizás es el que se tiene más presente.
De otra parte, el aumento de la actividad sexual con múltiples parejas a edades avanzadas (a causa de divorcios o por el fallecimiento del cónyuge) donde tampoco hay riesgo de embarazo permite una relajación de las medidas de prevención frente a ITS. Es singularmente llamativo el dato que se ha recogido en EEUU entre los adultos mayores de 65 años, donde la prevalencia de este tipo de virus y bacterias se ha incrementado en un 24% entre 2020 y 2023, según señala Raúl Rivas, catedrático de Microbiología de la Universidad de Salamanca en un reciente artículo en “The Conversation”.
No obstante, preguntado por la tasa de incidencia en función de los grupos de edad, el responsable de epidemiología del Ispln señala que los grupos de edad que arrojan una tasa de ITS singularmente alta y los responsables, por tanto, del incremento estadístico en Nafarroa no son los adultos, sino los jóvenes. Es problema, por tanto, de educación sexual y/o de desinformación sobre sexo que prolifera en internet y redes sociales.
LAS APLICACIONES DE CITAS FAVORECEN LA DISPERSIÓN
En cuanto al impacto de las apps de citas, como Tinder, se ha relacionado con la expansión de este tipo de enfermedades. Hay estudios específicos -señala Rivas- que vinculan con el repunte de casos de sífilis y gonorrea en Europa a causa de que «aumenta la probabilidad de contraer y transmitir infecciones» y el acceso a «redes sexuales más diversas y amplias». Ayerdi, el responsable de ITS de Osakidetza lo corrobora: «Algunas de estas aplicaciones llevan un localizador GPS que permite localizar a posibles parejas sexuales en cualquier punto al que te desplaces, lo que facilita enormemente la dispersión».
«No está pasando aquí nada distinto de lo que sucede en Francia o en Alemania. Todo está cada vez más interrelacionado. Nosotros hacemos lo que podemos mejorando la detección, pero es necesaria la concienciación para que la gente tome medidas de protección, se anime a llamar al Cassyr (acrónimo de los centros de atención a la mujer y a la salud sexual en Nafarroa) para hacerse la prueba y para recibir el tratamiento, que es con lo que se cortan los contagios», señala Castilla. En la CAV hay teléfonos de consulta donde se reciben las indicaciones pertinentes para cualquier persona. También se puede acudir a la asociación SARE (Nafarroa, especializada en VIH y con larga trayectoria) y Gehitu, que centrada en el colectivo LGTBIQ+ tiene atribuciones para detección, apoyo y asistencia en la CAV.
El gran problema, quizás herencia del sida, es que las ITS parecen ser sentidas por aquellos quienes se contagiaron como un estigma y se viven con inexplicable vergüenza, siendo enfermedades como cualquier otra que se transmiten en una actividad humana normal y corriente.
Se sabe que esta sensación de estigma frena tanto la diagnosis como la comunicación después a parejas sexuales previas de que existe una infección. Existe una tentación de no decir nada o simplemente desaparecer cuando el nexo con la otra persona es débil o frágil -como el que proporcionan las aplicaciones de citas, donde en ocasiones el diálogo que se establece es precario-, pero es una reacción cobarde. Alguien puede desaparecer sin decir nada, hacer ghosting, pero la enfermedad queda.

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