Ariane KAMIO
DONOSTIA

El duelo como excusa para recuperar una vida adormecida

La muerte de una madre con la que la protagonista apenas ha tenido relación y la desaparición de su cadáver son el punto de partida que los hermanos Jean-Marie y Arnaud Larrieu plantean en «21 nuits avec Pattie», un filme a competición que abre las puertas a la intimidad sexual de una mujer que ha de enfrentarse a sus miedos para seguir adelante.

Seguro que muchos habrán imaginado la hora de la muerte de su madre y la habrán escenificado en su memoria como un verdadero drama. Sabiendo que todas las relaciones no tienen por qué asemejarse y que los lazos maternofiliales no siempre han de seguir los cánones establecidos socialmente, los hermanos Jean-Marie y Arnaud Larrieu han construido su propia versión sobre ese escenario en “21 nuits avec Pattie”. La pareja de directores plantea un duelo poco común y resuelve incógnitas personales a través de una secundaria que termina acaparando el protagonismo de la película.

Caroline (Isabelle Carré) acaba de saber que su madre –a la que apenas conoce– acaba de morir de forma repentina. Siendo la única descendiente y familiar directo de la fallecida, la joven se ve obligada a acortar sus vacaciones familiares para viajar al suroeste francés y ocuparse del entierro y los correspondientes papeleos. El cuerpo de la mujer, misteriosa viajera dueña de una casona típicamente francesa, desaparece de forma misteriosa. El suceso desencadena la trama principal de la película y Caroline deberá enfrentarse a tal situación en un entorno que no conoce, aunque el círculo cercano de la difunta será el impulso que necesita para darse cuenta de la ausencia de ciertos sentimientos en sí misma.

Es ahí donde empieza a florecer el papel de Pattie, la mujer que se encarga de cuidar la casa, y que es encarnada por una Karin Viard muy natural y que se desenvuelve con mucha soltura a la hora de desgranar todas sus experiencias sexuales delante de una desconocida. «Cuando leí por primera vez el guion estaba en la cama y es verdad que a veces me enrojecía con la idea de pronunciar esas frases», afirmaba ayer la actriz durante la presentación de la película.

Los directores pusieron en su boca diálogos que bien podrían estar pronunciados por una persona del sexo contrario, pero quisieron ponerlas en boca de una mujer para conseguir «relatos penetrantes». «Hablaba como un hombre, pero es una mujer la que lo hace. Una chica con problemas de penetración que escucha historias penetrantes», dijeron los directores entre risas.

En ese proceso Caroline se enfrenta a sus propios miedos y tabúes. «Es como si ella misma no quiesera ver el miedo. Al principio lo rechaza como si nada existiera a su alrededor, pero poco a poco debe empezar a mirar las cosas de frente», añadieron. «El personaje tiene miedo, pero también ganas de seguir adelante. Se siente adormecida en su vida y necesita algo que la despierte, todas esas situaciones la ayudarán y en un momento volverá a sentir placer», añadió Isabell Carré.

Los hermanos Larrieu localizan la película en un entorno natural que incita al descubrimiento más íntimo y, al mismo tiempo, emplean la figura del fantasma de la fallecida para «guiar» a la propia protagonista. «Es como si su madre reorganizase las sensibilidades de su hija para encaminarla», dijeron.

A todo ello se une la intervención de André Dussollier, en el papel de Jean, un seudoescritor que se hace pasar por examante de la difunta y que es confundido con el Nobel de Literatura J.M.G. Le Clezio. Un desconocido que termina descubriendo sus aficiones necrófilas.

El actor catalán Sergi López, que interviene en el film como marido de Caroline, puso el toque irónico en la presentación. En su papel alude hasta en tres ocasiones al independentismo catalán renegando de su identidad española. «¿En serio que hay comentarios sobre Catalunya y España? Esto es un poco cine fantástico», advirtió el intérprete entre risas.