El periodista y el criminal divididos por la culpa

La película está basada en el libro del periodista Michael Finkel “True Story”, donde éste entona el mea culpa después de que fuera despedido del “New York Times” por mala praxis profesional, al haber manipulado y falseado un reportaje supuestamente real en África.
Cuenta cómo encontró la redención en el caso del parricida Christian Longo, al que se acerca y entrevista en la cárcel del Condado de Lincoln al saber que había estado utilizando su identidad, por ser conocedor de todos sus artículos.
El director teatral Rupert Goold trata de poner en escena este en principio interesante material, como si se tratara de una novela del mismísimo Truman Capote, pero me temo que la personalidad que hay detrás de la escritura original no se le acerca. Y en la pantalla las debilidades del texto son paliadas por la excelente actuación dramática de Jonah Hill, que acierta a reflejar el complejo de culpa que arrastra al protagonista, y eso que no ha matado a nadie. En cambio, el verdadero asesino que había estado utilizando su nombre y apellido no parece tener ningún asomo de remordimiento, por lo que no duda en jugar al gato y al ratón con su contrariado antagonista.
La película no funciona en la medida en que no lo hace el duelo estelar, toda vez que Jonah Hill no obtiene por parte de James Franco una réplica consistente. Es como si no terminara de tomarse en serio su caracterización de Christian Longo, y siguiera con la cabeza en las comedias gamberras que ha solido compartir con su compañero de reparto, siendo incapaz de cambiar de registro como él. Tampoco en “Todo saldrá bien” de Wim Wenders consigue hacerse con el protagonismo introspectivo, a pesar de que hay igualmente una reflexión sobre la culpa y su interiorización.
“Una historia real” fluctúa entre el drama carcelario y el judicial, sin lograr que ambos registros confluyan en un relato homogéneo y clarificador.

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