Janina PEREZ ARIAS
BERLÍN
Elkarrizketa
BEL POWLEY
ACTRIZ

«No trabajo para ser famosa, sino para hacer buenas películas»

Todavía su nombre no suena tan fuerte, y tal vez no gane en millones, sin embargo, esta joven actriz inglesa está encaminada a alcanzar notoriedad en la jungla de la industria cinematográfica. Para muestra, su genuino y arriesgado rol protagónico en «Diario de una adolescente» (dirigido por Marielle Heller), de estreno en la cartelera estatal.

Los enormes ojos de Bel Powley (Londres, 1992) parecen seguir hablando aún cuando su dueña calla. Últimamente guardar silencio no es tarea fácil para esta actriz iniciada en el teatro, pulida en la televisión y ahora perfilándose como una de las jóvenes promesas del cine angloparlante. Y cuando se habla de “promesa”, no se trata de otra bella criatura de fugacidad programada, sino de una de esas (pocas) actrices que emanan valentía, talento, desparpajo, y que llegan para quedarse.

Uno de sus atrevidos pasos es un brillante protagónico que ha encandilado a la crítica y a la audiencia de otras latitudes desde que se estrenase en Sundance y se mostrara en el Festival de Berlín de este año. A sus veintipoquísimos, Bel se metió en la piel de Minnie, una quinceañera con inclinaciones artísticas que vive en el San Francisco de 1976, que cuenta sus primeras experiencias sexuales (con el novio de su madre), que derrama un torrente de emociones y que tiene encuentros cercanos con las drogas en “The Diary of a Teenage Girl” (“Diario de una adolescente”), el fantástico debut cinematográfico, como directora y guionista, de la actriz Marielle Heller.

Basada en la (también aclamada) novela gráfica de Phoebe Gloeckner publicada en 2002, Heller primero adaptó al teatro en 2010 esta obra autobiográfica, logrando cierta resonancia en el Off Broadway. La idea de llevarla al cine vendría más tarde, y en la búsqueda de la Minnie perfecta, apareció Bel Powley con sus ojazos tratando de convencer a Marielle Heller que era ella y no otra la que debía tener ese papel.

En escasos dos meses esta chica oriunda del West London, consiguió dominar el acento californiano para calzarse así los zapatos de Minnie, y compartir la aventura de “The Diary of a Teenage Girl” con Alexander Skarsgård (“True Blood”) y Kristen Wiig (“La boda de mi mejor amiga”).

En uno de esos edificios ultramodernos de la Potsdamer Platz de Berlín, Bel Powley (a quien, entre unos cuantos filmes más, se le verá muy pronto en “Noche Real”) cuenta de “The Diary of a Teenage Girl”, pero también aprovecha para recordar entre risas cuando quiso estudiar Historia y Políticas, cuando en su época de instituto era «una empollona, sin muchos amigos, y quería ir a estudiar a Oxford». Se describe para dejar hablar a sus ojos en un momento de silenciosa reflexión, con una mirada que parece decir ahora-me-doy-cuenta. «Sí, sigo siendo una cerebrito…», admite sin perder ni la vergüenza ni la sonrisa.

¿Cómo de importante es para usted esta película?

Tanto en la vida como en el cine, no se habla de la sexualidad de las chicas jóvenes. Hay referencias de los chicos, de los hombres y de las mujeres que tienen sexo, pero no es usual tratar el tema de las adolescentes de 15 ó 18 años que pierden la virginidad, o que se sienten excitadas, ni mucho menos que se aborden sus experiencias sexuales. Así que cuando leí el guion, pensé en todo eso, y me fascinó la idea.

¿Fue un problema interpretar a una chica tan desinhibida?

(Reflexiona) Más bien estuve nerviosa al enfrentarme a un personaje que disfruta de tantas libertades; pero también mi nerviosismo tenía que ver con el hecho de que se trataba de un papel protagónico. Es un personaje que está muy presente en la película, y prácticamente salgo en todas las escenas, además, ves a Minnie pasando por situaciones fuertes, otras en las que es vulnerable, atravesando por toda una gama de emociones. Eso es muy duro para un actor, sea hombre o mujer.

¿Y en cuanto a las escenas de sexo y la experimentación con drogas?

El hecho de que fuese una película desarrollada en los años 70 lo hizo un poco más fácil. Tal vez para el espectador sea también más llevadero de ver porque los 70 fueron así, una época en la que se profesaba el amor libre, cuando se experimentó mucho con todo tipo de drogas, cuando muchos padres no eran nada estrictos… Y todo eso es parte de la locura que se ve en la película. Sin embargo, esta historia de la exploración de la sexualidad y del paso de adolescente a adulto, muy bien puede desarrollarse en cualquier época, porque independientemente de la generación a la que se pertenezca, puedes conectar con la misma, y con los sentimientos que implica ser un adolescente.

¿Cómo trabajaron las escenas íntimas?

Tuvimos dos semanas de ensayos, solamente Alex (Skarsgård), Mary (Marielle Heller) y yo. Aunque más que ensayos se trató de profund izar en esa relación (entre Monroe, el personaje de Skars gård, y Minnie), en las conexiones emocionales, de hacernos preguntas. Y una vez que sabes con qué te sientes cómoda y con qué no, cuando ya descubres por qué tu personaje actúa de una u otra manera, las escenas íntimas fluyen con más facilidad. No queríamos que todo aquello se sintiera “incorrecto”, más bien queríamos ser honestos. Así que, después de conversar durante dos semanas, hicimos todas las escenas íntimas en siete días.

¿Hay que sentirse muy cómoda con tu propio cuerpo para afrontar desnudos totales en el cine?

Tiene mucho menos que ver conmigo como persona, porque se trata más de querer asumir roles a través de los cuales las mujeres que me vean se logren sentir cómodas con sus cuerpos. Uno de los mensajes de “The Diary” es que no necesitas ser la viva imagen de lo que la sociedad demanda que seas, que no tienes que tener esa actitud hacia el sexo que te pide la sociedad. Ese mensaje era mucho más importante que si me sentía o no cómoda haciendo la película.

Cada vez hay más adaptaciones al cine de novelas gráficas, leyó previamente el libro de Phoebe Gloeckner?

No he leído muchas novelas gráficas, y al leer el guion de “The Diary”, quise saber si la historia estaba basada en una novela o si se trataba de un remake, esta era una información importante para decidir si leía o no el material original, porque en algunos casos puede ser contraproducente. Pero fue muy útil leer la novela gráfica de Phoebe Gloeckner, y creo que para mí fue más de provecho que para los otros actores, porque está escrita en forma de diario, y presenta muchos puntos de vista que podía usar para mi interpretación, y ni hablar de las ilustraciones.

¿Sospechaba que esta película podría llegar a ser un éxito en Sundance?

No. Y es que nunca puedes estar preparado para una sorpresa así, es difícil saber de antemano cómo será recibida. Esta película tiene un tema muy arriesgado si lo ves desde la óptica de que se trata de una chica de 15 años que mantiene relaciones sexuales con un adulto. Estaba nerviosa pensando en que se hablaría únicamente de pedofilia, pero no fue así. Durante los días de Sundance, se hizo referencia a la pedofilia solamente en una crítica. En cierta manera, en la visión de Marielle estaba incluida la forma en la que ella quería que el público percibiera la película.

Hablando de algo más personal, ¿es cierto que sus padres no se mostraron muy complacidos cuando les dijo que quería ser actriz?

(Risas) Lo que pasa es que mi padre es actor y mi madre es directora de casting, por lo tanto conocen muy bien ese mundo, saben lo difícil que es, lo arriesgado que es tratar de ser actriz. Obviamente, me aman y están contentos con mis decisiones, sean las que sean, pero tal vez no les pareció una muy buena idea cuando se lo dije, ya que era muy joven, tenía unos 16 años. Sin embargo, me apoyan mucho. Me encanta lo que hago.

Nunca fui a una escuela de arte dramático. A los 14 años empecé en una serie de televisión (“M.I. High”), y en aquel tiempo no quería ser actriz, más bien quería ir a la universidad, de hecho, estaba ahorrando para eso. Pero comencé a hacer teatro en Londres, en la Youngblood Theater Company, y por un golpe de suerte, porque por lo general para hacer teatro de alto nivel hay que estudiar drama, me escogieron para una obra en el Royal Court Theatre.

¿Ha sido de provecho que sus padres sean parte del mundo del cine y la televisión?

Si quieres saber si mi madre me ha conseguido algún papel, la respuesta es ¡no! (risas). Es muy útil que pertenezcan a ese mundo también, y no es que nos pasemos todo el tiempo hablando de la actuación. Digo que es de provecho porque esa industria es normal para mí, porque es un mundo que he estado viendo desde muy temprana edad.

Ha trabajado con Kristen Stewart («Crepúsculo») en «Equals» (se estrena en 2016), quien es tan famosa que no puede salir libremente a la calle. ¿Es ese tipo de fama a la que aspira?

No, y estoy segura de que Kristen tampoco lo quería. No trabajo para ser famosa, sino para hacer buenas películas, y lo más importante para mí es interpretar buenos roles femeninos. Pienso que de momento es muy difícil para las mujeres, a quienes se les encasilla fácilmente, y lo que quiero es romper con eso.

¿Qué significa «un buen papel femenino»?

No significa que sea fuerte física o mentalmente, ni que sea un político o una súper heroína, sino que sea una persona que esté bien fundamentada, que se muestre en sus tres dimensiones.

¿Qué tipos de roles rechazaría?

Rechazaría un papel si tengo la impresión de que es sexista e innecesaria. Cosas como la “tía zorra mandona”, de esos hay muchos, como también roles poco profundos, planos.

¿Qué sacrifica por su carrera?

Pasar tiempo con mi novio, con mis amigos, con mi familia… Hay que luchar mucho, y estar en varios lugares casi al mismo tiempo, o tienes que rodar en lugares extraños y remotos, como mi próxima película que será en Ciudad del Cabo (Sudáfrica).

Esa ya tiene nombre, “Detour” (de Christopher Smith) cuenta Bel Powley, quien interpretará a una bailarina de pole dance, pero que no nos engañemos, advierte, porque se trata de una persona completa, tan “de verdad-verdad” como las que le gusta interpretar.