David GOTXICOA
JAZZ

James Brandon Lewis: la materia oscura del futuro

Sampleando —¿o era saqueando?— indiscriminadamente a Donald Byrd, Fred Wesley o Art Blakey, el hip-hop descubrió un filón inagotable del que extraer gran parte de su ADN originario. El flirteo ha sido recíproco, también el jazz se ha inspirado en los patrones rítmicos del rap. A veces con estudiado oportunismo y resultados dudosos, otras de forma mucho más convincente y honesta, como el proyecto del baterista catalán Marc Ayza. Si no lo conocen, corran a poner la oreja ahora mismo.

Al igual que en el caso de José James o Ayza, cuando intentamos desentrañar la música de James Brandon Lewis sospechamos que, antes o durante su etapa de formación en el lenguaje del jazz, todos estos artistas han estado expuestos a otras formas musicales. Esos estilos se terminan infiltrando en su discurso inevitablemente, por ello no debe extrañarnos encontrar trazas de hip-hop, soul o funk en lo que nos ofrecen. Qué engorro intentar justificar esto por enésima vez, qué lata de etiquetas. Música, y ya.

El trío de James Brandon Lewis cerró este año la sección “Jazz del siglo XXI”, y lo hizo con autoridad. Poniendo en juego los ingredientes que acabamos de mencionar, pero sin desdeñar fogonazos de free, o momentos de una desnuda belleza, como la inspirada versión del “Bamako Love” de Don Cherry. A pesar de su juventud —y aunque el espíritu de Archie Shepp o Pharoah Sanders sobrevolara en ocasiones el escenario— Lewis ya posee una voz bien definida, lo que unido a un perfecto dominio tonal del saxo tenor convocó un veredicto unánime: JBL tiene por delante el futuro que desee, aunque para ello tal vez deba rodearse de otros compañeros de viaje más adecuados, menos expeditivos.

Momento para hacer balance

El festival se despide hasta el año que viene, dejando otra impresión unánime: el gran nivel del programa con sede en el Teatro Principal ensombreció en parte a un polideportivo de Mendizorrotza con un bagaje algo irregular: allí brilló inusitadamente el trío de Mehldau y confirmó su prestigio José James, cada vez más asentado en una escena necesitada de frescura y caras nuevas. También quedó constancia una vez más de la debilidad del público por los géneros populares y las voces, una apuesta que garantiza aforos repletos y satisfacción generalizada. La Noche Góspel y la jornada dedicada a la música brasileña así lo confirman. El complicado encaje de estilos y expectativas, taquilla y compromiso.

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